Naegleria fowleri es un organismo ameboflagelado del filo Percolozoa, compuesto por eucariotas unicelulares que pueden presentar fases ameboides, flageladas y quísticas (Figura 1). Este protista vive en aguas dulces y cálidas, alimentándose de bacterias como tantas otras amebas inofensivas. Sin embargo, se conoce a N. fowleri como la ameba “comecerebros”, dado que puede comportarse como un parásito oportunista de los humanos.
Figura 1. A-C: Hábitat, modo de transmisión y ciclo vital de Naegeria fowleri. D-E: Características de la meningoencefalitis amebiana primaria. Fuente: Alanazi et al. (2025), https://doi.org/10.1016/j.jiph.2025.102690, con licencia CC-BY-NC-ND.
N. fowleri es el agente de la meningoencefalitis amebiana primaria (MAP), una enfermedad muy rara y extremadamente grave. Se produce cuando estos organismos invaden el tejido cerebral, penetrando a través de los senos nasales y el nervio olfatorio. Atacan primero al bulbo olfatorio y, progresivamente, destruyen otros centros cerebrales.
Afortunadamente, la incidencia de la MAP es bajísima. Una revisión publicada en 2025 recoge 488 casos en el periodo 1962-2022. De ellos, 157 ocurrieron en EE.UU., 143 en Pakistán, 33 en México y 26 en India. Solo once pacientes sobrevivieron a la infección (2,2%). En España, solo se ha detectado un caso, en 2018. Por suerte, el diagnóstico temprano permitió salvar la vida a la paciente, una niña de diez años. Estos datos de baja incidencia deben ser tomados con precaución, ya que casos fulminantes de meningitis bacteriana podrían haber sido atribuidos a N. fowleri con un diagnóstico más preciso.
La MAP se produce por exposición de los senos nasales al medio en el que habita N. fowleri, especialmente aguas dulces estancadas, calientes y no cloradas. En este tipo de ambientes viven muchos tipos de amebas y otros protistas. Sin embargo, solo N. fowleri migra hacia el cerebro. Lo que ignorábamos hasta ahora es qué impulsa a N. fowleri a penetrar en el cráneo humano y qué mecanismos utiliza para esta invasión.
Un estudio publicado en PNAS por un equipo estadounidense (con la participación de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Alcalá de Henares) ha estudiado el comportamiento de Naegleria gruberi, un protista similar a N. fowleri, pero no patógeno. Se ha podido demostrar que la fase ameboide de N. gruberi se desplaza, como las amebas típicas, mediante dos mecanismos: protrusiones laminares de la membrana sostenidas por filamentos de actina y blebs, expansiones de la membrana citoplasmática sin soporte citoesquelético (Figura 2).
Figura 2. La forma ameboide de Naegleria gruberi utiliza los mismos mecanismos de desplazamiento de las amebas, incluyendo protrusiones laminares y blebs (expansiones de la membrana celular no soportadas por actina). El color azul indica la presencia de actina citosquelética en las protrusiones. De Velle et al. (2026), cita completa en referencias, con licencia CC BY 4.0.
Cuando se confinan las fases ameboides entre dos láminas de vidrio, dejando un espacio entre ellas de solo 5 mm, el mecanismo de desplazamiento utiliza exclusivamente blebs. Este confinamiento incrementa la velocidad de desplazamiento, de 14,5 a 20,5 mm/min, muy superior al de amebas típicas como Dictyostelium, usada como control en este estudio.
Los ejemplares de N. gruberi situados en un medio con canales muy estrechos (entre 4 y 8 mm) muestran una fuerte tendencia a desplazarse por el interior de dichos canales, utilizando también preferentemente los blebs. Podemos verlo en este vídeo.
El 65% de las amebas que contactan con canales de 8 mm acaban por entrar en ellos, frente al 50% de los ejemplares de Dictyostelium. En el interior del canal los ejemplares de N. gruberi alcanzan velocidades relativamente elevadas, con una media de 31 mm/min, es decir, el doble de su velocidad habitual en una superficie (Figura 3). Además, cuando están confinados en canales estrechos persisten en su dirección y no suelen volver atrás. Si estimamos la persistencia como la distancia entre salida y llegada dividida por la longitud de la trayectoria real (persistencia=1 indica un recorrido en línea recta), las amebas libres muestran una persistencia de 0,44, mientras que en los canales la persistencia es superior a 0,96. En estas condiciones recorren distancias superiores al milímetro (unas 50 veces su longitud media). Las amebas Dictyostelium recorren los canales a mucha menos velocidad, y su persistencia es inferior, entre 0,76 y 0,88 dependiendo del diámetro del canal.
Figura 3. Arriba: Naegleria gruberi se desplaza rápidamente a través de canales de 8 mm de diámetro, como muestra la serie de imágenes tomadas con 30 segundos de intervalo. En cambio, la ameba Dictyostelium lo hace mucho más lentamente. Abajo: El desplazamiento de N. gruberi a través de canales estrechos es más rápido que cuando no está confinada. Sin embargo, el confinamiento de Dictyostelium en canales estrechos reduce mucho la velocidad de su desplazamiento. De Velle et al. (2026), cita completa en referencias, con licencia CC BY 4.0.
En presencia de hidrogeles, unos medios porosos sintéticos, N. gruberi explora activamente los recovecos mediante protrusiones laminares y blebs, y tiende a permanecer enclaustrada en espacios pequeños. Es importante señalar que este comportamiento no está provocado por señales químicas ni sustancias atractivas para las amebas.
Lo que nos revela el comportamiento de N. gruberi es una tendencia hacia la exploración de medios porosos como el sustrato de estanques y charcas, en busca de las bacterias que constituyen su alimento. Las amebas Dictyostelium, que viven sobre sustratos húmedos, no muestran esa tendencia exploratoria de canales y recovecos. El problema surge cuando N. fowleri, que probablemente comparte el comportamiento de N. gruberi, alcanza accidentalmente los senos nasales. Los estrechísimos canales existentes entre las fibras del tracto olfatorio, que penetran en el cráneo a través de la placa cribosa, se convierten en un poderoso atractivo para la exploración de N. fowleri. Una vez que alcanza el bulbo olfatorio, con una temperatura óptima para su desarrollo y en ausencia de alimento bacteriano, redirige su interés hacia el tejido cerebral, con devastadoras consecuencias.
Estos resultados no parecen aportar novedades para reducir los casos de MAP, por lo que la prevención sigue siendo muy importante. Se debe evitar el baño en aguas estancadas y no tratadas, especialmente en los meses de verano, o tomar precauciones para impedir el acceso del agua a los senos nasales. Por otro lado, aunque en España solo se haya registrado un caso, existe una cierta preocupación dado el aumento de temperatura de nuestras aguas continentales debido al cambio climático. Esto podría aumentar la expansión de N. fowleri y dar lugar a nuevos casos.
Referencias
Velle, K.B., Ramaswamy, M., Hokmabad, B.V. et al. (2026). Naegleria amoebae seek confinement and crawl persistently through narrow spaces, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. doi: 10.1073/pnas.2534165123.
Sobre el autor: Ramón Muñoz-Chápuli Oriol es Catedrático de Biología Animal (jubilado) de la Universidad de Málaga.
Bibiana Vilá es Doctora en Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (1990) y Licenciada en Ciencias Biológicas de la misma Universidad (1985). Realizó estudios posdoctorales en la Wildlife Conservation Research Unit de la Universidad de Oxford, Inglaterra (1990-1993). Actualmente se desempeña como investigadora superior del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y como Profesora Titular del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Luján. Es Directora del grupo interdisciplinario VICAM (Vicuñas, camélidos y ambiente). Forma parte del nodo de Argentina en la Red Latinoamericana de Mujeres en Ciencia.
Es autora de un centenar de publicaciones entre trabajos científicos internacionales, nacionales y libros de consulta sobre camélidos y educación ambiental.
Entre los numerosos reconocimientos recibidos, los más recientes son el Diploma de Honor del Senado de la Nación Argentina (2020, “En reconocimiento por su valioso compromiso ecofeminista en la defensa de la armonía con la naturaleza; en el marco del homenaje a la figura y legado de Berta Cáceres organizado por la Red de Defensoras del Ambiente y el Buen Vivir”); el Premio Eugenia Sacerdote de Lustig (2022) otorgado por el 6to Foro Nacional Interdisciplinario «Mujer en Ciencia, Tecnología y Sociedad» de la Fundación Balseiro o el primer premio en la Categoría Trayectoria del Premio “Científicas que cuentan” (2023) del Centro Cultural de la Ciencia, junto con el Programa Nacional para la Igualdad en Géneros del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la República Argentina, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el Institut Français d’Argentine y la Embajada de Francia.
Bibiana Vilá. Fotografía proporcionada por la investigadora. Crédito: Yanina Arzamendia.
1. ¿Cuál es tu área de investigación?
Soy Dra. en Biología especialista en camélidos sudamericanos, especialmente las vicuñas (Vicugna vicugna) y algunos aspectos de las llamas (Lama glama). Este trabajo involucra a las comunidades del altiplano andino principalmente a sus mujeres, por lo cual el trabajo tiene aspectos etnobiológicos. Trabajamos desde la transdisciplinariedad, en coproducciones con los pobladores andinos y en pos de la conservación y la sustentabilidad, además de hacer “buena ciencia” para que las decisiones ambientales estén basadas en evidencia.
2. ¿Por qué te dedicas a ella?
Amo la naturaleza, disfruto de estar en desiertos de altura. Me encanta pensar. Los camélidos no son animales aislados, están fuertemente imbricados en una cultura local riquísima que es muy interesante.
Tuve una abuela muy amorosa con quien vivíamos aventuras de verano en las vacaciones en las sierras y que me enseñaba mucho sobre plantas y animales. Tuve unos padres muy de vida en la naturaleza. Desde chica fui muy curiosa e intrépida.
3. ¿Has tenido alguna figura de referencia en tu trayectoria?
Mi abuela Memé y muchos de los profesores de la universidad. Acá en Argentina estamos orgullosas/os de nuestra universidad pública, gratuita, laica y de calidad. Fui muy feliz mientras estudiaba biología en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Muchos de los profesores y ayudantes de allí fueron guías en la formación.
4. ¿Qué te gustaría descubrir o solucionar en tu campo?
A pesar del alto valor económico de la fibra de la vicuña, existen numerosas dificultades para que genere el desarrollo sostenido tan ansiado en el altiplano. Muchos de estos problemas tienen que ver con las asimetrías entre las posibilidades de negociación de las comunidades y el mercado suntuario y monopsónico de la fibra de vicuñas. Me gustaría, por lo tanto, poder encontrar mecanismos para sanear este sistema y beneficiar fuertemente a los pobladores locales.
Cada vez más, aumenta la caza furtiva de las vicuñas, ese es un tema que hay que resolver con colaboraciones entre instituciones y fuerzas de seguridad.
Me parece además, que hay que trabajar fuerte en las comunidades escolares locales muy permeables a valores hegemónicos, en la valorización muy fuerte de su patrimonio biocultural.
5. ¿Qué consejo darías a quien quiera adentrarse en el mundo de la investigación?
Me pone súper triste escribir esto, pero la respuesta hoy es “depende de qué lado del planeta vivís”. En Argentina, hoy no hay presupuesto para ciencia ni valorización del saber, todo lo contrario, estamos pasándola horrible. Los sueldos de los jóvenes investigadores están por debajo de la línea de pobreza. Hoy mi consejo es que si se quieren adentrar en el mundo de la investigación, es muy hermoso y vale la pena pero tiene el costo del desarraigo: deben emigrar al norte global, a países con el PIB en ciencia mayor del 1 %, o algunos de Latinoamérica que todavía conserven su dignidad.
En un país con un gobierno que lleva a cabo un proyecto negacionista, cruel, autoritario, desalmado y extractivista, la gente que piensa y desarrolla ciencia y tecnología es algo que no vale (al contrario, estorba) y de lo que hay que deshacerse, la manera más fácil, bajar el presupuesto de ciencia del 0,55 % del PIB al 0,14 %, así nos quedamos sin forma de investigar y con sueldos de miseria.
Hasta hace poco tiempo era muchísimo más optimista y proponía a las y los jóvenes iniciar carreras, de hecho, dirigía tesis de grado y postgrado (y algunas todavía están en etapas de finalización).
Pero más allá de las vicisitudes locales actuales, no me olvido de que la carrera científica es hermosa, desafiante, no es simplemente un modo de ganar el salario sino que es parte identitaria de la propia vida.
Más información
Captura de Vicuñas por el equipo VICAM en la provincia de NW Argentina (Santa Catalina) Jujuy. YouTube
Captura de Vicuñas dentro de la Reserva de la Biosfera de Lauca (Chile). YouTube
Hasta ahora, los cuerpos fructíferos más grandes conocidos entre los ascomicetos, el grupo más numeroso de hongos, medían entre 20 y 30 centímetros de altura, lo que un folio DIN A4 puesto de pie. Investigadores del Instituto de Botánica de Kunming (Academia China de las Ciencias) han encontrado en Yunnan, al suroeste de China, uno […]
El misterio de los foraminíferos que invierten su enrollamiento podría ocultar un proceso evolutivo que rara vez se observa y que se desarrolla a escala planetaria.
Un artículo de Fanni Daniella Szakál. Historia original reimpresa con permiso de Quanta Magazine, una publicación editorialmente independiente respaldada por la Fundación Simons.
Ada Zejun Shen / Quanta Magazine
Durante miles y, en ocasiones, millones de años, el plancton marino de todo el mundo construyó sus conchas espirales en un mismo sentido. Después, de repente, las espirales cambiaron de sentido al mismo tiempo y en todas partes, para volver a cambiar más tarde.
Estos microorganismos son un tipo de foraminíferos, o simplemente forams. Se encuentran en todos los océanos, desde los trópicos hasta las altas latitudes, y se cuentan entre los organismos eucariotas más abundantes de la Tierra. Estos protistas unicelulares secretan una concha dura perforada por numerosos pequeños orificios; la mayoría de las especies vive en el fondo marino, mientras que algunas son planctónicas y quedan a merced de las corrientes. Cuando mueren, sus conchas cubren el fondo marino de todo el mundo y forman un archivo natural de la historia de la Tierra que se remonta unos 560 millones de años.
Al estudiar la composición de las especies o medir isótopos o elementos traza, los científicos utilizan las conchas de foraminíferos acumuladas para reconstruir los climas y las condiciones oceánicas del pasado. Con el paso de los años, han observado un fenómeno extraño. Entre los numerosos foraminíferos planctónicos que poseen conchas enrolladas semejantes a las de un caracol, algunas especies muestran una marcada preferencia por un sentido de la espiral (izquierdo o derecho) frente al otro, de modo que hasta el 97 % de los individuos de una especie se enrollan en el mismo sentido. Y, a veces, un nuevo sentido de enrollamiento pasa a predominar aparentemente en todos los océanos a la vez en el registro fósil. Desde que se observó esta curiosidad en la década de 1950, los científicos han intentado averiguar qué podría hacer que el sentido del enrollamiento de las conchas cambiara al unísono en miles de billones de microorganismos.
Recientemente, los micropaleontólogos integraron y sintetizaron datos sobre el sentido del enrollamiento de las conchas, o quiralidad, de varias especies a partir de estudios de foraminíferos que se remontan hasta 56 millones de años. Algunos investigadores plantearon que las inversiones del enrollamiento de las conchas estaban relacionadas con cambios de temperatura u otros factores climáticos. Sin embargo, el nuevo estudio plantea como hipótesis que el sentido del enrollamiento no es en sí mismo una respuesta adaptativa, sino un marcador accidental de un acontecimiento evolutivo importante que comienza en una pequeña subpoblación y después se extiende por vastas cuencas oceánicas.
Estos fósiles del foraminífero extinto Globorotalia limbata, que vivió hace entre 11 y 2 millones de años, ilustran la quiralidad dextrógira y levógira en el enrollamiento de la concha. Imagen: David King
«Probablemente sea una de las primeras veces que personas que normalmente trabajan más en bioestratigrafía (básicamente, en investigación del tiempo profundo) sobre foraminíferos se plantean una cuestión así», afirma Julie Meilland, investigadora del Cerege, un instituto de investigación de Francia que no participó en el estudio. Además de datos sobre el sentido del enrollamiento de varias especies que se remontan a millones de años, el estudio incorpora conocimientos de la genética y la biología de los foraminíferos actuales. «Ha sido muy refrescante ver cómo se conectan estos mundos, porque muy a menudo quienes hacen más investigación moderna no necesariamente establecen contacto con quienes trabajan sobre el tiempo profundo», añade Meilland.
El trabajo ofrece una nueva perspectiva sobre un misterio que dura décadas y una rara visión de un proceso poco conocido que permite que nuevos caracteres se extiendan por poblaciones grandes.
Una hipótesis retorcida
El fenómeno de los foraminíferos que invierten su enrollamiento se describió por primera vez a principios de la década de 1950, cuando los avances en las técnicas de extracción de testigos del fondo marino permitieron a los investigadores analizar las capas acumuladas de conchas. El micropaleontólogo suizo Hans Bolli fue el primero en señalar que, entre los foraminíferos con conchas enrolladas, varias especies presentaban una preferencia direccional y que, en ocasiones, esta preferencia cambiaba con el tiempo.
La explicación de este curioso fenómeno llegó con un estudio fundamental de 1959, en el que el geólogo marino David Ericson, especialista en testigos de sondeo de la Universidad de Columbia, en el Lamont Geological Observatory (actualmente Lamont-Doherty Earth Observatory), examinó cientos de conchas enrolladas de la especie Neogloboquadrina pachyderma recogidas en el Atlántico Norte. Ericson observó que, en climas fríos durante las glaciaciones, las conchas tendían a enrollarse hacia la izquierda, mientras que durante los periodos más cálidos lo hacían hacia la derecha.
No estaba seguro de por qué el sentido del enrollamiento debía estar relacionado con el clima, pero planteó que la temperatura era el factor determinante en esta especie. Sin embargo, a medida que se recuperaron más testigos en todo el mundo y avanzaron los estudios genéticos, la hipótesis de la temperatura dejó de sostenerse.
Kate Darling, profesora honoraria de la Universidad de Stirling, ha estudiado la genética y la evolución de los foraminíferos durante décadas. «Ese cambio de orientación, en mi opinión, significa que han dado lugar a nuevas especies», afirma. Foto: Cortesía de Ian Darling
En 2006, Kate Darling, actualmente profesora honoraria de la Universidad de Stirling, publicó un trabajo genético que demostraba que las variantes de N. pachyderma son, en realidad, dos especies distintas, cada una con su propio sentido de enrollamiento. Después, en 2013, la paleobióloga evolutiva Yurika Ujiié, actualmente profesora de la Universidad de Kochi, en Japón, descubrió que la quiralidad de las conchas en distintas especies de foraminíferos, recogidas en varios océanos, no se correspondía con la temperatura.
Cada estudio refutaba la hipótesis de Ericson de una manera diferente. Además, a muchos investigadores les resultaba difícil imaginar qué ventaja podía ofrecer el sentido del enrollamiento a un organismo unicelular sin una lateralidad evidente. Medio siglo después de la observación inicial de Ericson, el factor impulsor de las inversiones volvía a ser un misterio.
No tardaría en despertar el interés de otra investigadora. Bridget Wade, micropaleontóloga del University College London, llevaba décadas estudiando testigos de sedimentos cuando su equipo observó un patrón curioso. Varias especies de foraminíferos parecían invertir el sentido de sus conchas aproximadamente al mismo tiempo en distintas latitudes de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. En una especie, las inversiones parecían casi instantáneas tanto en los trópicos como en latitudes más altas. Esta evidencia de que el fenómeno se extendía mucho más allá de una sola cuenca oceánica sugería que estaba actuando un proceso global en el que intervenía algo más que la temperatura.
Para saciar su curiosidad, el equipo de Wade sintetizó datos de cinco décadas de estudios y analizó los cambios en los patrones de enrollamiento de varias especies de foraminíferos planctónicos de los últimos 56 millones de años. Para cada especie, encontraron evidencias de inversiones en múltiples cuencas oceánicas y cinturones climáticos. Paragloborotalia siakensis pasó de un enrollamiento mixto a un enrollamiento sinistral hace 15 millones de años. Globorotalia scitula invirtió el sentido dos veces: pasó de mixto a sinistral hace 15 millones de años y después a dextral hace 10 millones de años. «Resulta realmente desconcertante que una especie pueda existir durante millones de años enrollándose de una manera y después invertir de repente el sentido, sin ninguna razón aparente», escriben los autores.
Bridget Wade, micropaleontóloga del University College de Londres, señala una especie de foraminífero que describió en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. Foto: Cortesía de Bridget Wade
Pulleniatina obliquiloculata fue un ejemplo especialmente útil, afirma Wade: posee un registro fósil excepcionalmente detallado, sigue viviendo en la actualidad y está presente en los océanos tropicales de todo el mundo. Durante los últimos 860.000 años, su concha se ha enrollado casi exclusivamente hacia la derecha. Pero antes de ese periodo atravesó una sucesión de rápidas inversiones del enrollamiento que se produjeron a escala mundial cada pocos miles de años.
Los cambios eran demasiado repentinos y generalizados para explicarlos mediante una evolución gradual. «Fue toda una sorpresa porque, si se tratara de un acontecimiento local, sería más fácil pensar en un entorno local cambiante», afirma Wade. El hecho de que estuviera ocurriendo en todas partes apuntaba a que intervenía un proceso diferente.
Un significado críptico
¿Qué podría explicar la expansión mundial de un cambio de quiralidad? Wade sabía que, pese a su aparente uniformidad, los océanos esconden numerosos hábitats distintos que difieren en temperatura, corrientes, luz ultravioleta, composición química y oxígeno. Del mismo modo, una población aparentemente global de una especie de foraminíferos puede ocultar especies crípticas. Los estudios genéticos han revelado que, a menudo, lo que se consideraba una sola especie basándose en la forma de las conchas (incluido el sentido del enrollamiento) era, en realidad, más de una especie.
¿Y si, planteó su equipo como hipótesis, una de estas especies crípticas hubiera desarrollado alguna ventaja adaptativa de amplio alcance? Esta especie críptica podría extenderse por todo el planeta, transportada por las corrientes oceánicas y favorecida por su propio éxito, en un gigantesco barrido poblacional, y hacer que un único sentido de enrollamiento pasara a predominar en el proceso, preservando así el acontecimiento en el registro fósil.
A diferencia de las especies con concha que nos resultan más familiares, los foraminíferos no viven totalmente dentro de su concha. La concha perforada se sitúa bajo la membrana celular y queda envuelta por un protoplasma de consistencia gelatinosa. Todos los ejemplares aquí mostrados miden menos de 1 milímetro. Fuente: Takagi, H. et al (2019) Biogeosciences doi: 10.5194/bg-16-3377-2019
«En mi opinión, las inversiones significan que han experimentado especiación», afirma Darling, que no participó en el estudio de Wade.
Tanto si los foraminíferos que invirtieron el sentido son una especie nueva como si son una variante genética, tendrían que presentar una ventaja significativa frente a otros foraminíferos para extenderse por todo el mundo. «Es un poco como lo que ocurrió con las variantes de la COVID-19, que se hicieron muy abundantes en un lugar», explica Wade, «y luego tuvieron una ligera ventaja de aptitud biológica frente a otra variante genética» y se propagaron rápidamente hasta convertirse en la cepa dominante en prácticamente todos los países de la Tierra.
Sin embargo, Ujiié advierte contra la suposición de que exista una relación sencilla entre la identidad genética de una especie y la quiralidad de su concha. «El sentido del enrollamiento parece tener una base genética», afirma, «pero eso no significa necesariamente que los individuos dextrales [de enrollamiento hacia la derecha] y sinistrales [de enrollamiento hacia la izquierda] representen poblaciones genéticamente distintas».
Todavía no está claro por qué una población entera se enrollaría del mismo modo en primer lugar; esto solo ocurre en un subconjunto de especies de foraminíferos planctónicos con conchas enrolladas. En otras especies, las conchas se enrollan en ambos sentidos en una proporción aproximadamente de 50-50. Entonces, ¿por qué algunas presentan un marcado sesgo de quiralidad? En lo único que parecen coincidir los científicos es en que todavía no lo saben.
Meilland, que estudia la reproducción de foraminíferos en cultivos vivos, ha observado que las proporciones de los distintos sentidos de enrollamiento en sus cultivos no coinciden necesariamente con lo que cabría esperar encontrar en la naturaleza a partir de los estudios fósiles. Considera que los factores que determinan el sentido del enrollamiento podrían ser bastante complejos. «Creo que podría haber algo relacionado con los genes, con la recombinación, con su intento de evolucionar, con el entorno y también con la suerte y con la vida, sin más», afirma.
Aunque la casi sincronía de las inversiones de los foraminíferos en todo el mundo pueda parecer desconcertante, Darling y Ujiié señalan que lo que aparece como instantáneo en el registro fósil podría desarrollarse durante 1.000 años o más en tiempo real. Durante ese periodo, las aguas oceánicas circulan alrededor de todo el planeta. Las masas de agua también cambian y se desplazan, lo que podría acelerar la propagación de una nueva variante.
Es posible que los caracteres o las especies de otros organismos marinos también puedan extenderse por todo el planeta de esta manera. Pero sería difícil observarlo sin un marcador fósil claro, como la quiralidad de las conchas de los foraminíferos. Estas inversiones del enrollamiento constituyen, por tanto, una rara ventana a la manera en que los procesos evolutivos pueden desarrollarse a escala mundial.
Descubre cómo un pergamino medieval conservó ADN de virus de la viruela ovina y qué revela sobre las epidemias que afectaron a los rebaños hace siglos.
Un sciku consiste en una tapa de ciencia, elaborada con una breve pieza poética y servida en tres líneas. Tal y como indica su nombre, está inspirado en el haiku japonés y, como este, suele componerse de tres versos con cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente, sin ningún tipo de rima. En español, debido a la longitud de la mayoría de las palabras, también puede emplearse la combinación 8/11/8.
Sobre la autora
Laura Morrón Ruiz de Gordejuela es licenciada en Física por la Universidad de Barcelona especializada en el campo de la protección radiológica, con un máster en Ingeniería y Gestión de Energías Renovables por IL3. Técnica de apoyo del Secretariado de Divulgación Científica y Cultural de la Universidad de Sevilla. Autora del libro A hombros de gigantas, obra que ha tenido continuidad en esta sección.
Los insectos son los pequeños grandes protagonistas de esta edición de Bilbo Zientzia Plaza (BZP). Una exposición, una conferencia-coloquio y dos talleres acercarán al público su fascinante mundo. Además, el último día del festival, Sergi Romeu, criador de insectos y educador especializado en invertebrados, ofrecerá un taller en el que se podrá conocer de cerca e incluso tocar algunos de estos pequeños animales.
En esta entrevista rompe prejuicios sobre los insectos, destaca su papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas y adelanta algunos detalles sobre qué podrán descubrir quienes participen en la actividad del próximo 4 de octubre.
Para empezar, ¿cómo nació su pasión por los insectos y otros bichos?
Mi afición nació cuando era niño. Mi abuelo era ornitólogo, criaba pájaros e insectos, y gracias a él empecé a interesarme por estos animales. Desde entonces no he dejado de criarlos hasta convertir esta pasión en mi profesión. Aunque soy ingeniero técnico agrícola, desde hace años me dedico a impartir charlas, talleres y clases sobre invertebrados en colegios, institutos, museos, zoos y acuarios a través de mi proyecto educativo Fasmids. Siempre voy acompañado de animales vivos porque creo que la mejor manera de conocerlos es tenerlos delante y observarlos de cerca.
En sus talleres habla sobre invertebrados, artrópodos e insectos. Sin embargo, muchas veces se utilizan estos términos como si fueran sinónimos. ¿En qué se diferencian?
Los animales invertebrados constituyen la gran mayoría de animales del planeta, alrededor del 97%, y se dividen en seis grandes grupos. Uno de ellos, el más diverso y abundante, es el de los artrópodos. Estos animales se caracterizan por tener patas articuladas y un exoesqueleto que los protege y los hace más resistentes. Dentro de los artrópodos se encuentran los insectos (abejas, mariposas), junto con los arácnidos (arañas, escorpiones), los crustáceos (cangrejos, gambas) y los miriápodos (ciempiés, milpiés). Los insectos se distinguen por tener seis patas, mientras que los arácnidos tienen ocho, la mayoría de crustáceos diez y los miriápodos más de catorce.
¿Qué especies suelen acompañarle en sus talleres?
En mis talleres llevo representantes de los cuatro grandes grupos e intento mostrar la mayor variedad posible de artrópodos. También llevo un caracol que es un invertebrado, pero no un artrópodo, sino un molusco, para que el público pueda comparar un artrópodo con un animal que no lo es y así entender mejor sus diferencias. Entre los animales que nunca faltan están los cangrejos, los milpiés, una tarántula -que suele ser la estrella de la función- y un escorpión. Por otro lado, a los insectos les dedico la mayor parte del tiempo dado que son, con diferencia, el grupo más importante.
Algunos insectos como los escarabajos o las cucarachas y arácnidos como las arañas o escorpiones despiertan miedo, rechazo o indiferencia. En general, ¿por qué cree que nos cuesta tanto apreciarlos?
Más allá de que algunas especies piquen o muerdan, creo que el rechazo que generan muchos insectos y otros artrópodos se debe, en gran parte, a la cantidad de patas que tienen. En mis talleres trato de que la gente pierda ese miedo, porque tengo claro que para poder cuidar y respetar a estos animales primero hay que conocerlos. Por eso los acerco al público y animo a quienes participan a que los toquen y los sientan: algunos tienen pequeñas uñas, otros, ventosas; algunos son más suaves y ligeros, otros son más ásperos y pesan más… Cuando comprueban que pueden tenerlos en su mano sin que ocurra nada, muchos superan esos miedos y prejuicios.
Más allá de las picaduras y otras molestias que puedan generar, ¿por qué son los insectos tan importantes para la vida en La Tierra?
Los insectos son fundamentales porque sostienen la biodiversidad que genera el equilibrio de los ecosistemas. Constituyen la base de la cadena trófica y son el menú principal de la mayoría de los animales. De hecho, la mayoría de los animales, de una forma o de otra, se alimentan de insectos. Si desaparecieran, muchas especies de aves, reptiles, anfibios y mamíferos también lo harían.
Además de servir de alimento, también desempeñan otras dos funciones esenciales: la polinización y la degradación de la materia orgánica. Sin la polinización muchas plantas no podrían reproducirse, con lo cual no darían ni fruto ni semilla y nos quedaríamos sin planeta. Asimismo, insectos como larvas y escarabajos -junto con seres microscópicos como hongos y bacterias- son los responsables de comerse los restos de hojas, hojarasca y madera que quedan en descomposición en los suelos, y de transformarlos en nutrientes, convirtiéndolos en el mejor sustrato posible para las plantas.
En los últimos años se habla cada vez más del declive de las poblaciones de insectos. ¿Qué está ocurriendo y qué podemos hacer para contribuir a su conservación?
Los insectos están en declive porque, en general, nos resultan molestos y cada vez transformamos más sus hábitats. El uso excesivo de insecticidas, la contaminación, la urbanización y algunas prácticas forestales reducen los espacios y los recursos que necesitan para vivir. Si queremos conservar sus poblaciones, debemos proteger sus hábitats y favorecer entornos donde puedan alimentarse, reproducirse y desempeñar su papel en los ecosistemas. El asfalto y el cemento no son los lugares idóneos para que vivan los insectos.
Después de tantos años estudiando estos animales, ¿hay alguno que siga maravillándole, ya sea por su comportamiento, capacidad de adaptación o por alguna otra característica?
Siempre me han fascinado los fásmidos, como los bichos palo o los insectos hoja, por su extraordinaria capacidad de camuflaje y la gran variedad de formas y colores que adoptan. Pero todos los insectos tienen algo que los hace especiales: la fuerza de los escarabajos hércules, la belleza del vuelo de las mariposas, el comportamiento de la mantis religiosa o la organización de los insectos sociales como las hormigas y las abejas. Son animales de los que todavía podemos aprender mucho.
El último día de Bilbo Zientzia Plaza ofrecerá un taller para conocer y tocar a varios de estos animales de cerca. ¿Con qué se encontrará el público que participe? ¿Puede adelantarnos algo de lo que van a ver?
Quienes participen podrán conocer de cerca una gran variedad de artrópodos: arañas y tarántulas, escorpiones, milpiés, cangrejos e insectos de distintas especies, tamaños y colores como mariposas, escarabajos o bichos palo. Aprovecharé para explicar las diferencias entre los principales grupos de invertebrados, especialmente entre los artrópodos. Además, podrán tocar algunos de estos animales como una tarántula, que suele ser la estrella del taller. Mi objetivo es que pierdan el miedo, despierten su curiosidad y descubran lo fascinante que puede ser el mundo de los insectos.
¿Qué lecciones cree que todavía podemos aprender de estos animales y con qué idea le gustaría que se quedara el público?
Me gustaría que el público perdiera el miedo a los insectos y empezara a mirarlos con curiosidad y respeto. Son animales extraordinarios que llevan millones de años adaptándose al planeta y desempeñan un papel esencial en los ecosistemas. Cuanto más los conocemos, mejor comprendemos su importancia y más motivos tenemos para protegerlos. Estoy convencido de que todavía nos queda mucho por aprender sobre ellos, en especial, de la organización de los insectos sociales y de su extraordinaria capacidad de adaptación.
Sobre la autora
María Larumbe es periodista y responsable de comunicación en la Cátedra de Cultura Científica de la EHU.
—
Si quieres seguir descubriendo el mundo de los insectos…
Exposición «Insectos. Todo lo que cuentan». Del 19 de septiembre al 4 de octubre. Una muestra para conocer la extraordinaria diversidad de los insectos y el papel fundamental que desempeñan en la naturaleza.
BZP Tailerrak | “Conoce los insectos de cerca”. 4 de octubre. Charla-taller de Sergi Romeu para conocer y tocar distintos insectos y otros artrópodos | 4 de octubre | Para todas las edades.
Una firma de comunicación bioacústica inaudible a 40 kHz revela la satisfacción de las ratas al comer chocolate, pero ¿cómo traducen los neurocientíficos este lenguaje secreto del placer?
El enterovirus D68 es un virus respiratorio que emergió en 2014 y, desde entonces, hay brotes aproximadamente cada dos años en todo el mundo. Se le ha llamado “el nuevo poliovirus” porque causa una parálisis infantil similar a la poliomielitis. Sin embargo, su epidemiología cambió en el último brote ocurrido en España en 2024. Investigadores del Laboratorio Nacional de Polio y Enterovirus han identificado una nueva variante que afectó principalmente a población geriátrica, agravando enfermedades previas en algunos pacientes. No parece que los enterovirus vayan a sustituir al virus de la poliomielitis, pero los científicos instan a mantener una monitorización continua de su evolución para anticipar posibles brotes de parálisis infantil.
Sui fianchi del monte Arsia, un grande vulcano di Marte, è stato individuato un pozzo verticale profondo quasi duecento metri. La struttura potrebbe essere un semplice sprofondamento roccioso oppure l'ingresso a una rete di antichi tunnel magmatici sotterranei. Se confermata, la presenza di queste caverne offrirebbe un riparo naturale dalle radiazioni solari e dalle temperature estreme della superficie, rappresentando un ambiente ideale per la ricerca di tracce di vita e per i futuri insediamenti umani. La conformazione impervia del sito impedirà l'uso dei tradizionali rover a ruote, rendendo necessario l'impiego di droni o robot speleologi per le prossime esplorazioni.
Las plantas tienen que enfrentarse continuamente a desafíos de su entorno. Necesitan luz, nutrientes, agua y, no menos importante, defensas contra los herbívoros que se alimentan de ellas. Estas defensas pueden ser directas como, por ejemplo, el desarrollo de espinas o la acumulación de sustancias tóxicas. También pueden ser indirectas, basadas en la atracción de depredadores o parasitoides de los herbívoros que las atacan.
Es especialmente interesante el caso de los parasitoides. Reciben este nombre los animales, frecuentemente insectos himenópteros, que depositan sus huevos en un hospedador. Cuando las larvas emergen, se alimentan de los tejidos de dicho hospedador, que se mantiene vivo por algún tiempo. Finalmente, las voraces larvas causan la muerte de su víctima. Por esta razón, no se consideran auténticos parásitos, y los denominamos parasitoides. Este comportamiento, referido en particular a ciertos icneumónidos, fue mencionado por Charles Darwin en una carta a su amigo Asa Gray en 1860, porque le hacía difícil creer en la existencia de la benevolencia divina:
“No puedo persuadirme de que un Dios benévolo y omnipotente hubiera diseñado intencionalmente a los icneumónidos con el expreso propósito de que se alimentaran dentro del cuerpo vivo de las orugas.”
Sabíamos desde hace tiempo que una planta atacada por orugas puede liberar compuestos volátiles que atraigan parasitoides para su defensa. Esto se ha comprobado en numerosas especies de plantas, tanto silvestres como cultivadas[1].
A la izquierda, la judía Vigna unguiculata utilizada en la investigación. Fuente: Francisco Manuel Blanco, Flora de Filipinas, dominio público. A la derecha, galería excavada por una larva de la mosca minadora Liriomyza commelinae, muy similar a la citada en este estudio (Liriomyza trifolii). Obsérvese como se ensancha la galería a medida que la larva va creciendo. Fuente: Even Dankowicz, CC BY 4.0.
Un grupo de investigación chino acaba de publicar en Cell Reports un sorprendente artículo acerca de este tema. En un modelo experimental de planta atacada por una larva de mosca, el grupo demostró que este ataque no solo inducía la atracción de parasitoides, sino que además condicionaba el suelo para que futuras generaciones de plantas disfrutaran de la misma protección. La planta en cuestión es una especie de judía (Vigna unguiculata), sus atacantes son las larvas de la mosca minadora (Liriomyza trifolii) (Figura 1) y el aliado parasitoide la avispilla Neochrysocharis formosa, a la que vemos aquí poniendo huevos en su víctima:
El estudio, en primer lugar, constató que las plantas atacadas atraían activamente a los parasitoides, al tiempo que elevaban la producción de una fitohormona clave en la respuesta a la agresión: el ácido jasmónico. Una vez comprobado esto, eliminaron las plantas, y utilizaron la tierra en la que habían crecido plantas atacadas (tierra condicionada) y no atacadas por la plaga (tierra control). Las judías que crecieron en la tierra condicionada atrajeron más parasitoides que las judías control, aunque no estaban siendo atacadas. Es decir, las plantas de la siguiente generación ya estaban preparadas preventivamente para un ataque de las moscas minadoras.
A partir de esta observación, se realizó una serie de experimentos para conocer el mecanismo de esta defensa heredada. Se comprobó que el fenómeno era dependiente de la producción de ácido jasmónico. También se observó que en las raíces de las plantas atacadas aumentaba la producción de unos compuestos llamados flavonoides, muy importantes para las plantas.
Por otro lado, si la tierra condicionada era esterilizada, las nuevas plantas perdían la capacidad de atracción de parasitoides, lo que indicaba un papel de las comunidades microbianas de la rizosfera (la parte del suelo inmediata a las raíces vivas). En definitiva, la conclusión del estudio fue la siguiente: la planta atacada por la mosca minadora produce ácido jasmónico y emite compuestos volátiles que atraen a parasitoides. Al mismo tiempo, sus raíces segregan flavonoides, lo que modifica la composición de la microbiota local. La comunidad microbiana modificada actúa sobre la nueva generación de plantas induciendo la producción de ácido jasmónico y la emisión de los compuestos volátiles atractivos para los parasitoides[2] (Figura 2).
Resumen gráfico del artículo comentado en el texto. Las plantas atacadas por la plaga condicionan el suelo liberando flavonoides por sus raíces. Esto modifica la comunidad microbiana local de forma que, al crecer nuevas plantas en ese suelo, estas responden con procesos mediados por la fitohormona ácido jasmónico (JA). Así se estimula la liberación de moléculas volátiles que atraen parasitoides, aunque la planta no haya sido todavía atacada. Fuente: Gao et al. (2026), citado en referencias, con licencia CC-BY 4.0.
Estos resultados son extraordinarios por dos razones: por primera vez se demuestra que las defensas indirectas usadas por las plantas pueden legarse a la siguiente generación a través del suelo. En segundo lugar, la planta involucra para su defensa y la de sus descendientes a organismos de dos reinos diferentes, animales (los parasitoides) y bacterias (las de la rizosfera). Dado que los parasitoides se están utilizando cada vez más en el control biológico de plagas, estos resultados podrían ser de aplicación para la protección de los cultivos.
Notas:
[1] Esta es una razón más para un uso racional de los insecticidas fitosanitarios. Combaten las plagas, pero también pueden afectar a parasitoides beneficiosos y a polinizadores.
[2] Los investigadores pudieron incluso identificar uno de estos compuestos volátiles, el (Z)-3-hexenyl-acetato.
Referencias
Gao, Y., Hong, H., Chen, Q. et al. (2026) Herbivory leaves a soil-borne defensive legacy that recruits parasitoids Cell Reports doi: 10.1016/j.celrep.2026.117869.
Sobre el autor: Ramón Muñoz-Chápuli Oriol es Catedrático de Biología Animal (jubilado) de la Universidad de Málaga.na razón más para un uso racional de los insecticidas fitosanitarios. Combaten las plagas, pero también pueden afectar a parasitoides beneficiosos y a polinizadores.
Fotografía del esquivo tiburón de Groenlandia nadando en aguas profundas. Fuente: NOAA Flickr CCommons
Durante siglos los pueblos que habitaban (y navegaban) las costas del Atlántico norte hablaban de un enorme tiburón que se movía lentamente, como un espectro pálido y sigiloso, bajo las frías aguas de aquellos mares. Durante mucho tiempo este misterioso animal no solo alimentó las fantasías y leyendas de los pobladores nórdicos sino que también llenó sus estómagos con su carne en antiguas recetas, como el Hákarl, que aún se conservan en nuestros días. Tuvimos que esperar hasta principios del siglo XIX, concretamente a 1801, para que dos naturalistas alemanes Marcus Elieser Bloch y Johann Gottlob Schneider pudieran clasificarlo científicamente, bautizándolo como Squalus microcephalus, aunque estudios posteriores lo reclasificaron dentro del género Somniosus. Su nombre común, el nombre con el que todos lo conocemos es tiburón de Groenlandia o tiburón boreal, un fabuloso tiburón que ronda entre los cinco y siete metros de longitud y que habita en las gélidas profundidades de los mares árticos.
La gran sorpresa llegó en 2016 cuando un equipo de biólogos de la Universidad de Copenhague en Dinamarca, publicó en la revista Science que los tiburones de Groenlandia son los vertebrados más longevos del mundo, con una esperanza de vida que puede superar los 500 años… un hecho fascinante que nos hace volar la imaginación hacia la paradoja temporal de que quizá algunos de los tiburones analizados por los investigadores daneses en su estudio en Science podrían ser los mismos que catalogaron Bloch y Schneider en 1801 y, quién sabe, si alguno llegaría a ser protagonista de esos viejos mitos y leyendas de los pueblos inuits un par de siglos antes…
Ilustración de Bloch y Schneider del tiburón boreal en 1801, Fuente: Dominio Público
Los ojos de este viejo tiburón han sido claves para los dos grandes descubrimientos que vamos a tratar. El primero, la determinación de su longevidad en el estudio de 2016, se realizó mediante «datación por radiocarbono de los núcleos del cristalino de 28 tiburones hembras de Groenlandia (de 81 a 502 cm de longitud total) que reveló una esperanza de vida media de al menos 272 años». El trabajo de los investigadores daneses llegó a conclusiones sorprendentes como que la edad de madurez sexual de la especie llega a aproximadamente a los 160 años y que el ejemplar más grande analizado (más de cinco metros) presentaba dataciones de casi 400 años (con un error de ± 120 años). Esto convertía al tiburón boreal en un récord Guiness viviente, el vertebrado más longevo conocido, desbancando a otro titán acuático, la ballena boreal que también nada en los mismos mares árticos y que posee una esperanza de vida de unos 200 años.
Sin embargo, todos sabemos que la edad conlleva importantes desventajas y parecía que la extensa longevidad del tiburón de Groenlandia también le acarrea graves deficiencias visuales, que sumadas a la presencia de un parásito corneal que le acompaña habitualmente, hicieron pensar que estos tiburones, especialmente los de edad más avanzada, eran prácticamente ciegos.
Aquí es donde llega el segundo gran hallazgo sobre la especie. Recientemente, un artículo publicado en Nature Communications, ha tirado por tierra esas ideas previas que nos habíamos formado sobre el tiburón de Groenlandia. En este caso, el estudio lo ha realizado una colaboración investigadores de las Universidades de Basilea y California-Irvine y comienza su abstract de esta manera:
«Debido a su extrema esperanza de vida, sus duras condiciones ambientales y su frecuente parasitación en la córnea, anteriormente se pensaba que el tiburón de Groenlandia tenía una visión deteriorada o degenerada. Aquí presentamos evidencia genómica, transcriptómica, histológica y funcional de que el tiburón de Groenlandia conserva un sistema visual intacto y bien adaptado a la vida en condiciones de poca luz. La histología y la expresión de opsina in vitro revelaron adaptaciones visuales típicas de las especies de aguas profundas, incluidos bastones alargados y densamente empaquetados y un cambio de longitud de onda corta en la sensibilidad visual del pigmento de los bastones en comparación con los tiburones de aguas poco profundas. La hibridación in situ confirmó la presencia de tipos de células visuales esenciales: bastones, glía de Müller y células bipolares, amacrinas y ganglionares. Además, a pesar de tener más de un siglo de antigüedad, los especímenes examinados no mostraron signos evidentes de degeneración de la retina».
Circuito visual intacto y adaptaciones visuales subcelulares en el tiburón de Groenlandia. Fuente: Fogg, Lily G., et al. (2026) Nature Communications doi: 10.1038/s41467-025-67429-6.
Este nuevo estudio comenzó con una simple idea y una observación mientras miraban unos clips en Youtube, una cuestión que terminó convirtiéndose en una pregunta a responder… la evolución nos ha enseñado que no suele conservar órganos que no son necesarios pero, «después de ver muchos vídeos, notamos que estos animales movían sus globos oculares hacia la luz». Durante los siguientes años, los investigadores estadounidenses iniciaron una colaboración científica con la Estación Ártica de la Universidad de Copenhague en la isla Disko, Groenlandia, para analizar los ojos de diferentes especímenes de tiburón boreal.
«El laboratorio olía como un mercado de pescado», recuerda Emily Tom, una de las autoras del estudio, mientras realizaba los análisis morfológicos, genéticos, histológicos y específicos de tejido ocular de tiburón. Tras cuatro años de investigaciones (2020 a 2024) los investigadores «no encontraron evidencia de muerte celular en la retina» lo que sugiere que «la notable esperanza de vida del tiburón de Groenlandia no viene necesariamente acompañada del grave deterioro de la retina que podría esperarse en un animal tan viejo».
Las conclusiones más interesantes del artículo apuntan a que los tiburones de Groenlandia poseen «un mecanismo de reparación del ADN que les permite preservar su vista durante siglos sin mostrar signos de degeneración de la retina. Además, sus sistemas visuales también parecen especialmente adaptados a los niveles de luz extremadamente bajos de su hábitat ártico».
Resulta difícil no pensar en el ser humano al leer este nuevo estudio. El envejecimiento conlleva una inexorable y progresiva caída en nuestras capacidades visuales pero, si un vertebrado tan longevo como el tiburón de Groenlandia es capaz de mantener su sistema visual en tan buen estado durante siglos, quizás entender cómo lo hace podría ofrecernos pistas sobre mecanismos de protección aplicables a enfermedades humanas relacionadas con el paso de los años como las cataratas, la presbicia o la degeneración macular asociada a la edad. Por supuesto, este estudio es una primera aproximación, no tiene una aplicación clínica directa todavía, pero es el tipo de ciencia básica comparativa que bien podría alimentar futuras líneas de investigación sobre envejecimiento y enfermedades oculares para nosotros.
Referencias científicas y más información:
Fogg, Lily G., et al. (2026) The Visual System of the Longest-Living Vertebrate, the Greenland Shark Nature Communications doi: 10.1038/s41467-025-67429-6.
Sobre el autor: Javier Peláez (@Irreductible), es escritor y comunicador científico. Autor de «500 Años de Frío» (2019), «Planeta Océano» (2022) y «En busca del último continente» (2026). También es guionista en el programa de TVE «Órbita Laika», creador del Podcast Irreductible, ganador de tres premios Bitácoras, un premio Prisma a la mejor web de divulgación científica por Naukas.com y un Premio Ondas al mejor programa de radio digital por Catástrofe Ultravioleta.
I ricercatori Colin Domnauer e Bryn Dentinger della University of Utah hanno sequenziato il genoma del fungo Lanmaoa asiatica, noto in Cina e nelle Filippine per indurre allucinazioni visive di piccoli esseri antropomorfi alti tra i 3 e i 30 centimetri. Lo studio, pubblicato su Mycologia, ha confermato l'unicità di questa specie all'interno del genere Lanmaoa, ma la mappatura genetica ha escluso la presenza di tossine o molecole psicoattive note come psilocibina e acido ibotenico. Poiché le allucinazioni seguono rigide interazioni con la fisica dell'ambiente circostante e si ripetono in modo identico tra culture diverse, i micologi ipotizzano la presenza di un composto chimico del tutto inedito grado di agire sui meccanismi neurologici della percezione visiva.
Los himenópteros (hormigas, abejas y avispas) y las termitas constituyen muy frecuentemente colonias eusociales. En ellas, la capacidad reproductora se restringe a una hembra (reina) fecundada por un grupo reducido de machos. Las sucesivas generaciones de descendientes reciben cuidados cooperativos de individuos estériles, hembras en el caso de los himenópteros. Fuera de los insectos, solo encontramos estructuras eusociales en algunas especies de gambas del género Synalpheus y en las ratas topo (familia batiérgidos). Los casos más conocidos son la rata topo desnuda (Heterocephalus glaber) y el fuko o rata topo de Damara (Fukomys damarensis) (Figura 1).
Figura 1. Arriba, la rata topo desnuda (Heterocephalus glaber). Fuente: Roman Klementschitz, con licencia CC BY-SA 3.0. Abajo, el fuko o rata topo de Damara (Fukomys damarensis). Fuente: Jessie Cohen, con licencia CC BY 2.0.
Las ratas topo desnudas de África oriental son animales fascinantes. Su longevidad es extraordinaria, ya que pueden superar ampliamente los 30 años de edad, mucho más de lo que correspondería a un mamífero de su tamaño (alrededor de 10 cm, el triple en el caso de las reinas). Sus mecanismos celulares y genéticos las hacen resistentes al cáncer, toleran bajísimos niveles de oxígeno y elevadas concentraciones de CO2, y además son insensibles al dolor causado por sustancias químicas. Viven en madrigueras subterráneas donde forman colonias con una reina o hembra fértil, y de uno a tres machos reproductores. Los demás individuos (entre 20 y 300) son estériles, y se reparten las funciones de excavar túneles, buscar comida, atender a la reina y sus crías, y defender la colonia de agresores.
Cuando la reina muere, las hembras de mayor posición social luchan ferozmente entre ellas hasta que la vencedora se establece como nueva reina, aumenta su tamaño y su peso, y se aparea con los machos. Aquí podemos ver a estos roedores en acción:
El fuko de Damara vive en Angola y Namibia, y también forma colonias subterráneas. Aparte de la reina y uno o dos machos reproductores, el resto de los individuos forma dos grupos: los trabajadores “frecuentes” y los trabajadores “infrecuentes”. Estos últimos realizan menos trabajos, pero en la estación húmeda excavan nuevas galerías y amplían los dominios de la colonia. De esta forma, las hembras pueden encontrarse con machos de otras colonias y, al estar alejadas de su reina, adquieren capacidad reproductiva formando una nueva colonia.
Se sabía que la reina de la rata topo desnuda inhibe activamente la reproducción de las demás hembras, manteniéndolas en una especie de pubertad permanente. Sin embargo, el mecanismo responsable era un misterio hasta ahora. Un grupo internacional de investigación acaba de desvelar en la revista Nature la molécula implicada. Nadie podría haber imaginado su naturaleza.
La investigación consistió en el análisis de 232 compuestos químicos contenidos en el olor corporal de 52 individuos procedentes de ocho colonias, usando una técnica extremadamente sensible: la cromatografía de gases-espectrometría de masas con desorción térmica.
Un compuesto concreto fue detectado exclusivamente en las reinas y, en menor medida, en los neonatos, probablemente por el contacto con sus madres. Se trata del miristato de isopropilo (MIP), un líquido oleoso, incoloro e inodoro para los humanos, muy usado en cosmética y farmacia como vehículo de lociones y cremas, ya que facilita la penetración en la piel de los principios activos. Lo extraño de este descubrimiento es que el MIP no había sido detectado hasta ahora de forma significativa en los seres vivos. Su producción es exclusivamente industrial.
En un siguiente paso se comprobó que el MIP es detectado por las neuronas olfativas de la rata topo, y causa reacción en las áreas olfatorias de su cerebro. En cuanto a sus efectos, si en una colonia se retira a la reina, pero se suministra MIP, las hembras se mantienen en bloqueo reproductivo. Si los animales son tratados con metimazol, un fármaco que causa la pérdida reversible del olfato, las hembras se vuelven insensibles al MIP y luchan entre ellas para acceder el puesto de reina.
Figura 2. Esquema de la función del miristato de isopropilo (IPM) en la organización eusocial de la rata topo desnuda. A la izquierda, la producción de IPM por la reina mantiene altos los niveles de prolactina y bajos los de progesterona en el resto de las hembras de la colonia. La ausencia de la reina y la desaparición del IPM revierte la situación: baja la prolactina y sube la progesterona en las hembras. Estas se vuelven potencialmente fértiles, pero luchan entre ellas para acceder a la sucesión de la reina. De Khallaf et al. (2026), cita completa en referencias, con licencia CC BY 4.0.
Los investigadores comprobaron que un efecto fisiológico del MIP es el aumento en sangre de la prolactina (Figura 2). Recordemos que esta hormona, que estimula la producción de leche materna, bloquea también la reproducción durante el periodo de lactancia inhibiendo la liberación de la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH). De hecho, cuando una rata topo no reproductora se aísla de la colonia (o se trata con metimazol), sus niveles de prolactina disminuyen y los de progesterona aumentan, con lo que se vuelve fértil (y agresiva para sus rivales).
Lo que resulta fascinante es que la estructura eusocial de las colonias de las ratas topo se haya basado en la utilización del mecanismo natural de inhibición reproductora durante la lactancia, y que esta utilización se haya conseguido mediante un compuesto químico inusual que actúa como un disruptor endocrino. Este nuevo descubrimiento genera muchas preguntas: ¿Cuál es la ruta de biosíntesis del MIP? ¿Cuáles son sus receptores en las neuronas olfativas? ¿Por qué la reina no es sensible a su propio MIP? No será esta la última sorpresa que nos deparen las ratas topo.
Referencias
Khallaf, M.A., Hart, D.W., Luo, W. et al. (2026) A queen odour mediates reproductive suppression in a eusocial mammal Nature doi: 10.1038/s41586-026-10772-5.
Sobre el autor: Ramón Muñoz-Chápuli Oriol es Catedrático de Biología Animal (jubilado) de la Universidad de Málaga.
Priorizar la biología femenina no es un área especializada ni un nicho dentro de la investigación sobre la longevidad. Es una oportunidad estratégica para descifrar mecanismos que la evolución ya ha perfeccionado para preservar la vida bajo condiciones de máximo estrés biológico, lo que nos ofrecerá herramientas para extender la etapa de vida saludable tanto en mujeres como en hombres.
Un factor de transcripción MYB, descrito en Fruit Research, explicaría por qué las flores del aguacate alternan fases femenina y masculina en horarios distintos según el cultivar sea de tipo A o B.
Una caricia calma y el mismo roce sobre una quemadura duele. La diferencia no está en la piel: está en cómo el cerebro decide interpretar cada contacto que le llega.
Durante décadas, los paleontólogos han utilizado la presencia de piedras en el interior del esqueleto de los dinosaurios como un indicador de que el animal era herbívoro. Estas piedras, conocidas como gastrolitos, se han encontrado en numerosas especies y se asumía que servían para moler material vegetal en el estómago, igual que hacen hoy muchas […]