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La paradoja de la elección y el cerebro anestesiado

Foto: Jonas Lee / Unsplash

Crecí en los 90. En mi casa, a las 14:00, veíamos Los Simpson. No había más opciones. Hoy tenemos siete plataformas de suscripción y tardamos 27 minutos en elegir una película que al final no nos convence. ¿Por qué ocurre esto? Se llama paradoja de la elección [1]: cuantas más alternativas tenemos, menos satisfechos estamos con nuestra decisión.

Los datos son claros: los «maximizadores» (quienes revisan las 7 plataformas buscando la mejor película) reportan mayores tasas de ansiedad y síntomas depresivos que los «satisfactores» (quienes asumen que no encontrarán la opción perfecta y eligen una “aceptable”) [2].

La exposición constante a estímulos digitales de alta intensidad (TikTok, Instagram, notificaciones en general) obliga a tu cerebro a defenderse. Para mantener el equilibrio, tu sistema de recompensa reduce su sensibilidad. Se habitúa. El resultado conductual es evidente: si tu cerebro se acostumbra a una recompensa cada 15 segundos, sentarte a ver una película de dos horas te parecerá insoportable [3].

El impacto de las pantallas en la salud

Lo estamos viendo en las aulas. Los adolescentes con un uso intensivo de pantallas tienen el doble de probabilidades de desarrollar síntomas de inatención a los dos años, pasando de un 4.6% a un 10% [4]. Aún no sabemos si la hiperestimulación causa la inatención, o si el cerebro inatento busca la pantalla para regularse, pero la correlación es sólida. En cuanto al bienestar mental, a partir de las 2 horas diarias de uso, los síntomas de ansiedad y depresión comienzan a escalar significativamente [5].

Paradoja de la elección
Relación encontrada entre el bienestar mental y el tiempo diario empleado delante de una pantalla, Fuente: Przybylski, A. K., & Weinstein, N. (2017) Psychological science doi: 10.1177/0956797616678438

Por otro lado, tanto adultos como niños utilizamos esta estimulación constante como anestesia emocional. Sentir tristeza, desesperación o aburrimiento es incómodo. Si dejas que esa incomodidad te atraviese, reflexionas y generas un insight para no repetir el patrón. Si al sentirte raro abres el móvil, estás cayendo en lo que los psicólogos llamamos evitación experiencial. Has silenciado el síntoma, pero el problema sigue ahí.

Entonces, ¿qué hacemos?

La intervención más rentable y sostenible en salud mental no requiere añadir herramientas, suplementos ni terapias complejas. Requiere restar estímulos. En los 90 el aburrimiento ocurría por accidente; hoy tienes que diseñarlo tú.

  • Restaura tu sistema de recompensa: Deja de usar el contenido superficial como chupete emocional. Introduce sistemas de fricción en tu entorno para recuperar la autonomía (por ejemplo, bloquear aplicaciones a partir de 1 hora de uso).
  • Auditoría de realidad: Revisa el tiempo de uso en tu móvil (“Bienestar Digital” o “Tiempo en pantalla”). Sin juicios, sólo métricas. La media en adultos ronda las 4 horas diarias. [6]
  • Tolera la incomodidad: Cuando tu cerebro exija un estímulo y sientas la urgencia de abandonar una tarea, quédate ahí. Tolera la fricción. Es el precio a pagar para recuperar tu atención.
  • No des consejos, da ejemplo: Los sermones sobre el consumo digital no funcionan. Si quieres modificar la conducta de tus hijos, o la de tu entorno, modela el uso saludable. Aprendemos de lo que hacemos, no de lo que decimos.

Referencias

[1] Schwartz, B. (2015). The paradox of choice. Positive psychology in practice, 121-138. Harper Perennial

[2] Schwartz, B., Ward, A., Monterosso, J., Lyubomirsky, S., White, K., & Lehman, D. R. (2002). Maximizing versus satisficing: happiness is a matter of choice. Journal of personality and social psychology, 83(5), 1178.

[3] Lembke, A. (2021) Dopamine nation: Finding balance in the age of indulgence. Penguin.

[4] Ra, C. K., Cho, J., Stone, M. D., et al. (2018). Association of digital media use with subsequent symptoms of attention-deficit/hyperactivity disorder among adolescents. JAMA, 320(3), 255-263.

[5] Przybylski, A. K., & Weinstein, N. (2017). A large-scale test of the goldilocks hypothesis: quantifying the relations between digital-screen use and the mental well-being of adolescents. Psychological science, 28(2), 204-215. doi: 10.1177/0956797616678438

[6] Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad. (2026) La Sociedad Digital. Informe Final Cuantitativo 2026 (datos de 2025). Red.es, Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública.

 

Sobre el autor: David Carcedo es divulgador, psicólogo sanitario en Donostia y coordinador de sección de laboratorio en el BCBL.

El artículo La paradoja de la elección y el cerebro anestesiado se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

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¿De dónde salen las escalas musicales?

escalas musicales
Fuente: Mateus2019 / CC BY-SA 4.0 / Wikimedia Commons

 

La música es un arte que surge y evoluciona con la fisiología y la psicología humanas, y cuyas herramientas describimos mediante la acústica musical. Los idiófonos rítmicos y los aerófonos melódicos fueron probablemente los primeros instrumentos musicales que nuestros ancestros hicieron sonar durante decenas de miles de años. Estos instrumentos fabricados en piedra, hueso, madera o metal han sido descubiertos en múltiples yacimientos arqueológicos. Todas las civilizaciones construyeron este tipo de instrumentos de forma casi simultánea y, aunque la música se desarrolló de forma independiente en puntos alejados del planeta, podemos encontrar bases en común en todas las tradiciones musicales al comparar los instrumentos antiguos creados en todos los extremos geográficos. ¿Podríamos deducir las escalas musicales de la prehistoria?

 

Las escalas musicales históricas

Las notas musicales se ordenan según su altura de tono (desde sonidos graves a agudos). En la historia de la música occidental, se ha intentado establecer un formalismo matemático riguroso para explicar las escalas musicales. La escuela de Pitágoras restringía las escalas musicales a las expresadas desde la Tetraktys, explicando así la perfección y la belleza musical desde sus cuatro números místicos. Aristógenes de Tarento y Gioseffo Zarlino modernizaron las escalas musicales usando múltiplos enteros de la frecuencia de una nota base, que denominamos la serie armónica. Así todo, hemos tenido que recurrir a los números irracionales para hacer encajar las notas en la escala equitemperada que actualmente se utiliza de manera generalizada en todo el mundo.

 

La disonancia y la consonancia sonora

Dos sonidos simultáneos pueden sonar agradables o desagradables al oído humano. Al ser esto un fenómeno fisiológico, Hermann von Helmholtz midió la “aspereza” al sonar dos notas de violín simultáneamente, contando los batidos producidos por la interferencia entre dichas notas.

Figura 1: Curvas de disonancia medidas y representadas en H. Helmholtz (1865) “Die Lehre von den Tonempfindungen als physiologische Grundlage für die Theorie der Musik” Fig. 52A, p.292, Fuente: Internet Archive.

 

 

A medida que las frecuencias de dos tonos se van acercando, los batidos se vuelven más lentos, y desaparecen cuando las frecuencias coinciden. Los batidos lentos suelen percibirse como suaves, pero los rápidos tienden a ser ásperos y desagradables. Helmholtz determinó la máxima aspereza entre dos tonos cuando los batidos se producen a unas 32 veces por segundo, y fue capaz de trazar curvas de disonancia como la mostrada en la Figura 1, donde el eje horizontal representa los intervalos entre las dos notas que suenan, y en el eje vertical se muestra la aspereza percibida según el número de batidos.

 

Helmholtz estudió el problema desde un punto de vista fisiológico y psicoacústico, pero se acerca a los intervalos “perfectos” pitagóricos, con mínimas asperezas en las octavas de los extremos de la figura (c-c’, DO-DO), la quinta (c-g, DO-SOL) y la cuarta (c-f, DO-FA), cuyas fracciones encajan con la Tetraktys (2/1, 3/2, 4/3). Esto indica la clara relación entre la consonancia y las escalas musicales.

 

Curvas de disonancia para instrumentos armónicos

Las curvas de disonancia de Helmholtz pueden parametrizarse mediante sencillas funciones exponenciales, con exponentes negativos proporcionales a la diferencia entre las frecuencias de las notas que interfieren. Sin embargo, para generalizar la utilidad de las curvas de disonancia se debe tener en cuenta que la percepción de la disonancia también depende de si tratamos con notas más graves o más agudas (frecuencia absoluta), así como del carácter del instrumento (armónicos que definen su timbre).

 

William Sethares [1] incluye todos estos parámetros para poder calcular las curvas de disonancia. Si restringimos el cálculo para instrumentos armónicos, como por ejemplo los cordófonos, e incluimos unos armónicos propios de las cuerdas del instrumento, obtenemos una curva de disonancia como la mostrada en la Figura 2.

 

Figura 2. Curva de disonancia calculada mediante el método de Sethares para un sonido con espectro armónico. Fuente: Etxebarria, V. (2026) Journal of Mathematics and Music doi: 10.1080/17459737.2025.2560922

 

La curva presenta mínimos en los que destacan los intervalos consonantes de la octava (2/1), la quinta perfecta (3/2), la sexta mayor (5/3), la cuarta perfecta (4/3) y las terceras mayor y menor (5/4 y 6/5, respectivamente). Otros intervalos también pueden identificarse aproximadamente. El encaje exacto de mínimos no es posible con fracciones simples, pero a la vista de esta curva de disonancia podemos deducir que el espectro armónico de un instrumento hace surgir de forma natural los intervalos y la escala común de 12 semitonos.

 

Curvas de disonancia para instrumentos inarmónicos

Muchos instrumentos primitivos de percusión eran simples barras, libres en ambos extremos, hechas con piedra, madera o metal. Ejemplos de instrumentos que han sobrevivido como la txalaparta son rotundamente inarmónicos: al ser golpeadas, las barras o tablas producen frecuencias secundarias parciales que no siguen la serie armónica.

 

Figura 3: Curva de disonancia para una txalaparta golpeando tablas libres-libres, que da lugar a sonido con espectro inarmónico. Fuente: Etxebarria, V. (2026) Journal of Mathematics and Music doi: 10.1080/17459737.2025.2560922

 

Si calculamos curvas de disonancia para instrumentos de espectro inarmónico, obtenemos una escala musical como la mostrada en la Figura 3. Se observa una escala cercana a la poco común heptatónica equitemperada. Uno de los pocos casos documentados de uso de esta escala se produce en música antigua tailandesa mediante el xilófono ranat y el oboe pi, o en el sur de Mozambique con el Timbila de los Chopi.

 

Se trata de una escala musical no documentada en la música occidental, pero que surge de forma natural en instrumentos ancestrales de espectro inarmónico, comunes en cualquier lugar del mundo. Notemos que la escala de 7 tonos equitemperados implica que sus intervalos nunca coinciden (excepto en la octava) con los de la escala de temperamento igual de 12 semitonos: no posee equivalentes a terceras mayores ni menores y su quinta perfecta está muy desviada. A pesar de todo, resulta plausible que esta escala heptatónica tan extraña para la música actual, realmente constituyera una escala natural en la prehistoria, al hacer sonar los primeros instrumentos musicales inarmónicos.

 

Referencias

[1] Sethares, W. A. (1993) Local Consonance and the Relationship between Timbre and Scale. Journal of the Acoustical Society of America, vol. 94, n.3, pp. 1218-1228. doi: 10.1121/1.408175

[2] Etxebarria, V. (2026) Dissonance, sound spectrum and musical scale for ancient idiophones and aerophones. Journal of Mathematics and Music, vol. 20, n.2, pp. 95-109. doi: 10.1080/17459737.2025.2560922

 

Sobre el autor: Victor Etxebarria Ecenarro está diplomado como lutier por el Conservatorio Juan Crisóstomo de Arriaga (Bilbao) y es Catedrático de Ingeniería de Sistemas y Automática en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

El artículo ¿De dónde salen las escalas musicales? se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

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