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Pierre Curie, Nobel de Física: "El radio podría llegar a ser muy peligroso en manos criminales"

Henri Becquerel descubrió en 1896 que las sales de uranio emitían radiación sin necesidad de recibir luz ni energía externa, un fenómeno que Marie y Pierre Curie llevaron mucho más lejos hasta identificar sustancias extraordinariamente radiactivas como el polonio y el radio. Aquella revolución científica hizo que los tres compartieran el Premio Nobel de Física de 1903.

Lo que comenzó con una placa fotográfica velada terminó cuestionando una de las ideas más arraigadas de la física: que los átomos eran estructuras estables e indivisibles. Becquerel recibió la mitad del Nobel por descubrir la radiactividad espontánea; Pierre y Marie Curie compartieron la otra mitad por sus investigaciones sobre aquella radiación. Décadas después, la física nuclear transformaría medicina, energía y guerra. Pero Pierre Curie ya intuyó muy pronto esa ambivalencia: "El radio podría llegar a ser muy peligroso en manos criminales".

La frase apareció en su conferencia Nobel, pronunciada en Estocolmo el 6 de junio de 1905, dos años después de recibir el premio. Curie hablaba de quemaduras, lesiones e incluso muerte provocadas por una exposición prolongada al radio, pero terminó planteando una pregunta mucho mayor: ¿puede la humanidad aprender los secretos de la naturaleza sin convertirlos también en instrumentos de destrucción? Su respuesta era optimista: creía, como Alfred Nobel, que los nuevos descubrimientos producirían más bien que mal.

Becquerel guardó unas placas en un cajón y apareció una radiación que nadie esperaba

Antoine Henri Becquerel nació en París en 1852 dentro de una auténtica dinastía de científicos. Su padre y su abuelo habían estudiado fenómenos relacionados con la luz, la electricidad y la fosforescencia, y él continuó aquella tradición desde instituciones como la École Polytechnique y el Museo de Historia Natural de París. Su especialidad lo situaría precisamente en el lugar adecuado cuando Wilhelm Röntgen anunció el descubrimiento de los rayos X a finales de 1895.

Becquerel se preguntó entonces si las sustancias fosforescentes podían emitir radiaciones semejantes a los nuevos rayos X. Para comprobarlo utilizó sales de uranio y placas fotográficas envueltas en papel oscuro. Su idea inicial era exponer las sales a la luz solar y estudiar después si emitían alguna radiación capaz de atravesar la envoltura y marcar la placa.

Pero ocurrió algo inesperado. Durante varios días el cielo de París permaneció nublado. Becquerel guardó entonces las sales de uranio y las placas fotográficas en un cajón, esperando mejores condiciones para continuar el experimento. Cuando decidió revelar las placas, descubrió que estaban fuertemente impresionadas aunque las sales apenas habían recibido luz. El fenómeno parecía existir por sí mismo.

Becquerel reconocería más tarde que había encontrado «un fenómeno inesperado». Las sales de uranio emitían radiación espontáneamente, sin necesidad de ser excitadas previamente por la luz. Aquellos rayos podían atravesar papel negro y ciertos metales, afectar placas fotográficas y convertir el aire en conductor eléctrico.

La conclusión era desconcertante: la energía parecía surgir del propio material. Becquerel demostró después que aquella radiación podía ionizar gases y que algunas de sus componentes respondían a campos eléctricos o magnéticos, una señal de que no se trataba simplemente de otra versión de los rayos X. La naturaleza de la materia empezaba a mostrar una grieta que nadie sabía todavía hasta dónde llegaría.

Placa fotográfica conseguida por Becquerel debido a los efectos de la radiactividad.

Marie Curie comprendió que el misterio estaba dentro del átomo

Marie Skłodowska Curie decidió estudiar sistemáticamente aquellos extraños «rayos de Becquerel» como tema para su investigación doctoral. Nacida en Varsovia en 1867, había llegado a París para estudiar física y matemáticas en la Sorbona. Allí conoció a Pierre Curie, físico especializado, entre otros campos, en magnetismo y piezoelectricidad, que acabaría convirtiéndose tanto en su marido como en su principal colaborador científico.

Marie disponía de una herramienta crucial: un electrometro extraordinariamente sensible desarrollado por Pierre Curie y su hermano Jacques, capaz de medir las débiles corrientes eléctricas producidas cuando la radiación ionizaba el aire. En lugar de limitarse a observar placas fotográficas, Marie podía cuantificar la intensidad de la radiación.

Y pronto apareció una primera sorpresa. El torio también emitía radiación. Eso sugería que el fenómeno no era exclusivo del uranio y llevó a Marie a formular una idea decisiva: la capacidad de emitir aquella radiación debía depender de los propios átomos del elemento y no simplemente de su forma química o molecular.

Fue Marie quien popularizó el término «radiactividad» para describir aquella propiedad. Pero el hallazgo más intrigante apareció al estudiar la pechblenda, un mineral rico en uranio. La pechblenda era considerablemente más radiactiva que el uranio puro. Si el uranio era el único responsable del fenómeno, aquello no tenía sentido. Tenía que haber dentro del mineral alguna otra sustancia desconocida y muchísimo más activa.

Marie y Pierre emprendieron entonces un trabajo físicamente extenuante: triturar, disolver, hervir y separar enormes cantidades de mineral para concentrar componentes presentes en proporciones diminutas. En 1898 anunciaron dos nuevos elementos: primero el polonio, bautizado en homenaje a la Polonia natal de Marie, y después el radio. Ambos mostraban una actividad extraordinaria. El átomo ya no podía seguir considerándose un bloque silencioso e inmutable.

Marie Curie trabajando en su laboratorio hacia 1900 con instrumental destinado a medir las débiles corrientes eléctricas producidas por sustancias radiactivas.

Por qué 3 científicos compartieron el Nobel de Física de 1903

La Real Academia Sueca de Ciencias decidió repartir el premio de una forma muy precisa. Henri Becquerel recibió la mitad del Nobel por el descubrimiento de la radiactividad espontánea; Pierre y Marie Curie compartieron la otra mitad por sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de radiación descubiertos por Becquerel. Era la tercera edición del Nobel de Física.

La concesión tuvo además una historia significativa. Marie Curie estuvo inicialmente ausente de una de las propuestas de nominación, en la que aparecían Becquerel y Pierre Curie. Cuando Pierre tuvo conocimiento de esa posibilidad, escribió que, si realmente se estaba considerando premiarle, deseaba ser asociado a Madame Curie por sus trabajos comunes sobre los cuerpos radiactivos. Finalmente los tres compartieron el galardón y Marie se convirtió en la primera mujer en obtener un Premio Nobel.

Los Curie no pudieron viajar inmediatamente a Estocolmo debido a obligaciones docentes y problemas de salud. Pierre pronunció finalmente la conferencia Nobel en junio de 1905, y aquella intervención resulta hoy extraordinaria porque no solo describió qué era el radio: también intuyó algunas de las consecuencias que tendría manipular materiales capaces de emitir enormes cantidades de energía y radiación.

Contó, por ejemplo, que una pequeña cantidad de sal de radio transportada durante horas en un bolsillo podía no provocar ninguna sensación inmediata. Quince días después, sin embargo, podía aparecer una lesión cutánea difícil de curar; exposiciones más prolongadas podían causar daños todavía más graves. Era una advertencia temprana sobre los efectos biológicos de las radiaciones ionizantes.

Pero había algo todavía más profundo. Pierre Curie se preguntó si el radio podía convertirse en un peligro deliberado y recordó que los explosivos de Nobel habían permitido realizar trabajos extraordinarios, pero también podían convertirse en armas. La ciencia, comprendía Curie, no llevaba incorporada una intención moral: el uso dependía de quienes recibieran aquel conocimiento.

La historia posterior amplificaría aquella pregunta de una manera que ninguno de los tres podía imaginar en 1903. La radiactividad contribuiría a revelar el núcleo atómico, permitiría desarrollar tratamientos contra el cáncer, técnicas de diagnóstico, sistemas de datación y nuevas fuentes de energía. También abriría el camino hacia las armas nucleares.

Marie Curie continuó trabajando después de la muerte de Pierre en 1906 y recibió en 1911 un segundo Nobel, esta vez de Química, por el descubrimiento del radio y el polonio, el aislamiento del radio y el estudio de sus propiedades. Se convirtió así en la primera persona de la historia en recibir dos Premios Nobel. Todo había comenzado, sin embargo, con una placa fotográfica que jamás debía haberse impresionado.

© National Geographic España

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Ana Pérez Ballesta: “Había un mito de que la copita de vino era buena para el corazón"

Especializada en Medicina Familiar y Comunitaria, la Dra. Ana Pérez Ballesta comenzó hace unos años su cuenta en redes sociales con un objetivo muy claro: responder las típicas preguntas que un paciente haría en una consulta de atención primaria. Rápidamente encontró que había un público interesado en su contenido y superó los 178 mil seguidores. Ahora traslada su formato a su nuevo libro que se llama “Doctora, una pregunta”.

Con rigurosidad científica, desmonta mitos, brinda consejos prácticos y ofrece una visión integral de la salud. Pero no pierde de vista que su contenido no debe considerarse un consejo médico: “Siempre que me llega un mensaje con alguna consulta personal intento explicar que las redes sociales no son una herramienta para atender problemas de salud y que es importante acudir a los médicos que lo valoran en consulta”, cuenta a National Geographic.

Pregunta. Dices en el libro que hay consultas que los pacientes no se atreven a hacer. ¿Cuáles son?

Respuesta. Los temas ginecológicos, escatológicos e intestinales. También a muchos les da vergüenza preguntar sobre alguna cosilla que dice el médico para no ser pesados o quedar mal. ¿Algo no te ha quedado claro? ¿Ha sido un poco técnico? ¿No lo has entendido?

P. ¿Qué perfil de usuario es el que más te escribe?

R. Mujeres de 35 a 55 años.

P. ¿Por qué crees que es?

R. Yo creo que es algo que nos queda de la sociedad de antes de que la mujer lleva todo en la casa: la salud de los niños y de sus padres y la receta del marido. La función de la cuidadora casi siempre ha sido una mujer y creo que seguimos un poco en esa tendencia. Sí hay hombres, pero el 75% del público son mujeres.

P. ¿Es positivo estar tan informado sobre temas de salud o puede llegar a convertirse en un problema?

R. Tengo claro que puede convertirse en un problema. Todos estamos intentando aportar algo positivo, pero si entras a las redes sociales y solo ves cosas de salud, cómo estar mejor, cómo optimizar tu longevidad y qué suplementos tomar, te puede terminar obsesionado o agobiando. Lo perfecto es enemigo de lo bueno. Es mucho mejor hacer tus cositas lo mejor que puedas antes que intentarlo perfecto y al final no hacerlo.

P. En el libro hablas de hábitos saludables que ayudan a prevenir muchas enfermedades. ¿Cuáles son los más importantes?

R. El que más beneficios aporta es el ejercicio. Nuestro cuerpo evolutivamente está hecho para el movimiento y no para estar sentado todo el día en la oficina, en el coche y en casa. Se han hecho estudios en que una persona con obesidad que hace ejercicio puede tener mejor salud que una persona sin obesidad que no se mueve. Luego, por supuesto, la alimentación. Hay opciones muy buenas que no requieren cocinar demasiado: una conserva de legumbres, una verdura congelada sin aditivos o reducir lo posible el alcohol y el tabaco.

P. En uno de tus últimos vídeos hablas del alcoholismo. ¿Es un problema oculto?

R. La ‘cervecita’ diaria está muy interiorizada y va sumando hasta que la sumatoria de litros por mes es una barbaridad. Puede empeorar nuestra salud más de lo que creemos. Hace años había un mito de que la copita de vino era buena para el corazón. Pues no es verdad. Porque, aunque tenga compuestos antioxidantes, para que hagan efecto habría que consumir muchísimos litros de vino al día. Y no lo compensaría por el daño que provoca al corazón o el riesgo de cáncer.

P. ¿Se ven más trastornos vinculados a los alimentos hoy en día?

R. Se observan trastornos mal definidos o cuyo diagnóstico resulta especialmente difícil de establecer. Una gran parte es el estilo de vida que llevamos: comemos corriendo y mal, vamos estresados a todas partes… al final, todo ese estrés se traduce en que nuestro cuerpo deja de prestar atención a funciones más básicas para gestionarlo, como puede ser la digestión. La digestión es algo muy básico, pero si nuestro cuerpo está en modo supervivencia todo el día, pues no está pensando en eso. Cuando vivimos la mayor parte del tiempo estresados, esas funciones que pasan de forma temporal a un segundo plano, pues quedan en un segundo plano de forma permanente. Eso genera muchos problemas.

R. También hay un tema con lo medicalizada que está la vida. Para cualquier problema queremos una pastillita o una solución rápida y eso puede tener un efecto secundario en nuestro cuerpo y sistema digestivo. Por ejemplo, con el Ozempic que es un tratamiento fantástico para la diabetes y la obesidad, pero si no está bien indicado puede tener un efecto rebote.

P. Lo planteas en el libro con el resfrío y los antibióticos.

R. Claro. El 90% de los catarros son causados por virus y los antibióticos son una respuesta a bacterias muy concretas. Pues no sirve de nada tratar un virus con un antibiótico porque el catarro se va a curar igual en una semana, que es el plazo normal en que una infección se resuelve.

P. ¿Hay muchas personas con malos hábitos?

R. Depende mucho de la población y cómo se viva. En mi experiencia cambia mucho según tu comunidad. Cuanto más accesible es el tema del deporte o si hay un tema de centro de mayores que promueve actividades, esa población va a tener hábitos mejores. La compañía también es muy importante. La población rural tendrá otros beneficios por el contacto con la naturaleza, pero a lo mejor no tiene acceso a eso.

P. En el desarrollo de las enfermedades, ¿qué peso tienen la genética y nuestros hábitos de vida?

R. El peso de la genética es menos importante de lo que pensamos. Nuestros hábitos llevan la mayor parte. Por ejemplo, una diabetes tipo 2 va muy influenciada por lo que hicimos a lo largo de la vida. Un niño con sobrepeso va a tener mucha más predisposición. A veces dicen ‘No, es que mi madre es diabética’ y en realidad es que tu madre tenía los mismos hábitos. Pero no siempre podemos explicarlas por hábitos o genética porque varía mucho según la enfermedad.

P. ¿Cuál es el bulo por el que más te consultan?

R. Uno típico es el protector del estómago. Me dicen ‘doctora, mándame uno porque tomo mucha medicación’. Hay mucho marketing detrás de estos productos que todo el mundo conoce y solo protegen en casos de algunas enfermedades concretas, como una úlcera en el estómago. En el resto de los casos, la utilidad es poca.

© Cedida

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El océano se está volviendo más azul a causa de El Niño, y no es una buena noticia

El océano no siempre es tan azul como parece desde la orilla. En algunas de sus regiones, una multitud de organismos microscópicos tiñe el agua de verde y sostiene buena parte de la vida marina. En cambio, las últimas observaciones por satélite del Pacífico ecuatorial revelan un cambio de tonalidad que va más allá de lo estético.

La transformación coincide con el episodio de El Niño que atraviesa el planeta este año. Este fenómeno, caracterizado por un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico tropical, altera los vientos y la circulación oceánica, dificultando que lleguen nutrientes a la superficie.

EL FENÓMENO QUE DESAFÍA EL CLIMA

Una de las señales tempranas de El Niño apareció en enero de 2026, cuando los satélites detectaron una onda Kelvin cerca de Micronesia. Se trata de un pulso de agua cálida capaz de recorrer miles de kilómetros y transportar calor a través del océano, como una corriente invisible que modifica las condiciones marinas a su paso.

Cuando estas aguas más cálidas avanzan hacia el este, también alteran la atmósfera que tienen encima. Los vientos alisios, que normalmente empujan las aguas superficiales desde América hacia Asia, se debilitan e incluso pueden cambiar de dirección. Este mecanismo favorece un calentamiento adicional y contribuye a reforzar el fenómeno.

Récord histórico

Las mediciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirman la intensidad del episodio. En su informe más reciente, la agencia señala que las temperaturas superficiales en algunos sectores del Pacífico ecuatorial oriental superaron en más de 4 °C los valores habituales. La NOAA estima en un 83 % la probabilidad de que el episodio alcance una intensidad histórica durante el periodo de octubre a diciembre.

Para observar esta transformación, la NASA ha recurrido a PACE, un satélite diseñado para estudiar el plancton, los aerosoles y las nubes. Su instrumento de color oceánico registra distintas longitudes de onda de la luz, lo que permite detectar variaciones sutiles en el agua que resultarían imperceptibles a la vista. Al comparar las mediciones con el año anterior, los científicos se dieron cuenta de que aparece más azul y menos verde.

La explicación está en el fitoplancton, un conjunto de organismos microscópicos que incluye miles de especies y que realiza la fotosíntesis, como las plantas terrestres. Su abundancia influye en el color del mar: determinadas concentraciones de estos organismos y de sus pigmentos verdes modifican la luz que refleja el agua. Cuando disminuyen, el océano puede adquirir una tonalidad más azulada.

¿Por qué sucede esto?

El fitoplancton prospera cuando dispone de luz y de nutrientes disueltos en el agua. En condiciones habituales, los vientos favorecen el ascenso de aguas profundas, más frías y ricas en estos compuestos, hacia las capas superficiales donde crecen los organismos fotosintéticos. Este proceso, conocido como afloramiento, funciona como un suministro natural de alimento para buena parte de la vida microscópica del océano.

Durante El Niño, el debilitamiento de los vientos alisios reduce ese aporte de nutrientes en determinadas regiones del Pacífico. Con menos recursos disponibles, las poblaciones de fitoplancton pueden disminuir. La NASA advierte que este descenso puede desencadenar efectos en cascada en la red trófica marina: “Los organismos que se alimentan de plancton pueden encontrar menos comida y desplazarse hacia otras zonas en busca de mejores condiciones”.

El cambio de tonalidad observado desde el espacio se convierte así en una señal para vigilar la salud del ecosistema. El fitoplancton ocupa una posición fundamental en la base de la cadena alimentaria marina, de la que dependen numerosos peces y otros animales. Aunque las imágenes no permiten concluir por sí solas cuánta vida ha desaparecido ni medir todas las consecuencias ecológicas, sí muestran cómo un fenómeno atmosférico puede alterar las condiciones de las que depende la vida bajo la superficie.

© iStock

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Rosa Krajmalnik-Brown, microbióloga: "La digestión es una colaboración entre nuestro cuerpo y billones de microbios"

Un equipo de científicos ha confirmado que la microbiota intestinal puede modificar las calorías que aprovechamos de los alimentos: una dieta rica en fibra permitió absorber unas 116 calorías menos al día que una alimentación occidental convencional, según un ensayo clínico controlado.

El descubrimiento revela una dimensión poco conocida de nuestra alimentación, que dos dietas no proporcionan necesariamente la misma energía aprovechable, aunque sus calorías calculadas sean similares. La diferencia depende, entre otros factores, de lo que sucede en el intestino, donde billones de microorganismos transforman parte de los nutrientes que consumimos.

Detrás de este avance se encuentra un equipo de la Universidad Estatal de Arizona, con la participación de la microbióloga Rosa Krajmalnik-Brown. Su investigación, publicada en PLOS ONE, propone una nueva forma de entender la digestión: nuestro organismo no trabaja solo, sino acompañado por un ecosistema microscópico que participa en nuestro metabolismo.

Las 116 calorías que revelan un secreto de nuestro intestino

Durante más de un siglo, el cálculo de las calorías ha descansado principalmente sobre los factores de Atwater, que atribuyen aproximadamente cuatro kilocalorías por gramo a las proteínas y los hidratos de carbono, y nueve a las grasas. Pero esta fórmula no describe todas las transformaciones que experimentan los alimentos dentro del organismo.

La prueba llegó de un ensayo clínico publicado en Nature Communications, cuyos resultados sirvieron de base para el nuevo estudio. Los investigadores compararon dos patrones alimentarios: uno rico en fibra y almidón resistente, diseñado para favorecer la actividad microbiana, y otro semejante a la dieta occidental, con más alimentos procesados y menos fibra.

La diferencia fue sorprendente. Los participantes absorbieron aproximadamente 116 calorías diarias menos con la dieta favorable a la microbiota. Además, no manifestaron un aumento del hambre, pese a aprovechar menos energía de los alimentos.

Sin embargo, este resultado no significa que consumir fibra garantice perder peso. La investigación identifica diferencias en la absorción energética bajo condiciones controladas, no una estrategia universal de adelgazamiento. También influyeron características de los alimentos, como su procesamiento y estructura física.

Así pues, si las bacterias intestinales pueden modificar la energía que absorbemos, ¿hasta qué punto las calorías de una etiqueta reflejan lo que realmente aprovechamos?

El inesperado papel de las bacterias

Para comprenderlo, los científicos desarrollaron DAMM, un modelo matemático cuyo nombre procede de las palabras inglesas digestión, absorción y metabolismo microbiano. Su principal innovación consiste en incorporar explícitamente la actividad de los microorganismos intestinales al balance energético humano.

Cuando comemos, una parte de los nutrientes se absorbe en el intestino delgado. Sin embargo, otros componentes, especialmente determinadas fibras y almidones resistentes, llegan al colon. Allí comienza una segunda transformación: los microorganismos fermentan sustancias que nuestras enzimas digestivas no pueden descomponer por completo.

Durante este proceso se generan ácidos grasos de cadena corta, compuestos que pueden atravesar la pared intestinal y proporcionar energía al organismo. Según las estimaciones del modelo, estos productos microbianos aportaron aproximadamente 140 kilocalorías diarias, equivalentes al 7,4 % de la energía aprovechable.

Pero aunque la dieta rica en fibra favoreció la producción de estos compuestos, sus participantes absorbieron menos calorías totales. La explicación está en que la energía recuperada gracias a los microbios no compensó las diferencias de absorción registradas en otras etapas digestivas.

El modelo también mejoró las predicciones energéticas respecto al sistema tradicional: el ajuste estadístico pasó del 88 % al 96 % en los datos analizados. La microbiota deja así de ser una variable invisible para convertirse en una pieza cuantificable del metabolismo.

Hacia una nutrición personalizada: por qué tu microbiota importa

Para Krajmalnik-Brown, directora del Centro Biodesign para la Salud a través de los Microbiomas, el mensaje es claro: la digestión constituye una colaboración entre nuestras células y billones de microorganismos intestinales. Estos pequeños habitantes no solo aprovechan los restos de nuestra alimentación; también generan sustancias que nuestro cuerpo puede utilizar.

El avance abre posibilidades para investigar la obesidad, la diabetes y otros trastornos metabólicos. En el futuro, la composición de la microbiota podría ayudar a diseñar recomendaciones nutricionales más individualizadas, teniendo en cuenta no solamente qué comemos, sino cómo lo procesamos.

No obstante, DAMM sigue siendo una herramienta de investigación. Necesita evaluarse en poblaciones más diversas y bajo diferentes condiciones alimentarias. Todavía no permite calcular con precisión cuántas calorías absorberá una persona concreta ni sustituye las recomendaciones nutricionales actuales.

© Erika Gronek/ASU

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Así es vivir una DANA en primera persona: "Ya sin opciones de escapar de la casa, la idea es primar el rescate"

‘Esta DANA me ha tocado’ podría ser la frase que dirían a un articulista al que le asignan cubrir el desastre y trasladarlo al papel, en este caso virtual, para que llegue a miles de personas. Pero hoy cobra un sentido mucho más literal. Las lluvias torrenciales que han afectado el litoral sur de Valencia y el norte de Alicante han descargado su furia mientras visitaba a mis padres, oriundos de Oliva. Me ha tocado el agua, me ha tocado el frío y ahora me toca vivir, como a muchas otras personas, la lenta vuelta a la normalidad.

El escenario fue terrorífico, un evento en el que la adrenalina y la desesperación anularon parte de nuestro juicio y nos tuvieron en vilo desde que sonó la última alarma del sistema Es-Alert hasta que nos rescató la Unidad Militar de Emergencias casi cuatro horas más tarde. Ahora, un día tras el desastre, cuando ya han comenzado las limpiezas, no puedo evitar que brote en mí una sensación agridulce por aquellas acciones que podría haber hecho antes, durante y después.

Te voy a contar de primera mano el minuto a minuto, cómo fue vivirlo desde dentro, qué hice y, sobre todo, qué debería haber hecho. Espero que, si alguien tiene la desgracia de encontrarse en una situación similar en el futuro, pueda salvar sus pertenencias y, sobre todo, su vida y la de sus seres queridos. Aunque suene a tópico, estas cosas te cambian, y espero que sea para bien.

Cocinando un desastre

700 litros de agua por metro cuadrado en unos pocos y furiosos episodios son más de lo que casi cualquier infraestructura puede soportar. Incluso aquellas que se encuentran en áreas en las que las inundaciones son frecuentes y están relativamente preparadas para ello. Hace más de 15 años, raro era el verano en el que la zona de la playa de Oliva no se inundaba con las fuertes tormentas de agosto. En mi memoria tengo recuerdos de la calle de delante de casa completamente anegada, y de jugar con las olas que se levantaban y que rompían en el escalón que elevaba la vivienda de la acera. Pero, en cierto momento, arreglaron la calle, mejoraron el alcantarillado y las aguas ya siempre iban, encauzadas, hasta el mar.

El día 18 fue distinto.

Por la tarde llovió fuerte, tan fuerte que por primera vez en mucho tiempo pude comentarles a mis padres que el nivel del agua estaba subiendo en la calle. Comenzamos a rememorar escenas de pequeños, que estaba pasando ‘como antes’ y que después podríamos ir a recoger cangrejos con el gamusino, al igual que cuando tenía 10 años. Algunos contenedores flotaron y se desplazaron varios metros, pero en cuanto dejó de llover, la calle quedó completamente seca. Tanto, que nos acercamos a ver el mar a las 9 de la noche, porque se oían sus rugidos.

Apenas 45 minutos después de esa foto, la lluvia volvió más fuerte, con vientos huracanados que zarandeaban las palmeras y tiraban macetas. Los comentarios cambiaron de tono, ya no era un ‘como antes’ sino más bien ‘nunca habíamos visto una tormenta así’ y apareció la congoja. Nos quedamos en casa, viendo la lluvia, y deseando que parara pronto, pero no paró. Alrededor de las 2 de la madrugada el sueño pudo más que otras sensaciones y cada uno se fue a su habitación a descansar.

Crónica de los primeros momentos

A las 5:14 de la madrugada nos despertó la alarma de Protección Civil. Anunciaba que no nos desplazáramos, que nos quedáramos en nuestras casas, y que subiésemos a pisos altos si disponíamos de uno. No era nuestro caso. Media hora después, el agua empezó a filtrarse lentamente por la puerta de la entrada.

Nuestra puerta es de metal, relativamente estanca, y cuenta con una pequeña ventana traslúcida que va desde el techo hasta el suelo. Esa ventana nos permitía ver que, en la terraza, situada a unos 50 centímetros sobre el nivel de la calle, había un palmo más de agua que en el interior de la casa y seguía subiendo. El miedo volvió de golpe, y la adrenalina nos empujó a tratar de salvar todo lo posible.

Comenzamos metiendo las sábanas por debajo del colchón para que no colgaran, y poniendo las mesitas de noche de contrachapado encima de la cama para evitar que se hinchara la madera. Mientras hacíamos esto, a mi madre se le ocurrió que los bajos de las puertas también podrían hincharse, así que las desencajamos y las colocamos encima del colchón.

Una vez hecho el esfuerzo, fuimos por las habitaciones, elevando aparatos eléctricos y zapatos de debajo de las camas, colocándolos en todos los lugares que se nos ocurrieron. Según pasaba el tiempo, el agua seguía subiendo, así que les sugerí a mis padres una idea que ya no parecía tan disparatada: preparar lo indispensable por si tenían que evacuarnos.

Qué hicimos mientras el agua seguía subiendo

Una mochila cada uno, tres mudas limpias, dos pantalones, dos camisetas, documentación, dinero en efectivo, aparatos electrónicos, y un neceser de aseo básico. Además, sería conveniente cambiarnos a una ropa más adecuada. Decidimos que serían unas chanclas con sujeción en el tobillo, bañador, camiseta y sudadera para mantener el calor. Con todo esto se hicieron las 7:30 y el agua ya nos llegaba a media pierna. Fuera de casa seguía habiendo un palmo más de agua.

Finalizada esta última acción coordinada, comenzaron las escenas más caóticas. Cada uno iba avanzando por la casa por su cuenta tratando de hacer lo que se le ocurría. El agua llegó a los colchones. De cuando en cuando nos asomábamos a la ventana. Continuaba lloviendo; fuera seguía aquel palmo más de agua. Los vecinos de enfrente cruzaron la calle agarrados, con agua que les llegaba por la cintura para llegar a un edificio con dos plantas al que otros vecinos les ofrecieron subir. Nosotros no nos atrevimos a salir de casa.

Alrededor de las 8, con el agua casi por las rodillas, nos subimos a las encimeras de la cocina. Nos secamos los pies, que llevaban tres horas húmedos y nos transmitían una sensación desagradable. Ya nos quedamos allí. No llovía. Fuera seguía habiendo más agua, pero ya ‘sólo’ eran tres dedos. Les dije a mis padres que se quedaran; yo haría las comprobaciones del agua. Los colchones ya estaban completamente sumergidos, las puertas y las mesillas de noche acabaron empapadas.

Sobre las 9 de la mañana tuve la sensación de que la casa estaba reteniendo el líquido dentro, así que abrí levemente la puerta. Una ligera corriente se llevaba el agua más clara del interior hacia la zona con más sedimentos del exterior. Salí, los muros retenían el agua. Todo el terreno era una enorme piscina. Grité a los vecinos para saber cómo estaban. Todos bien. Todos a salvo. Nuestra casa era la de menor altura. Media hora más tarde apareció, sin nosotros haber llamado a emergencias, un camión de la Unidad Militar. Vinieron y nos sacaron. En la calzada, el agua nos llegaba a mitad del pecho.

Echamos un último vistazo a nuestra caseta y localizamos nuestros coches sumergidos. Dentro del vehículo pusieron la calefacción ‘a tope’, como repitió varias veces un militar de Cartagena, y nos llevaron al punto de encuentro, donde nos ofrecieron ropa y bebida. Las dejamos para otras personas menos afortunadas, teníamos lo necesario.

¿Qué deberíamos haber hecho?

Después del cúmulo de situaciones todo está mucho más claro. La respuesta es, simple y llanamente, irnos. En cuanto llegaron las alertas del día 17 deberíamos haber acudido a la caseta, tomado lo imprescindible, preparado el mobiliario y habernos desplazado a cualquier otro lugar. Fue una visita que pudo alargarse con ellos viniendo a mi hogar de alquiler. Si no, podríamos haber acudido a casas de amigos y familiares que viven fuera de la zona de alerta por una noche. Esa habría sido la mejor de las ideas.

Pero una vez sin posibilidad de huir de la localidad, tuvimos algunos aciertos y muchos fallos. En este caso, la mejor opción debería haber sido de nuevo acudir a la solidaridad y subir a las viviendas de los vecinos que habitaban edificios con varias plantas muchos dispuestos y encantados de acogernos durante la noche. De este modo, habríamos estado más seguros ya que lo importante en estos casos es primar la supervivencia.

Ya sin opciones de escapar de la casa, la idea es primar el rescate. La mochila es imprescindible para los rescates, y subir las mesitas y desencajar las puertas fueron buenas ideas. Lamentablemente, el modo de proceder no fue el más adecuado, puesto que se acabaron empapando igual. Si las hubiéremos apilado todas sobre la misma cama y hubiésemos colocado los muebles en la parte superior, podrían haberse salvado.

Aunque el error que más he lamentado mientras realizábamos las limpiezas es no subir más objetos a lugares elevados. Muchos cajones se quedaron sin abrir, y en ellos se han remojado muchas prendas de ropa y recuerdos que podrían haberse salvado con un gesto muy simple: consistía en bajar los edredones que suelen estar en la zona superior de los armarios y haberlos dejado allí. Un edredón se puede limpiar, muchos recuerdos no. Además, habría sido muy sencillo de llevar a cabo, los propios cajones las zonas inferiores de los armarios se pueden desencajar y servir como pequeños contenedores improvisados. Y ya como colmo de lo absurdo de cosas que no hicimos, deberíamos haber llamado a emergencias para que nos tuviesen localizados, no depender de la suerte y de que pasaran por ahí.

Pero en el sinfín de realidades que podrían haber acontecido si hubiésemos actuado de manera distinta, en esta estamos todos vivos y a salvo, algo por lo que estoy inmensamente agradecido. Espero, de todo corazón, que estas vivencias puedan ayudar a alguien en el futuro, y que sirvan para que, si ocurre una desgracia de magnitud similar, se puedan salvar pertenencias, pero, sobre todo, vidas. El clima ya no es el que era, ahora puede crear monstruos impredecibles para los que no sabemos si existe preparación posible.

Aprovecho este pequeño altavoz para dar las gracias a la Unidad Militar de Emergencias, a Protección Civil, a policías, personal sanitario, unidades de bomberos, pilotos de helicópteros, a los que enviaron las alertas, al gabinete encargado de la evacuación y a todas las personas que, voluntariamente, donan su tiempo, manos y enseres para ayudar a los demás. Tras un evento como el vivido en el litoral valenciano, la gente demuestra ese rasgo tan humanos que nos ha llevado a ser tan grandes: la solidaridad.

© iStock

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El regreso

La Plaza de San Pedro volvió a llenarse de aplausos con la reaparición del papa León XIV, que retomó sus actos públicos tras la operación a la que fue sometido para extirpar un adenocarcinoma pulmonar. El pontífice de 71 años regresa progresivamente a su agenda y continúa la recuperación en el Vaticano, a la espera de que se confirme su agenda internacional planificada para las próximas semanas. Desde la ventana saludó a los fieles y llevó adelante la celebración. 

© Cordon Press

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El cometa del que nacen las Oriónidas: 15 km de largo y 220.000 millones de toneladas de peso

Cada otoño, los entusiastas del cosmos aguardan la llegada de una de las más impresionantes lluvias de estrellas del año. Hablamos, cómo no, de las Oriónidas, que en 2026 se pueden apreciar desde el 2 de octubre hasta el 7 de noviembre y que destacan por su notable rapidez al ingresar en la atmósfera terrestre a unos 66 kilómetros por segundo. Este espectáculo astronómico alcanza una tasa de actividad moderada, pero muy llamativa, registrando habitualmente entre 15 y 70 meteoros por hora a lo largo de sus noches más activas.

Para aquellos que buscan disfrutar de esta lluvia de estrellas desde latitudes cercanas a los 40º norte, el radiante se ubica sobre el horizonte a partir de la medianoche. El pico máximo de mayor intensidad transcurre durante la jornada del 21 de octubre, si bien se pueden apreciar picos secundarios en las noches anteriores y posteriores. El momento más propicio se da en la segunda mitad de la noche, aprovechando que la Luna se oculta hacia las 3:00 horas tras haber cruzado la fase de creciente.

Ahora bien, detrás de este destello nocturno se encuentra una estructura celeste verdaderamente colosal que ejerce como cuerpo progenitor. Las Oriónidas nacen de los fragmentos desprendidos por el legendario cometa Halley, denominado oficialmente como 1P/Halley por la comunidad científica. Este astro helado de 15 km de largo por 8 km de ancho y alto, con una peculiar silueta en forma de cacahuete, va liberando polvo y material a medida que completa su recorrido por el espacio interestelar.

A pesar de su brillo aparente al contemplarse desde nuestro planeta, el núcleo presenta un comportamiento de cuerpo negro con un albedo del 4%, similar al carbón. Su masa alcanza unos 220.000 millones de toneladas (2.2 × 1014 kg) y cuenta con una densidad aproximada de 0.6 g/cm³. Al aproximarse al perihelio, la radiación solar eleva las temperaturas superficiales hasta rozar los 77 °C, desencadenando la sublimación de los hielos y generando una gigantesca coma de gas y polvo que se despliega por millones de kilómetros.

Historia y órbita del cometa Halley

El registro histórico de este objeto se remonta a épocas antiguas, existiendo crónicas documentadas por astrónomos desde al menos el año 239 a. C. Diversos anales realizados por observadores chinos, babilónicos y europeos medievales en 1066 dejaron constancia de sus pasos. Sin embargo, no fue hasta 1705 cuando el astrónomo británico Edmund Halley calculó su órbita periódica de 76 años en promedio, prediciendo su retorno tras verificar coincidencias en los avistamientos de 1531, 1607 y 1682.

La trayectoria de este cuerpo celeste resulta sumamente elíptica, variando desde un perihelio cercano a 0.6 UA hasta un afelio distante de 35.3 UA, en las inmediaciones de Plutón. Adicionalmente, posee una órbita retrógrada con una inclinación de 18° respecto a la eclíptica, desplazándose en sentido opuesto al resto de los planetas. Su núcleo completa una rotación cada 52 horas, liberando emanaciones compuestas principalmente por un 80% de vapor de agua, un 17% de monóxido de carbono y trazas de hidrocarburos.

Exploración espacial del núcleo cometario

La aproximación registrada en 1986 marcó un hito histórico al convertirse en el primer cometa estudiado de cerca por flotillas espaciales. La bautizada como Halley Armada, integrada por sondas internacionales como Giotto, Vega 1 y 2, Suisei, Sakigake e ISEE-3/ICE, obtuvo las primeras imágenes directas de su núcleo. Dichas observaciones revolucionaron la astronomía al confirmar parcialmente la hipótesis del modelo de bola de nieve sucia planteada por Fred Lawrence Whipple.

Estos análisis permitieron comprender que la superficie exterior está cubierta predominantemente por una capa oscura de polvo y material no volátil que retiene el calor. Tras este último paso cercano en el siglo XX, la astronomía moderna ya anticipa el siguiente encuentro con el interior del sistema solar. La próxima reaparición del astro frente a la Tierra está prevista para el año 2061, cuando volverá a ofrecer un espectáculo único observable a simple vista.

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Los elefantes podrían tener conversaciones en grupo

Un equipo de investigadores ha analizado cientos de vocalizaciones de elefantes salvajes y ha descubierto que aproximadamente el 60 % de estos sonidos aparece en lo que han llamado “coros grupales”. Y esos coros contienen información sobre lo que está haciendo la familia y sobre sus interacciones sociales.  Para estudiarlo, analizaron 902 grabaciones de 84 elefantes pertenecientes a 39 familias del parque nacional de Amboseli, en Kenia. Algunas grabaciones procedían de periodos separados por décadas, entre 1986 y 2022. 

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Diseñan un test visual para detectar demencias precozmente

En el mundo, 47 millones de personas viven con demencia. Y se espera que para el año 2.050 esa cifra aumente a 131 millones. Esta patología tiene su origen en distintas dolencias o lesiones que afectan al cerebro. Según la OMS, la forma más común de demencia neurodegenerativa es el Alzheimer (60%-70% de los casos); la segunda es la enfermedad por cuerpos de Lewy, en la que se producen depósitos anómalos de la proteína alfa-sinucleína (cuerpos de Lewy) dentro de las neuronas.

La enfermedad por cuerpos de Lewy incluye dos entidades: la demencia asociada a la enfermedad de Parkinson y la demencia con cuerpos de Lewy (stricto sensu). Ambas se agrupan en la misma categoría por relacionarse con anomalías en alfa-sinucleína. La principal diferencia es la aparición de los síntomas: en la demencia por enfermedad de Parkinson comienzan primero los problemas de movimiento y luego los problemas cognitivos; y en la demencia con cuerpos de Lewy es al revés.

El cómico y actor Robin Williams fue diagnosticado erróneamente de enfermedad de Parkinson tres meses antes de su suicidio el 11 de agosto de 2014, pero la autopsia reveló que padeció realmente demencia con cuerpos de Lewy.

Debido a que la importancia del Alzheimer es indiscutible, las enfermedades por cuerpos de Lewy reciben poca atención. Así, suelen existir errores en el diagnóstico, un problema que ha tratado de subsanarse en los últimos 10 años. Recientemente, una nueva investigación (septiembre de 2026) ha propuesto pruebas visuales para un diagnóstico precoz, ya que las alucinaciones visuales y las alteraciones visoperceptivas son características en ambos síndromes.

medidas visuales novedosas

Las enfermedades por cuerpos de Lewy parecen estar infradiagnosticadas en la práctica clínica debido a que su evaluación es problemática.  puramente visoperceptivas,. Y las tareas requerir una respuesta motora, como dibujar un reloj, presentan "efecto suelo" y "efecto techo" (muy difíciles o muy fáciles), además de pruebas neuropsicológicas clásicasLas como el Juicio de Orientación de Líneas de Benton, aunque pueda resolver la confusión motora, también sufren "efecto techo".

. este estudio ha ofrecido una alternativaPor ello, En él participaron 53 pacientes, 26 con alguna de las dos enfermedades por cuerpos de Lewy y 27 con enfermedad de Parkinson cognitivamente sin síntomas (confirmado por familiares). Y, para esclarecer las conclusiones, clasificaron a la muestra de 26 pacientes según el estado de sus alucinaciones e incluyeron 29 pacientes con enfermedad de Alzheimer típica (problemas iniciales de memoria) como grupo comparativo.

Cada participante realizó distintas pruebas neuropsicológicas clásicas. Y aplicaron en la evaluación, además, las nuevas tareas de percepción visual que diseñaron ad hoc: un test de "imagen borrosa en gradiente", cuyo objetivo era reconocer una imagen a través de presentaciones sucesivas con distintos niveles de degradación (de más a menos); y una prueba de simultagnosia en la que debían identificar un dígito (del 0 al 9) oculto entre ruido negro aleatorio. 

Los resultados mostraron que los problemas visuales eran peores en las personas con enfermedad por cuerpos de Lewy que en las que padecían Alzheimer. Además, indicaron que aquellas personas con enfermedad por cuerpos de Lewy están que aquellas sin antecedentes, corroborando que las alucinaciones significativamente peores obtuvieron resultados antecedentes de alucinacionescon  estrechamente relacionadas con dificultades en el procesamiento visual.

". El mundo no es lo que pienso, sino lo que vivo"Merleau-Ponty, «Fenomenología de la percepción» (1945)

Es más, encontraron que las alteraciones visoperceptivas eran detectables incluso en pacientes cognitivamente sin síntomas. Estos hallazgos demostrarían que estas nuevas pruebas pueden detectar los primeros signos de alteración cognitiva incipiente en la demencia con cuerpos de Lewy, pero también en personas con enfermedad de Parkinson que aún no eran conscientes de que estaban desarrollando problemas de procesamiento visual. En el futuro, nuevos estudios (longitudinales) deberán expandir los límites de estas interesantes conclusiones.

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Cuatro fotógrafos españoles brillan en los Pano Awards

La fotografía española ha dejado una huella destacada en la edición de este año de los Epson International Pano Awards, uno de los certámenes más prestigiosos del mundo dedicados a la fotografía panorámica. Nada menos que cuatro fotógrafos españoles han sido reconocidos entre los ganadores de distintas categorías: Daniel Viñé García, Mikel Iraeta, Tomás Sánchez Ruiz y Sebastián Cantos Navalon, demostrando la enorme calidad y diversidad de la escena fotográfica nacional. 

Desde paisajes andinos y cielos estrellados hasta auroras boreales, arquitectura monumental y complejas composiciones aéreas, destacan tanto por su excelencia técnica como por su capacidad para transmitir emoción y contar historias.

© Daniel Viñé Garcia, España

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El hallazgo inesperado que revela una región casi inexplorada del sistema solar

Un equipo de científicos ha confirmado el descubrimiento de un nuevo cometa situado a unos 1.300 millones de kilómetros de la Tierra, en una región poco explorada del sistema solar. Bautizado como C/2026 S1 (Euclid), este misterioso viajero describe una órbita extraordinariamente inclinada y necesita miles de años para completar una vuelta alrededor del Sol. Lo más sorprendente es que ha sido localizado por un telescopio espacial que ni siquiera fue diseñado para buscar cometas.

El descubrimiento, anunciado el 19 de octubre de 2026 por la Agencia Espacial Europea (ESA), abre una inesperada oportunidad para investigar los objetos que se desplazan lejos del plano donde orbitan los planetas. El responsable del hallazgo es Euclid, un observatorio concebido para estudiar la materia oscura y la energía oscura, dos de los mayores enigmas de la cosmología moderna. Su mirada, dirigida habitualmente hacia galaxias remotas, ha terminado revelando un pequeño fragmento de la historia de nuestro propio vecindario cósmico.

Pero existe una circunstancia que convierte este descubrimiento en algo especialmente singular. El cometa apareció en una zona del cielo que Euclid observa siguiendo una estrategia muy restrictiva, lejos de la franja donde abundan los cuerpos menores del sistema solar. La coincidencia entre su trayectoria y las observaciones del telescopio permitió identificar un objeto que hasta entonces había pasado inadvertido. Un hallazgo fortuito que demuestra que todavía quedan sorpresas incluso en regiones aparentemente conocidas de nuestro sistema planetario.

Un cometa escondido a 1.300 millones de kilómetros que nadie había identificado

El descubrimiento comenzó con una señal diminuta: una estela que atravesaba varias imágenes obtenidas por Euclid entre el 16 y el 24 de septiembre de 2026. El investigador Mikko Pöntinen, de la Universidad de Helsinki, había desarrollado un programa informático capaz de reconocer cuerpos en movimiento dentro de las observaciones astronómicas. Su algoritmo detectó una anomalía que no encajaba con las estrellas ni con las galaxias inmóviles del fondo.

El análisis reveló que aquella señal correspondía a un objeto que cambiaba de posición entre diferentes exposiciones. Tras reconstruir su desplazamiento, los investigadores consiguieron localizarlo en cinco campos de observación distintos, con un total de 16 imágenes. La confirmación más reveladora llegó cuando examinaron su apariencia: el objeto estaba envuelto en una tenue nube difusa, característica de los cometas que liberan polvo y gas. Así lo explica la comunicación oficial de la ESA sobre el descubrimiento.

A diferencia de los asteroides, que generalmente muestran una apariencia puntual en imágenes telescópicas suficientemente lejanas, los cometas pueden desarrollar una envoltura denominada coma. Esta estructura se forma cuando los materiales volátiles del núcleo pasan al estado gaseoso y arrastran partículas de polvo. La presencia de esa nube fue una pista decisiva para reconocer la naturaleza cometaria del cuerpo, aunque todavía se desconocen detalles fundamentales sobre su composición y dimensiones.

Los científicos comprobaron después que el objeto no coincidía con ningún asteroide o cometa conocido. Las observaciones fueron remitidas al Minor Planet Center, organismo vinculado a la Unión Astronómica Internacional que centraliza los registros de cuerpos menores. Tras las comprobaciones y el seguimiento desde observatorios terrestres, el 8 de octubre de 2026 quedó oficialmente reconocido como C/2026 S1 (Euclid).

La distancia a la que se encontraba resulta impresionante, pero no es el único aspecto desconcertante. Aunque esos 1.300 millones de kilómetros equivalen aproximadamente a la distancia entre el Sol y una zona situada entre Júpiter y Saturno, el cometa no sigue el camino habitual de los planetas. Su órbita se eleva muy por encima del plano principal del sistema solar, describiendo una trayectoria que lo aparta de las regiones celestes observadas con mayor frecuencia.

Los primeros cálculos indican que necesita varios miles de años para recorrer su órbita completa. Es una estimación que deberá perfeccionarse con nuevas mediciones, pero ya sugiere que estamos ante un visitante de período largo. Cada nueva observación podría ayudar a reconstruir el recorrido de este cuerpo helado y comprender mejor su historia dinámica.

El inesperado secreto de Euclid: buscaba materia oscura y encontró un viajero helado

La verdadera paradoja del descubrimiento reside en el instrumento que lo hizo posible. Euclid fue lanzado para investigar cómo se distribuye la materia en el universo y cómo ha evolucionado su expansión. Durante su misión científica, pretende estudiar miles de millones de galaxias y observar estructuras situadas a distancias de hasta 10.000 millones de años luz. Su objetivo está en los confines del cosmos, no en los pequeños objetos que orbitan alrededor del Sol.

Para conseguir esas mediciones extraordinariamente delicadas, el telescopio evita deliberadamente buena parte de la franja celeste donde se concentran los asteroides y numerosos cometas. La razón es que el polvo interplanetario produce una luminosidad difusa que puede entorpecer las observaciones de objetos muy débiles. Euclid busca regiones especialmente limpias del cielo para distinguir las señales casi imperceptibles de galaxias lejanas.

Su estrategia de trabajo también juega en contra de la búsqueda cometaria. En lugar de vigilar continuamente una misma zona, el observatorio apunta hacia un sector, obtiene imágenes y avanza hacia el siguiente. Esto dificulta seguir objetos móviles, cuya identificación suele requerir varias observaciones separadas en el tiempo. Sin embargo, la trayectoria de C/2026 S1 coincidió de manera excepcional con el recorrido de exploración del telescopio.

El resultado fue una pequeña revolución en las expectativas de la misión. Según la ESA, no se espera que Euclid descubra muchos cometas nuevos precisamente por su forma de observar el cielo. No obstante, este caso demuestra que sus imágenes pueden contener información científica valiosa sobre objetos cercanos, incluso cuando el propósito principal de las observaciones es completamente diferente.

Existe además una utilidad adicional. Los científicos necesitan identificar los objetos móviles que aparecen en las imágenes para evitar que sus estelas o su luminosidad alteren las mediciones cosmológicas. Aquello que inicialmente puede parecer una interferencia para estudiar el universo se convierte, mediante un análisis adecuado, en una fuente independiente de descubrimientos astronómicos.

Y aquí surge una posibilidad fascinante: si un observatorio que apenas presta atención a los cometas ha descubierto uno tan lejano, ¿cuántos objetos desconocidos podrían permanecer ocultos en los inmensos archivos de imágenes astronómicas? No existe todavía una cifra fiable, pero el caso demuestra que la búsqueda sistemática de señales móviles en datos obtenidos con otros fines puede abrir nuevas vías de exploración.

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¿Qué han encontrado?

Tres focas grises (Halichoerus grypus) asoman la cabeza como si estuvieran vigilando las costas. El mamífero marino pasa gran parte de su vida en el agua, donde se alimenta de peces, cefalópodos o crustáceos gracias a su maravilloso sentido de la vista que le permite ver la distancia, incluso en aguas turbias. Puede estar sumergido durante minutos y alcanzar importantes profundidades para conseguir alimento. En esta ocasión, al tridente le ha llamado la atención algo que está fuera... ¿Qué habrá sido?

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El neurobiólogo John Cryan habla de la relación entre la microbiota y el café

Un exhaustivo trabajo científico publicado en la revista Nature Communications por el centro de investigación APC Microbiome Ireland de la University College Cork ha analizado en profundidad las intrincadas interacciones que componen el eje intestino-cerebro. La investigación demuestra cómo la ingesta de café, bien sea convencional o en su versión descafeinada,altera de manera directa la microbiota intestinal y desencadena efectos complementarios sobre el estado anímico, la capacidad cognitiva y los niveles de estrés diario.

Los investigadores observaron cambios significativos tras analizar a 31 consumidores habituales que tomaban entre tres y cinco tazas diarias, cantidad catalogada como moderada por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Tras dos semanas de abstinencia completa, los voluntarios experimentaron variaciones notables en sus metabolitos. Posteriormente, la reintroducción a ciegas de cuatro dosis de café instantáneo al día restauró los perfiles bacterianos y redujo la depresión percibida, la impulsividad y el estrés, independientemente de la presencia o ausencia de sustancia estimulante.

Impacto del café en la microbiota

Durante la investigación se constató un aumento evidente de bacterias como Eggertella sp y Cryptobacterium curtum en los participantes que consumieron la bebida respecto a quienes no la tomaban. Las primeras contribuyen activamente a la secreción ácida gástrica e intestinal, mientras que las segundas participan en la síntesis de ácidos biliares, procesos que ayudan a erradicar infecciones digestivas. Paralelamente, se registró un incremento de bacterias del tipo Firmicutes, organismos asociados con respuestas emocionales positivas en mujeres.

El responsable principal del proyecto, el profesor John Cryan, subrayó que los beneficios observados van más allá del estímulo nervioso habitual gracias a componentes como los polifenoles. Según sus palabras: "El café es más que cafeína: es un factor dietético complejo que interactúa con nuestros microbios intestinales, nuestro metabolismo e incluso nuestro bienestar emocional". Esta compleja interacción abre la puerta a considerar esta bebida como una herramienta dietética para equilibrar el ecosistema digestivo.

Beneficios diferenciados según la cafeína

El estudio financiado por el Institute for Scientific Information on Coffee reveló diferencias funcionales notables al comparar ambas variantes de la bebida. Sorprendentemente, únicamente el grupo que ingirió la opción descafeinada mostró mejoras sustanciales en la memoria de aprendizaje mediante pruebas de localización y listas de palabras. Los expertos sugieren que los compuestos antioxidantes nutren a las bacterias entéricas y desencadenan una cascada metabólica favorable para el rendimiento cognitivo.

Por otro lado, la modalidad con cafeína demostró virtudes exclusivas vinculadas a la alerta mental y la reducción de procesos inflamatorios en el organismo. La reintroducción de esta bebida con cafeína logró disminuir la ansiedad, la fatiga psicológica y la angustia percibida, al tiempo que potenció la atención y la vigilancia en las tareas evaluadas. Estos resultados confirman que el principio activo ejerce una vía de acción neurológica directa y diferenciada.

Perspectivas para la salud digestiva

A pesar de tratarse de un ensayo preliminar de escala reducida, los neurobiólogos sostienen que reinstaurar el hábito cafetero desencadena modificaciones agudas en la composición microbiana. La investigación confirma que la pérdida de consumo altera temporalmente los biomarcadores en heces y orina, demostrando la alta sensibilidad de los microorganismos frente a esta ingesta. El trabajo establece que el bienestar mental y la digestión están estrechamente interconectados a través de estos complejos mecanismos biológicos.

Sobre el alcance integral de estos hallazgos, el neurobiólogo John Cryan enfatizó la relevancia de los resultados para la nutrición moderna: "Nuestros hallazgos sugieren que el café, ya sea con cafeína o descafeinado, puede influir en la salud de maneras distintas, pero complementarias". De este modo, la ciencia respalda el papel de esta popular infusión como un ingrediente clave para promover el equilibrio entre el aparato digestivo y el cerebro dentro de un estilo de vida saludable.

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Se buscan voluntarios para estudiar animales salvajes en Sudáfrica

Si alguna vez has soñado con seguir las huellas de animales salvajes por las tierras áridas del sur de África, esta puede ser tu oportunidad. En el desierto del Kalahari, donde las temperaturas suben y la vida se abre paso entre la arena y los matorrales, las suricatas salen de sus madrigueras al amanecer para buscar alimento, vigilar el horizonte y mantener a salvo a sus crías. Ahora, un centro de investigación busca voluntarios dispuestos a acompañarlas de cerca y contribuir al estudio de su comportamiento.

Pero hay un detalle importante: no se trata de un viaje para acariciar animales ni de unas vacaciones entre dunas. El trabajo requiere caminar durante horas bajo el sol, seguir grupos en libertad y recopilar datos científicos con rigor. La experiencia está pensada principalmente para personas con formación en ciencias biológicas y exige un compromiso de doce meses. Una aventura en plena naturaleza, sí, pero también una auténtica inmersión en la investigación de campo.

Un año siguiendo a las suricatas

El Centro de Investigación del Kalahari ofrece puestos de voluntariado vinculados a tres proyectos científicos centrados en la fauna de este entorno. Su trabajo se desarrolla en una granja y sus alrededores, en el sur de África, donde los investigadores estudian las relaciones sociales, la reproducción y la adaptación de distintas especies. Aunque las suricatas son las grandes protagonistas para muchos amantes de los animales, también existen proyectos dedicados a las ardillas terrestres del Cabo y a las ratas topo.

Quienes se incorporen al proyecto de las suricatas acompañarán a estos pequeños mamíferos durante buena parte de su jornada. El día comienza al amanecer, cuando abandonan sus madrigueras, y continúa con el registro de su peso, sus movimientos, sus interacciones y sus hábitos alimentarios. Los voluntarios también anotan ubicaciones mediante GPS y aprenden a localizar a los grupos con equipos de radiotelemetría. Por la tarde, vuelven al terreno para observar cómo se desplazan hasta sus refugios nocturnos.

El objetivo va mucho más allá de contemplar de cerca a unos animales carismáticos. El proyecto lleva más de dos décadas estudiando grupos de suricatas para comprender cómo cooperan, cómo cuidan de sus crías y qué conflictos surgen dentro de sus sociedades. 

Alojamiento, comida y formación

La experiencia incluye alojamiento en una habitación privada, acceso a internet limitado y las comidas básicas, además de una pequeña asignación mensual de 30 euros para desplazamientos y gastos fuera de las jornadas. El centro también cubre los transportes terrestres dentro de Sudáfrica desde y hasta la estación de investigación. Las cenas se preparan cinco días a la semana, mientras que los voluntarios se organizan para cocinar durante los fines de semana.

A cambio, los participantes reciben formación en técnicas útiles para la investigación de campo, como el seguimiento por radio, el muestreo del comportamiento, el manejo de animales y la gestión de datos. Según sus intereses y experiencia, también pueden colaborar en experimentos, mantener equipos o ayudar a habituar a los animales a la presencia humana, una tarea fundamental para poder observarlos sin alterar en exceso sus rutinas.

¿Qué necesitas para solicitar una plaza?

El centro busca principalmente candidatos con una titulación en ciencias biológicas, por ejemplo, en ecología, comportamiento animal u otras disciplinas relacionadas. La experiencia previa en campo o laboratorio se valora positivamente, aunque no es imprescindible, ya que los voluntarios reciben formación antes de asumir sus tareas habituales.

El compromiso mínimo es de dos meses, con cinco días y medio de trabajo a la semana en los proyectos de suricatas y ardillas terrestres, y un día completo de descanso. Además, cada voluntario debe disponer de un seguro médico propio que cubra los riesgos básicos asociados al trabajo de campo.

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La primera argentina candidata a astronauta: "Estar preparado puede cambiarlo todo"

Quizá sus nombres te resulten familiares. Ellen Ochoa, Diana Trujillo, Lili Villarreal o Adriana Ocampo forman parte de esa constelación de ingenieras latinoamericanas que, en las últimas décadas, han dejado su huella en algunas de las misiones espaciales más ambiciosas de la NASA y otras agencias internacionales. Con talento, perseverancia y una mirada puesta más allá del horizonte terrestre, ellas abrieron una senda inédita para que nuevas generaciones de mujeres se atrevieran a imaginarse entre la Luna, las estrellas y los planetas.

Hoy, esa historia podría estar a punto de sumar un nuevo capítulo. Si todo avanza según lo previsto, en los próximos años podríamos ver cómo alguien prepara un mate desde el espacio: esa persona es María Noel de Castro, quien, con apenas 29 años, es candidata a astronauta para una misión internacional que tendrá lugar a principios del año.

Su objetivo es representar con orgullo a su país, Argentina, y "abrir un nuevo camino para los jóvenes argentinos", aseguró en una entrevista para National Geographic España. Ingeniera biomédica y aeroespacial, lleva prácticamente toda la vida preparándose para esta oportunidad, y nos cuenta, en una llamada desde Cabo Cañaveral, cómo ha construido el largo viaje que podría llevarla de las montañas del norte argentino al espacio.

Pregunta: En diversas ocasiones, has hablado de aportar una "mirada latinoamericana" a la industria espacial. ¿Cuál es esa mirada?

Respuesta: Creo que cada país tiene un potencial específico que puede aprovechar. Argentina, por ejemplo, cuenta con una importante tradición agrícola y podría aplicar ese conocimiento a la agricultura espacial. No todas las agencias necesitan desarrollar todos los ámbitos de la exploración espacial: pueden especializarse en aquello en lo que su país destaca y, de esa forma, colaborar con otras agencias.

Cada país debe encontrar su propio nicho, teniendo en cuenta sus capacidades y su presupuesto. En el caso de Argentina, la tecnología agrícola podría contribuir a futuras misiones espaciales: la colaboración internacional permitiría aprovechar ese conocimiento y participar en proyectos más ambiciosos, como la exploración de la Luna.

P: ¿Qué es exactamente la agricultura espacial?

R: En las misiones de larga duración, especialmente las que se desarrollen en la Luna o Marte, será importante gestionar mejor los recursos y producir alimentos sin depender continuamente de los suministros desde la Tierra, y para ello habrá que desarrollar tecnologías que permitan cultivar en condiciones diferentes a las terrestres recreando artificialmente factores como el suelo. En ese sentido, creo que Argentina tiene mucho potencial en este ámbito por su experiencia agrícola y su capacidad productiva.

P: Y no solo como representante de Argentina en el espacio, sino más bien como Noel de Castro, ¿cuál es tu rol como astronauta y qué puedes aportar tú?

R: Los astronautas somos los ojos y las manos de los científicos en el espacio. Representamos a equipos de investigación que necesitas realizar experimentos en condiciones de microgravedad y llevar a cabo tareas que no podrían desarrollar directamente desde la Tierra.

Mi especialidad es la bioastronáutica y la ingeniería biomédica: actualmente, estoy haciendo un doctorado sobre los efectos de la radiación en el músculo cardíaco, así que me interesa estudiar cómo puede afectar la radiación cósmica al corazón durante las misiones de larga duración. Sin embargo, el trabajo de un astronauta va mucho más allá de su propia especialidad: también debe aprender a realizar experimentos de otros ámbitos y ayudar a los científicos a desarrollar sus investigaciones. Y esta es precisamente una de las partes más interesantes de la profesión, porque te permite aprender de especialistas de disciplinas muy diferentes.

P: ¿Qué hay que tener para llegar a ser candidata a astronauta en una misión internacional?

R: Una de las cualidades fundamentales de un astronauta es saber escuchar, aprender y trabajar en equipo. Cuando empecé a prepararme, un astronauta de la NASA me recomendó disciplinas como la aviación y el buceo, pero también me enseñó la importancia de saber liderar y seguir a otros. El camino exige paciencia, resiliencia y sacrificios, como dejar Argentina y pasar largos periodos lejos de mi familia.

Cuando comencé a entrenar en Estados Unidos, las misiones espaciales aún no formaban parte de los planes argentinos. Allí establecí contactos con distintas organizaciones del sector, hasta que la Agencia Espacial Argentina me propuso explorar una misión junto a Axiom Space. Desde entonces trabajamos para hacerla realidad, en un proceso complejo que requiere tiempo.

Creo que mi experiencia demuestra la importancia de prepararse antes de que aparezca una oportunidad. Cuando surge la oportunidad, estar preparado puede cambiarlo todo. 

El camino exige paciencia, resiliencia y sacrificios.

P: ¿Pensaste en abandonar?

Respuesta: Sí, mil veces. A veces resulta frustrante sentir que existe una oportunidad enorme para tu país y que los trámites impiden avanzar al ritmo que te gustaría. Sin embargo, la pasión por la industria espacial y el amor por lo que hago siempre me ayudan a seguir adelante. Cuando algo se retrasa, continúo entrenando, estudiando, haciendo ciencia y preparándome para la siguiente oportunidad. Quizá, cuando llegue el momento, esté incluso mejor preparada de lo que habría estado si todo hubiera sucedido más rápido.

P: Desde una perspectiva externa, la industria espacial suele imaginarse como competitiva. ¿Cuál ha sido tu experiencia y qué apoyo encontraste en el camino?

R: Por mi experiencia, no es tan competitiva como mucha gente cree. Nos enseñan constantemente a trabajar en equipo y el compañerismo es fundamental. En el entrenamiento, se valora mucho más la capacidad de colaborar, aprender y progresar que ser el primero en todas las pruebas.

También me he encontrado con muchos argentinos y latinoamericanos en el sector espacial. Entre las personas que más admiro está en Pablo de León, un ingeniero argentino especializado en trajes espaciales que lleva muchos años trabajando en Estados Unidos. Es alguien que ha luchado mucho por la presencia de Argentina en la industria espacial y que me ha enseñado muchísimo sobre bioastronáutica.

Su historia me emociona porque, de alguna manera, siento que, si consigo viajar al espacio, también estaré llevando conmigo una parte de su trayectoria. Él empezó esa lucha y hoy me toca a mí continuarla, aunque estoy segura de que, si no soy yo, vendrá alguien más.

P: Y a propósito de esas generaciones futuras, ¿qué le dirías a una niña argentina que sueña con convertirse en astronauta?

R: Le diría que puede aspirar a grandes cosas, pero que también debe entender el esfuerzo que requieren. Soñar es importante, pero hay que acompañar esos sueños con estudio, responsabilidad, sacrificio y pasión por lo que se hace. En mi caso, el amor por mi trabajo es lo que me ha permitido seguir adelante a pesar de las dificultades.

Sin embargo, también me gustaría transmitir un mensaje a las familias y a los adultos que acompañan a esos niños: es fundamental escucharles, orientarles y ayudarles a encontrar la manera de cumplir sus objetivos. Yo tuve la suerte de contar con una familia que siempre me apoyó y que nunca me hizo pensar que estaba persiguiendo algo inalcanzable. 

Debemos animar a los niños a perseguir sus sueños y, al mismo tiempo, ofrecerles las herramientas y el acompañamiento que necesitan. Quienes ya estamos en este camino también tenemos la responsabilidad de educar, compartir nuestra experiencia y ayudar a que las nuevas generaciones encuentren sus propias oportunidades.

© Cortesía

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Una nueva planta lleva el nombre de Messi: el motivo del homenaje y su récord científico

En las laderas de la cordillera de los Andes, entre los 2.000 y los 2.400 metros de altitud, en Perú, predominan los matorrales y arbustos. Lo sabía Rolando Uría, docente, cultivador y fitomejorador argentino reconocido por la Royal Horticultural Society de Londres. Por eso le llamó la atención una fotografía que encontró en una plataforma de ciencia ciudadana y cuya planta no supo identificar a primera vista.

La curiosidad fue el punto de partida de esta historia. Uría se puso en contacto con el botánico peruano Paúl González Arce, investigador del Museo de Historia Natural de Lima y especialista en la identificación de especies de los Andes peruanos. Más tarde se incorporó al equipo el biólogo Jean Capcha Ramos. Aquella imagen dio paso a una investigación de varios meses durante la que revisaron archivos históricos, estudiaron ejemplares conservados en colecciones científicas y realizaron varias expediciones para contrastar sus observaciones.

Una especie endémica en peligro de extinción

Finalmente comprobaron que se trataba de una especie endémica de los Andes del centro y sur de Perú jamás descrita. Debido a su distribución limitada y a las amenazas que afronta su hábitat, entre ellas el cambio climático y los incendios forestales, los investigadores la catalogaron como especie “en peligro de extinción”. Según explican en el estudio publicado en Phytotaxa, la zona donde fue hallada constituye un importante foco de diversificación vegetal que ha pasado desapercibido durante décadas.

El arbusto puede alcanzar un metro y medio de altura y la nueva flor andina recibió el nombre de Salvia messii por un detalle evidente: la combinación de pétalos blancos y azul claro que recuerda a los colores de la selección argentina. A la planta y el futbolista también los une que son ejemplares excéntricos que desafía los límites de la lógica.

En botánica está permitido dedicar nuevas especies a personalidades destacadas. Para ello, y siguiendo las normas de la nomenclatura científica basada en el latín, se añade una i al apellido de la persona homenajeada.

El récord Guinness de Messi

“El nacimiento oficial de la Salvia messii es un motivo de orgullo regional, un reconocimiento a la trayectoria indiscutible de Lionel Messi y un llamamiento a valorar la enorme cantidad de tesoros naturales que la cordillera aún esconde y que necesitan protección para seguir existiendo”, escribió Rolando Uría en el periódico La Nación.

La flor inspirada en Messi no es la primera especie bautizada en honor al exjugador del FC Barcelona. De hecho, en mayo de 2024 fue reconocido por los Guinness World Records como el futbolista con más especies que llevan su nombre: cinco. Anteriormente eran Liolaemus messii, un lagarto; Acanthogonatus messii, una araña de la Patagonia; Discinisca messii, una especie fósil de braquiópodo; Vultur messii, un antiguo cóndor descrito a partir de restos fósiles; y Cercopemyces messii, un hongo de los bosques nubosos andinos.

El hallazgo de Salvia messii pone de relieve cuánto queda todavía por conocer de los ecosistemas andinos y la necesidad de preservarlo. El homenaje a Lionel Messi es una manera de difundirlo.

© Cedida

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Descubren un dinosaurio que habría sido más peligroso para los humanos que el T. rex

Un equipo de científicos ha identificado un dinosaurio de hace 120 millones de años que, según sus descubridores, habría sido más peligroso para los humanos que el mismísimo Tyrannosaurus rex. Se llama Invictibellatrix amberina, medía entre 3 y 4 metros de longitud y probablemente poseía unas inquietantes garras curvas de hasta 20 centímetros. Su tamaño, muy inferior al del célebre tiranosaurio, podría haberlo convertido precisamente en una amenaza mucho más directa para una persona.

La explicación resulta tan sorprendente como reveladora. Mientras el gigantesco T. rex estaba adaptado para capturar presas de grandes dimensiones, este cazador habría encontrado en un ser humano una víctima de tamaño adecuado. Así lo sostiene Cassius Morrison, paleontólogo del University College London y autor principal de la investigación, publicada en octubre de 2026 en la revista científica Royal Society Open Science. Se trata, naturalmente, de una comparación hipotética: los seres humanos nunca convivieron con estos dinosaurios.

Pero el descubrimiento esconde un segundo misterio. El único fósil conocido de esta especie llevaba más de un siglo conservado en una colección del Museo de Historia Natural de Londres, sin que nadie hubiera reconocido su verdadera identidad. Su reciente análisis no solo ha permitido identificar un nuevo depredador, sino que también ha aportado una pieza fundamental para reconstruir la expansión de algunos de los dinosaurios carnívoros más enigmáticos del planeta.

Un cazador con garras de 20 centímetros que habría visto a los humanos como presas

La imagen popular de los dinosaurios depredadores está dominada por mandíbulas descomunales, dientes afilados y criaturas de varias toneladas. Sin embargo, la evolución también produjo cazadores cuya principal arma no estaba en la boca, sino en los brazos. Invictibellatrix amberina pertenecía a los megaraptoranos, un grupo de dinosaurios carnívoros bípedos caracterizados por sus cabezas relativamente estrechas y sus extremidades anteriores desarrolladas.

A partir de las características de sus parientes evolutivos, los investigadores calculan que este animal alcanzaba entre 3 y 4 metros de largo y algo más de 1,5 metros de altura. Sus manos probablemente estaban armadas con garras de entre 10 y 20 centímetros, capaces de desempeñar un papel decisivo en la captura de animales. Incluso es posible que su cuerpo estuviera parcialmente cubierto de plumas, aunque estas características no se han observado directamente en el fósil encontrado.

Lo verdaderamente desconcertante es que su menor tamaño podría haber representado una ventaja a la hora de perseguir a una presa humana. Morrison considera que una persona habría tenido unas proporciones compatibles con las presas potenciales de este dinosaurio, mientras que un T. rex adulto habría estado adaptado para enfrentarse a animales mucho mayores. En declaraciones recogidas por el Museo de Historia Natural de Londres, el investigador sostiene que este nuevo depredador habría supuesto un peligro particularmente importante para nuestra especie.

Esta interpretación no significa que el Invictibellatrix fuese físicamente más poderoso que un tiranosaurio, ni demuestra que el T. rex hubiera ignorado necesariamente a una persona. La comparación se refiere al posible interés de cada animal por una presa de tamaño humano, no a una medición experimental de su peligrosidad. Ambos dinosaurios desaparecieron muchísimo antes de la aparición de nuestra especie, de modo que cualquier encuentro pertenece exclusivamente al terreno de la reconstrucción científica.

El nuevo carnívoro tampoco ocupaba necesariamente la posición más elevada de su ecosistema. Según sus descubridores, probablemente cazaba pequeños dinosaurios, lagartos y mamíferos, desempeñando una función ecológica comparable, en términos generales, a la de algunas hienas actuales. En la isla de Wight del Cretácico inferior compartía territorio con herbívoros de gran tamaño y otros depredadores, entre ellos espinosáuridos que podrían haber ocupado niveles superiores de la cadena alimentaria.

Y todavía queda una cuestión fascinante: todo lo que sabemos sobre este cazador procede de un fragmento de su cráneo, no de un esqueleto completo. Sus garras, su cobertura corporal y sus dimensiones siguen siendo estimaciones científicas que deberán ponerse a prueba cuando aparezcan nuevos restos.

El fósil olvidado durante 100 años que escondía un dinosaurio desconocido

El descubrimiento tiene algo de paradoja. Para identificar una especie completamente nueva, los paleontólogos no necesitaron organizar una gran expedición ni excavar una formación geológica desconocida. La evidencia ya estaba custodiada en un museo desde 1924, cuando la institución adquirió el fósil junto con numerosos ejemplares procedentes de las investigaciones del paleontólogo aficionado Reginald Walter Hooley.

El fragmento había aparecido al pie de un acantilado en la costa suroccidental de la isla de Wight, uno de los enclaves más importantes de Europa para el estudio de los dinosaurios del Cretácico. Durante décadas permaneció sin recibir la atención necesaria para establecer su auténtica identidad. Lo que parecía un resto poco prometedor terminó revelándose como la primera evidencia conocida de un megaraptorano europeo.

La clave llegó gracias a las técnicas de exploración modernas. Los investigadores utilizaron tomografía computarizada para examinar el interior del fósil y obtener modelos digitales tridimensionales de la región posterior del cráneo y de la cavidad que alojaba el encéfalo. Este procedimiento permitió estudiar estructuras anatómicas que resultan difíciles de interpretar mediante una inspección convencional.

Entre los rasgos que llamaron la atención del equipo figuraban una abertura ovalada relacionada con el paso de la médula espinal y una cresta ósea cuya forma recuerda a un reloj de arena. Al comparar estas estructuras con las de tiranosaurios, espinosaurios y otros terópodos, los científicos identificaron una combinación anatómica que justificaba reconocer una especie distinta. Los análisis informáticos de sus relaciones evolutivas respaldaron su inclusión entre los megaraptoranos, como explica el estudio original de Morrison y sus colaboradores.

Su nombre también tiene una historia singular. Invictibellatrix puede traducirse como «guerrera invicta», una denominación que evoca la posterior evolución de este linaje hacia depredadores gigantescos. Los autores quisieron además transmitir un mensaje de resistencia frente a la discriminación y la adversidad. El epíteto amberina hace referencia, entre otros significados, al ámbar presente en los depósitos geológicos donde se encontró el ejemplar. Un fósil diminuto en comparación con los esqueletos monumentales de los museos había conservado una historia evolutiva extraordinaria.

Para Paul Barrett, investigador del Museo de Historia Natural y coautor del trabajo, el hallazgo demuestra que las colecciones históricas continúan albergando descubrimientos relevantes. Y plantea una pregunta inevitable: ¿cuántas especies desconocidas permanecen todavía escondidas entre millones de fósiles recogidos durante los últimos dos siglos?

© Sergey Krasovskiy y Pedro Salas

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La DANA Adam alcanza su punto más crítico con inundaciones, evacuaciones y alerta roja en varias regiones

Los registros meteorológicos de la DANA Adam revelan más de 700 litros por metro cuadrado en menos de 48 horas en puntos de Alicante, una cantidad extraordinaria que ha provocado inundaciones, desbordamientos y rescates de emergencia. Este lunes 19 de octubre, el sur de Valencia y el norte de Alicante concentran algunas de las consecuencias más graves del temporal.

La situación ha obligado a suspender las clases en numerosos municipios, movilizar a la Unidad Militar de Emergencias (UME) y restringir desplazamientos. Mientras tanto, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) mantiene la vigilancia ante la posibilidad de que las precipitaciones intensas afecten también a Cataluña y Baleares.

Con todo, aunque deje de llover, el peligro puede continuar durante horas. Los suelos saturados y los cauces desbordados aumentan el riesgo de nuevas inundaciones.

Más de 700 litros en Alicante: las cifras que explican la gravedad del temporal

Las comarcas de La Marina Alta, en Alicante, y La Safor, en Valencia, figuran entre las más castigadas por la DANA Adam. Municipios como Oliva, Gandía, Pego, Dénia y L'Atzúbia han registrado precipitaciones extraordinarias, con calles anegadas y problemas importantes de movilidad.

En algunos puntos se han superado los 500 litros por metro cuadrado en 48 horas, mientras que determinados registros de L'Atzúbia han rebasado los 700 litros. Esta última cantidad equivale a una columna de agua de 70 centímetros sobre cada metro cuadrado, si toda la precipitación permaneciera acumulada sin escurrirse ni infiltrarse.

Uno de los datos más llamativos procede de Oliva, donde se han medido 131,9 litros por metro cuadrado en apenas una hora. Esta intensidad puede superar rápidamente la capacidad de drenaje y desencadenar crecidas repentinas.

Las consecuencias ya se han dejado sentir. El río Girona se ha desbordado a su paso por Els Poblets y los servicios de emergencia han realizado rescates, algunos mediante helicóptero. La Generalitat Valenciana ha activado recursos extraordinarios de emergencia y solicitado la intervención de la UME en las áreas más afectadas.

Alerta roja, colegios cerrados y nuevas zonas bajo vigilancia

La emergencia ha obligado a suspender las clases este lunes 19 de octubre en numerosos municipios valencianos y en distintas islas de Baleares. Las medidas pretenden reducir los desplazamientos y evitar situaciones peligrosas en carreteras inundadas o próximas a barrancos.

Según la información difundida durante la mañana, las restricciones educativas afectan a municipios de Alicante y Valencia, además de Mallorca, Ibiza y Formentera. La distribución de los avisos muestra la extensión del episodio:

  • Valencia y Alicante: las zonas más afectadas por las precipitaciones torrenciales y las inundaciones.

  • Barcelona, Girona y Tarragona: avisos naranjas por lluvias intensas.

  • Baleares: avisos naranjas y suspensión de actividades educativas en distintas islas.

  • Castellón, Lleida y Murcia: avisos amarillos en determinadas áreas.

Los niveles de alerta pueden cambiar durante la jornada, por lo que conviene consultar el mapa actualizado de avisos de AEMET.

El mayor peligro no siempre coincide con el momento de lluvia más intensa. Los barrancos pueden experimentar crecidas súbitas por precipitaciones registradas kilómetros aguas arriba, incluso cuando el cielo comienza a despejarse.

Por qué la DANA Adam provoca lluvias tan intensas y cuándo terminará

La combinación de aire frío en altura y humedad procedente del Mediterráneo explica buena parte de la intensidad del episodio. Una DANA es una depresión aislada en niveles altos de la atmósfera que puede favorecer una marcada inestabilidad cuando interactúa con aire cálido y húmedo próximo a la superficie.

En este caso, los vientos del este y nordeste transportan humedad hacia el litoral mediterráneo. Cuando ese aire encuentra las montañas próximas a la costa, asciende, se enfría y favorece la formación de nubes capaces de producir precipitaciones persistentes.

El problema aparece cuando sucesivas tormentas descargan sobre los mismos municipios durante horas. El terreno termina saturándose y pierde capacidad para absorber agua, multiplicando el riesgo de inundaciones.

Según las previsiones difundidas para este episodio, el martes 20 de octubre podría comenzar una mejoría progresiva, aunque todavía podrían registrarse chubascos intensos en el nordeste peninsular y Baleares. La evolución dependerá del desplazamiento de la DANA y de la persistencia de los flujos húmedos. Mientras tanto, Protección Civil recomienda evitar desplazamientos innecesarios, no cruzar carreteras inundadas y mantenerse alejado de barrancos y cauces.

© Cordon Press

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Las mariposas monarca está preparadas para su próximo destino

Las mariposas monarca emprenden en cada otoño su migración desde Canadá y Estados Unidos hasta los bosques montañosos de México. Este fascinante traslado es de 4.000 kilómetros para agruparse en los bosques montañosos del centro de México, donde sobrevivirán al invierno agrupadas en enormes colonias sobre los troncos. Pero lo más asombroso es que por la corta vida que tienen siempre que realizan la migración es la primera vez, guiadas por señales solares, ambientales y genéticas.

© iStock

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200.000 barriles radiactivos fueron arrojados al Atlántico: estamos descubriendo qué ocurre con las fugas

Décadas de vertidos nucleares descontrolados en las profundidades del océano Atlántico comenzaron a revelar sus consecuencias más oscuras tras un minucioso trabajo de exploración científica. Un equipo especializado de investigadores partió recientemente hacia el sector noreste del océano para evaluar el deterioro de una masiva cantidad de contenedores sumergidos entre los años 1950 y 1990. Lo que descubrieron bajo las aguas altera las previsiones sobre los riesgos ambientales a largo plazo.

Los científicos del proyecto Nodssum, liderado por el Centre National de la Recherche Scientifique de Francia, exploraron la zona mediante una nave sumergible tripulada. Durante la misión a bordo del buque Pourquoi Pas?, los expertos realizaron 20 inmersiones hasta superar los 4.700 metros de profundidad. Las observaciones confirmaron que el deterioro de la infraestructura metálica de contención es avanzado y que el material interno ha comenzado a filtrarse de forma directa al lecho marino.

A pesar del vertido directo de los residuos, los análisis de radioactividad indicaron que la intensidad de la contaminación se mantiene en un nivel moderado. Esta concentración moderada permitió a los analistas extraer muestras de sedimentos, agua y fauna marina sin requerir trajes de protección extrema. La investigación, publicada de forma paralela por el equipo oceanográfico, profundiza en los mecanismos biológicos con los que las especies del ecosistema abisal procesan e integran esta contaminación ambiental de origen humano.

La práctica histórica de arrojar este tipo de material tóxico al ecosistema marino respondía a la hipótesis de que los contenedores resistirían lo suficiente para mitigar el impacto ambiental. Sin embargo, las alertas globales llevaron a regular estas actividades mediante la adopción de la Convenio de Londres en 1975. Este tratado internacional restringió los vertidos hasta prohibirlos definitivamente, aunque para ese momento el depósito acumulado en las simas oceánicas alcanzaba cifras alarmantes.

Monitoreo científico en el lecho marino

El estudio oceanográfico reveló además un fenómeno curioso en el fondo marino, ya que diversas especies animales comenzaron a colonizar la superficie de los bidones oxidados. Las fotografías capturadas durante la expedición muestran cómo la fauna abisal utiliza los restos de chatarra radioactiva como refugio o estructura de fijación. Este comportamiento evidencia la capacidad adaptativa de la naturaleza frente a la basura industrial, aunque los efectos celulares a largo plazo aún están siendo analizados en laboratorio.

Los investigadores subrayan que, aunque la tasa de emisión no constituye una catástrofe inmediata, la degradación progresiva de los bidones representa una amenaza latente para la biodiversidad marina. Las muestras biológicas colectadas servirán para evaluar la bioacumulación de radionucleidos en las cadenas tróficas del Atlántico. La prioridad de las instituciones científicas es determinar la velocidad con la que los isótopos se desplazan por las corrientes marinas profundas hacia otras regiones del planeta.

La expedición al Atlántico se suma a otros descubrimientos submarinos donde los desechos industriales han alterado drásticamente los paisajes oceánicos más remotos. La monitorización continua de esta zona permitirá diseñar mejores modelos de predicción sobre la dispersión de contaminantes tóxicos en agua salada. Además, los datos obtenidos aportarán información crítica para tomar decisiones futuras sobre la gestión segura de residuos peligrosos producidos por la industria nuclear global.

El análisis de este vertedero oceánico continuará durante los próximos años mientras las muestras extraídas son procesadas en instalaciones de alta seguridad. Quizá los hallazgos definitivos sirvan para concienciar sobre la fragilidad del medio marino frente a la actividad humana del pasado siglo. La comunidad científica internacional coincide en que entender estos procesos es fundamental para mitigar las repercusiones ambientales y garantizar la protección de los mares en las décadas venideras.

© Campagne NODSSUM, CNRS, Flotte océanographique française

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