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Un retrato alfabético con citas matemáticas

21 October 2026 at 10:59

A través de las palabras de veinticuatro matemáticas (doce) y matemáticos (doce), este retrato alfabético busca explorar la esencia del quehacer matemático.

 

matemáticas
Helen Abbott Merrill rodeada de estudiantes en su clase de matemáticas (1886). Fuente: Wikimedia Commons.

 

AUDIN, Michèle

Las matemáticas son como la literatura: no existen si no están escritas. Y utilizan las mismas habilidades; requieren rigor, imaginación y, tal vez, cierto sentido de la estética.

 

BOTT, Raoul

Hay dos maneras de hacer grandes matemáticas. La primera es ser más inteligente que los demás. La segunda es ser menos inteligente que los demás, pero perseverante.

 

CANTOR, Georg

Lo veo, pero no lo creo.

 

DESCARTES, René

Si de verdad quieres buscar la verdad, debes dudar, al menos una vez en tu vida, en la medida de lo posible, de todo.

 

ESCALANTE, Jaime

Para poder enseñar, necesitas tres cosas. La primera es el conocimiento de la materia. Tienes que tener el dominio de lo que vas a enseñar. […] La segunda cosa es que tengo que motivar el concepto que voy a enseñar. […] Tercero, tienes que entender las relaciones humanas. Tienes que ver al niño como una persona. Y respetas al niño. De esa forma, lo motivas.

 

FERMAT, Pierre

Es imposible dividir un cubo en otros dos cubos, una cuarta potencia o, en general, cualquier potencia en dos potencias de la misma denominación superiores a la segunda, y sin duda he encontrado una prueba admirable de ello, pero el margen es demasiado estrecho para contenerla.

 

GAUSS, Carl Friedrich

Sabes que escribo despacio. Esto se debe principalmente a que nunca estoy satisfecho hasta que he dicho lo máximo posible en pocas palabras, y escribir brevemente lleva mucho más tiempo que escribir extensamente.

 

HALMOS, Paul

Para mí, la alegría de descubrir de repente un antiguo secreto y la alegría de descubrir de repente una verdad hasta entonces desconocida son la misma: ambas tienen ese destello de iluminación, una visión casi increíblemente mejorada y el éxtasis y la euforia de la liberación de la tensión.

 

IKEDA, Gündüz

Eviten repetirse solo para aumentar el número de publicaciones. Resuelvan problemas matemáticos reales, por muy complejos que sean…

 

JOHNSON, Katherine

Creamos las ecuaciones necesarias para rastrear una nave en el espacio. Tuve la suerte de trabajar en la división que calculó todas las trayectorias originales, porque supongo que es por eso por lo que se me recuerda.

 

KOVALEVSKAYA, Sofia

Muchas personas que no han estudiado matemáticas las confunden con la aritmética y las consideran una ciencia árida e infructuosa. Sin embargo, en realidad, es una ciencia que requiere mucha imaginación.

 

LITTLEWOOD, John Edensor

Intenta resolver un problema difícil. Puede que no lo consigas, pero demostrarás otra cosa.

 

MIRZAKHANI, Maryam

Es la razón por la que hacer investigación es un reto, así como atractiva. Es como estar perdida en una selva, tratas de utilizar todo el conocimiento que puedes reunir para intentar obtener algunos trucos nuevos que, con un poco de suerte, te permitan encontrar una salida.

 

NOETHER, Emmy

Mis métodos [algebraicos] son ​​en realidad métodos de trabajo y de pensamiento; por eso se han infiltrado en todas partes de forma anónima.

 

Ollerenshaw, Kathleen

Existe un fuerte paralelismo entre el alpinismo y la investigación matemática. En los primeros intentos por alcanzar una cima, la dificultad reside en encontrar una ruta. Una vez en la cumbre, se pueden discernir otras posibles rutas de ascenso y, a veces, se puede elegir una ruta más segura o más corta para el descenso o para ascensos posteriores. En matemáticas, el desafío consiste en encontrar una demostración. Una vez encontrada, casi cualquier matemático competente suele poder hallar una demostración alternativa, a menudo mucho mejor y más breve. Al menos en el alpinismo sabemos que la montaña está ahí y que, si encontramos una forma de ascender y alcanzar la cima, triunfaremos. En matemáticas, no siempre sabemos si existe un resultado, o si la proposición es solo producto de la imaginación, y mucho menos si se puede encontrar una demostración.

 

POINCARÉ, Henri

Los descubrimientos matemáticos, grandes o pequeños, nunca nacen de la generación espontánea. Siempre presuponen un terreno sembrado con conocimientos preliminares y bien preparado mediante el trabajo, tanto consciente como subconsciente.

 

QUINE, Willard Van Orman

Es una insensatez buscar un límite entre las afirmaciones sintéticas, que se sostienen contingentemente según la experiencia, y las afirmaciones analíticas, que se sostienen pase lo que pase.

 

RATNER, Marina

Para mí, las matemáticas son parte de la belleza de la naturaleza y me siento agradecida de poder contemplarlas. Independientemente de la rama de las matemáticas que enseñe, me encanta transmitir su belleza a mis alumnos.

 

SÓS, Vera

La alegría de conocer, comprender y crear es común a todas las ciencias. Existen diferentes maneras de encontrar la verdad. En matemáticas, la inferencia lógica rigurosa conduce a la demostración o refutación de una conjetura. Sentada aquí, en una habitación, sin importar el mundo exterior, puedo decidir si es cierta o no. Esto, en sí mismo, resulta atractivo, dada la gran incertidumbre que impera en el mundo.

 

TAUSSKY-TODD, Olga

Mientras intentaba leer cualquier libro que cayera en mis manos, de repente me di cuenta de que la mayor sabiduría no se adquiría leyendo libros. Sentía que los experimentos científicos proporcionaban una comprensión casi ilimitada… Las matemáticas también se me presentaron en ese momento como una materia experimental… Gradualmente, me quedó claro que [ las matemáticas ] eran mi vocación.

 

UHLENBECK, Karen

Soy consciente de que soy un modelo para las jóvenes matemáticas, y en parte para eso estoy aquí. Sin embargo, es difícil ser un modelo a seguir, porque lo que realmente hay que hacer es mostrar a los estudiantes lo imperfecta que puede ser la gente y aun así triunfar. Todo el mundo sabe que, si una persona es inteligente, divertida, guapa o va bien vestida, triunfará. Pero también es posible tener éxito con todas tus imperfecciones.

 

VIAZOVSKA, Marina

Los resultados más increíbles se obtienen cuando surge una idea para resolver problemas que nadie ha abordado antes. Y cuando se plantean preguntas que nadie se había planteado jamás. Espero hacer algo similar. No puedo contarles mucho al respecto, porque aún no lo he pensado.

 

WHITEHEAD, Alfred North

La esencia de las matemáticas radica en que siempre nos hemos deshecho de la instancia particular, e incluso de cualquier tipo de entidad específica. Así, por ejemplo, ninguna verdad matemática se aplica únicamente a los peces, ni a las piedras, ni a los colores. Mientras se trate de matemáticas puras, se estará en el ámbito de la abstracción completa y absoluta. … Las matemáticas son pensamiento que se mueve en la esfera de la abstracción total, sin ninguna instancia particular de aquello de lo que hablan.

ZASLAVSKY, Claudia

La capacidad de observar y reproducir patrones, tanto numéricos como geométricos, es de gran importancia en África, donde la mayoría de las sociedades carecían de alfabetización hasta hace poco. El bosquimano del desierto del Kalahari camina kilómetros para desenterrar una raíz acuática cuya ubicación había anotado meses antes, ¡y sin ninguna referencia humana que lo guíe! Los pastores de ganado poseen decenas de palabras para describir a sus animales según las marcas en su piel y muchas más para diferenciarlos por la forma de sus cuernos. Cada patrón en el tejido, en la talla de madera y en el teñido de telas tiene un significado especial. Los patrones numéricos son evidentes en los juegos, desde las distintas versiones del tres en raya hasta el juego de mesa africano universal en el que se transfieren y capturan semillas o guijarros.

Sobre la autora: Marta Macho Stadler es profesora de Topología en el Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU, y editora de Mujeres con Ciencia

El artículo Un retrato alfabético con citas matemáticas se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Trabajo a partir de la memoria del entorno

20 October 2026 at 10:59

¿Se puede sacar provecho de algo que no tenemos forma de ver? Un equipo de investigación ha demostrado en el laboratorio que sí. En un líquido complejo, el entorno de una partícula microscópica «recuerda» lo que le ha pasado, y esa memoria oculta, aunque no pueda observarse directamente, permite extraer trabajo, es decir, energía útil para mover algo.

Un viejo enigma: la información como combustible

En diciembre de 1867, James Clerk Maxwell escribió a su colega Peter Guthrie Tait para plantearle un experimento mental dirigido contra la segunda ley de la termodinámica, la que impide fabricar una máquina que convierta en trabajo el calor de un entorno a temperatura uniforme. Imaginó un gas en dos cámaras comunicadas por una pequeña compuerta y un ser diminuto capaz de ver las moléculas una a una. Si abre la puerta solo a las rápidas en un sentido y a las lentas en el otro, una cámara se calienta y la otra se enfría, y esa diferencia de temperatura podría mover una máquina. Maxwell nunca habló de demonio (el término lo empleó por primera vez William Thomson, lord Kelvin, en 1874) pero el experimento se quedó con el nombre: el demonio de Maxwell.

La paradoja tardó más de un siglo en aclararse. En 1929, Leo Szilard la simplificó con una máquina de una sola molécula y mostró que saber dónde está esa molécula funciona como combustible. En 1961, Rolf Landauer señaló que borrar información tiene un coste energético inevitable, y en 1982 Charles Bennett demostró que medir puede hacerse, en principio, sin coste: lo que salva la segunda ley es el borrado de la memoria del demonio. Desde entonces, experimentos con partículas microscópicas han confirmado que la información se convierte en trabajo (Toyabe y colaboradores, en 2010) y que borrarla cuesta energía (Bérut y colaboradores, en 2012). Este campo se llama hoy termodinámica de la información.

Casi todos esos experimentos suponen, sin embargo, un entorno sin memoria, como el agua, que «olvida» al instante cada empujón. Los físicos lo llaman entorno markoviano, en honor al matemático ruso Andréi Márkov. Sin embargo, los entornos markovianos se parecen mucho a las vacas esféricas imaginarias del chiste, ya que muchos materiales reales no lo son: los polímeros, los geles, los fluidos biológicos o los materiales desordenados en general conservan durante un tiempo las huellas de lo ocurrido, y su dinámica se llama no markoviana. Por otra parte, ese entorno es invisible para quien observa: son los llamados grados de libertad ocultos. Es como un demonio con una venda en los ojos. La pregunta es si esa memoria escondida puede aprovecharse.

Una bolita en una red de espaguetis

memoria del entorno
Un experimento con una partícula diminuta demuestra que el entorno puede guardar información útil sobre lo que le ha ocurrido y que, con la maniobra adecuada, esa información se convierte en trabajo. Fuente: Muruga, L. et al. (2026)  Nat. Phys. doi: 10.1038/s41567-026-03442-w CC BY 4.0

Los investigadores atraparon con un láser una bolita de sílice de 2,7 micras de diámetro, algo menos de tres milésimas de milímetro, dentro de una disolución de tensioactivos, sustancias de la familia de la que contienen los detergentes. Estas moléculas se ensamblan en micelas alargadas, enredadas como un plato de espaguetis microscópicos. Es un fluido viscoelástico: fluye como un líquido, pero también recupera parcialmente su forma, como un sólido elástico. Cuando la bolita se mueve, deforma la red, y la red tarda unos seis segundos en recomponerse.

La luz que sujeta la partícula forma unas pinzas ópticas, tecnología que valió a Arthur Ashkin la mitad del Nobel de Física de 2018. Funcionan como un cuenco de luz: la agitación térmica mueve la bolita sin cesar alrededor del centro, pero no puede salir del cuenco que forma la luz. Una cámara registra su posición cien veces por segundo, con una precisión de unos cinco nanómetros. De la red de micelas, en cambio, no se ve nada. Todo el sistema está a la misma temperatura, 25 °C, así que no hay diferencias térmicas que aprovechar.

Dos instantáneas

Con una sola medición no basta. Los autores demuestran que una única observación de la posición no revela nada útil sobre el estado oculto de la red, porque la memoria se manifiesta en correlaciones a lo largo del tiempo y una foto fija no las contiene.

Por eso miden dos veces, separadas por un intervalo controlado. En cada ocasión se limitan a comprobar si la partícula está a un lado u otro de una línea de referencia, situada a cierta distancia del centro de la trampa. Eso da cuatro itinerarios posibles. Uno de ellos es especialmente revelador: la partícula aparece lejos del centro en la primera medición y de vuelta hacia él en la segunda.

La red de micelas se comporta como una goma elástica atada a la partícula. Cuando esta se aleja, estira la goma, que tarda en relajarse. Si un segundo después la encontramos de regreso hacia el centro, la goma sigue estirada y tira de ella otra vez hacia fuera. Los datos lo reflejan: en ese itinerario, la energía potencial de la partícula primero sube y solo después baja, señal de que la energía llega del entorno. Los autores usan esta idea como modelo mínimo, con una partícula ficticia unida por un muelle a la real, y reproduce bien los datos. La red verdadera es, por supuesto, mucho más compleja.

Para estar seguros de que el efecto es memoria y no una consecuencia de dónde está la partícula, construyeron un grupo de control: trayectorias de una sola medición, elegidas para tener exactamente la misma distribución inicial de posiciones, pero sin historia previa. Las diferencias entre ambos grupos solo pueden proceder de la información guardada en la red. Es lo que se llama reflujo de información: información sobre la partícula que el entorno devuelve. Con un intervalo de unos 200 segundos, mucho mayor que los seis de relajación, el efecto desaparece, porque la red ha olvidado. Con un intervalo prácticamente nulo, la segunda medición no añade nada a la primera. El efecto máximo aparece en torno a un segundo.

De la memoria al trabajo

Tras la segunda medición, el equipo desplazaba la trampa de luz a velocidad constante durante tres segundos, de modo que la energía que la partícula tenía acumulada por estar desplazada se transformaba en trabajo aprovechable. Como referencia calcularon el máximo que se podría lograr con esta maniobra si el líquido no tuviera memoria y solo contara lo visible de la partícula.

En el itinerario revelador, el trabajo llegó a ser hasta unas tres veces ese máximo. La mayor parte de la energía no estaba en lo observable, sino en la red. No todos los resultados rinden igual: otro itinerario proporciona más trabajo en términos absolutos, aunque sin superar la referencia; otro rinde bastante menos, y en el cuarto el balance es sistemáticamente negativo. La memoria no es una fuente gratuita, sino un recurso que hay que saber localizar y usar en el momento adecuado. Los promedios proceden de unos cien intentos por caso, y las cantidades de energía son minúsculas, del orden de la que la partícula tiene por simple agitación térmica.

Dentro de la ley

Nada de esto desafía la segunda ley. El límite fundamental lo marca la energía libre total que tiene el sistema, partícula más red, al empezar la extracción, y esta es mayor de lo que parece si solo se mira la partícula.

Los propios autores subrayan que es un montaje muy controlado, con las dos mediciones más sencillas posibles y una única maniobra, desplazar la trampa. Más mediciones o protocolos más flexibles podrían extraer más trabajo. A largo plazo, ven un paso hacia motores de información microscópicos que funcionen sin diferencias de temperatura, algo valioso en escalas donde mantenerlas es difícil, y hacia estrategias de control que tengan en cuenta la memoria del medio.

Solemos describir un sistema por su estado actual y predecir lo que hará. Este experimento muestra que, cuando la materia tiene memoria, el pasado sigue formando parte de la ventaja energética del presente, y que aprender a leerlo, incluso sin verlo, permite obtener más trabajo sin infringir ninguna ley de la naturaleza.

Referencia:

Muruga, L., Ginot, F., Loos, S.A.M. et al. (2026) The extraction of work from hidden degrees of freedom. Nat. Phys. doi: 10.1038/s41567-026-03442-w

 

Sobre el autor: César Tomé López es divulgador científico y editor de Mapping Ignorance

El artículo Trabajo a partir de la memoria del entorno se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

¿Por qué una ameba aparentemente inofensiva ataca al cerebro humano?

19 October 2026 at 10:59

 

Naegleria fowleri es un organismo ameboflagelado del filo Percolozoa, compuesto por eucariotas unicelulares que pueden presentar fases ameboides, flageladas y quísticas (Figura 1). Este protista vive en aguas dulces y cálidas, alimentándose de bacterias como tantas otras amebas inofensivas. Sin embargo, se conoce a N. fowleri como la ameba “comecerebros”, dado que puede comportarse como un parásito oportunista de los humanos.

fowleri
Figura 1. A-C: Hábitat, modo de transmisión y ciclo vital de Naegeria fowleri. D-E: Características de la meningoencefalitis amebiana primaria. Fuente: Alanazi et al. (2025), https://doi.org/10.1016/j.jiph.2025.102690, con licencia CC-BY-NC-ND.

N. fowleri es el agente de la meningoencefalitis amebiana primaria (MAP), una enfermedad muy rara y extremadamente grave. Se produce cuando estos organismos invaden el tejido cerebral, penetrando a través de los senos nasales y el nervio olfatorio. Atacan primero al bulbo olfatorio y, progresivamente, destruyen otros centros cerebrales.

Afortunadamente, la incidencia de la MAP es bajísima. Una revisión publicada en 2025 recoge 488 casos en el periodo 1962-2022. De ellos, 157 ocurrieron en EE.UU., 143 en Pakistán, 33 en México y 26 en India. Solo once pacientes sobrevivieron a la infección (2,2%). En España, solo se ha detectado un caso, en 2018. Por suerte, el diagnóstico temprano permitió salvar la vida a la paciente, una niña de diez años. Estos datos de baja incidencia deben ser tomados con precaución, ya que casos fulminantes de meningitis bacteriana podrían haber sido atribuidos a N. fowleri con un diagnóstico más preciso.

La MAP se produce por exposición de los senos nasales al medio en el que habita N. fowleri, especialmente aguas dulces estancadas, calientes y no cloradas. En este tipo de ambientes viven muchos tipos de amebas y otros protistas. Sin embargo, solo N. fowleri migra hacia el cerebro. Lo que ignorábamos hasta ahora es qué impulsa a N. fowleri a penetrar en el cráneo humano y qué mecanismos utiliza para esta invasión.

Un estudio publicado en PNAS por un equipo estadounidense (con la participación de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Alcalá de Henares) ha estudiado el comportamiento de Naegleria gruberi, un protista similar a N. fowleri, pero no patógeno. Se ha podido demostrar que la fase ameboide de N. gruberi se desplaza, como las amebas típicas, mediante dos mecanismos: protrusiones laminares de la membrana sostenidas por filamentos de actina y blebs, expansiones de la membrana citoplasmática sin soporte citoesquelético (Figura 2).

Figura 2. La forma ameboide de Naegleria gruberi utiliza los mismos mecanismos de desplazamiento de las amebas, incluyendo protrusiones laminares y blebs (expansiones de la membrana celular no soportadas por actina). El color azul indica la presencia de actina citosquelética en las protrusiones. De Velle et al. (2026), cita completa en referencias, con licencia CC BY 4.0.

Cuando se confinan las fases ameboides entre dos láminas de vidrio, dejando un espacio entre ellas de solo 5 mm, el mecanismo de desplazamiento utiliza exclusivamente blebs. Este confinamiento incrementa la velocidad de desplazamiento, de 14,5 a 20,5 mm/min, muy superior al de amebas típicas como Dictyostelium, usada como control en este estudio.

Los ejemplares de N. gruberi situados en un medio con canales muy estrechos (entre 4 y 8 mm) muestran una fuerte tendencia a desplazarse por el interior de dichos canales, utilizando también preferentemente los blebs. Podemos verlo en este vídeo.

El 65% de las amebas que contactan con canales de 8 mm acaban por entrar en ellos, frente al 50% de los ejemplares de Dictyostelium. En el interior del canal los ejemplares de N. gruberi alcanzan velocidades relativamente elevadas, con una media de 31 mm/min, es decir, el doble de su velocidad habitual en una superficie (Figura 3). Además, cuando están confinados en canales estrechos persisten en su dirección y no suelen volver atrás. Si estimamos la persistencia como la distancia entre salida y llegada dividida por la longitud de la trayectoria real (persistencia=1 indica un recorrido en línea recta), las amebas libres muestran una persistencia de 0,44, mientras que en los canales la persistencia es superior a 0,96. En estas condiciones recorren distancias superiores al milímetro (unas 50 veces su longitud media). Las amebas Dictyostelium recorren los canales a mucha menos velocidad, y su persistencia es inferior, entre 0,76 y 0,88 dependiendo del diámetro del canal.

Figura 3. Arriba: Naegleria gruberi se desplaza rápidamente a través de canales de 8 mm de diámetro, como muestra la serie de imágenes tomadas con 30 segundos de intervalo. En cambio, la ameba Dictyostelium lo hace mucho más lentamente. Abajo: El desplazamiento de N. gruberi a través de canales estrechos es más rápido que cuando no está confinada. Sin embargo, el confinamiento de Dictyostelium en canales estrechos reduce mucho la velocidad de su desplazamiento. De Velle et al. (2026), cita completa en referencias, con licencia CC BY 4.0.

En presencia de hidrogeles, unos medios porosos sintéticos, N. gruberi explora activamente los recovecos mediante protrusiones laminares y blebs, y tiende a permanecer enclaustrada en espacios pequeños. Es importante señalar que este comportamiento no está provocado por señales químicas ni sustancias atractivas para las amebas.

Lo que nos revela el comportamiento de N. gruberi es una tendencia hacia la exploración de medios porosos como el sustrato de estanques y charcas, en busca de las bacterias que constituyen su alimento. Las amebas Dictyostelium, que viven sobre sustratos húmedos, no muestran esa tendencia exploratoria de canales y recovecos. El problema surge cuando N. fowleri, que probablemente comparte el comportamiento de N. gruberi, alcanza accidentalmente los senos nasales. Los estrechísimos canales existentes entre las fibras del tracto olfatorio, que penetran en el cráneo a través de la placa cribosa, se convierten en un poderoso atractivo para la exploración de N. fowleri. Una vez que alcanza el bulbo olfatorio, con una temperatura óptima para su desarrollo y en ausencia de alimento bacteriano, redirige su interés hacia el tejido cerebral, con devastadoras consecuencias.

Estos resultados no parecen aportar novedades para reducir los casos de MAP, por lo que la prevención sigue siendo muy importante. Se debe evitar el baño en aguas estancadas y no tratadas, especialmente en los meses de verano, o tomar precauciones para impedir el acceso del agua a los senos nasales. Por otro lado, aunque en España solo se haya registrado un caso, existe una cierta preocupación dado el aumento de temperatura de nuestras aguas continentales debido al cambio climático. Esto podría aumentar la expansión de N. fowleri y dar lugar a nuevos casos.

Referencias

Velle, K.B., Ramaswamy, M., Hokmabad, B.V. et al. (2026). Naegleria amoebae seek confinement and crawl persistently through narrow spaces, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. doi: 10.1073/pnas.2534165123.

Sobre el autor: Ramón Muñoz-Chápuli Oriol es Catedrático de Biología Animal (jubilado) de la Universidad de Málaga.

El artículo ¿Por qué una ameba aparentemente inofensiva ataca al cerebro humano? se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

La paradoja de la elección y el cerebro anestesiado

18 October 2026 at 10:59
Foto: Jonas Lee / Unsplash

Crecí en los 90. En mi casa, a las 14:00, veíamos Los Simpson. No había más opciones. Hoy tenemos siete plataformas de suscripción y tardamos 27 minutos en elegir una película que al final no nos convence. ¿Por qué ocurre esto? Se llama paradoja de la elección [1]: cuantas más alternativas tenemos, menos satisfechos estamos con nuestra decisión.

Los datos son claros: los «maximizadores» (quienes revisan las 7 plataformas buscando la mejor película) reportan mayores tasas de ansiedad y síntomas depresivos que los «satisfactores» (quienes asumen que no encontrarán la opción perfecta y eligen una “aceptable”) [2].

La exposición constante a estímulos digitales de alta intensidad (TikTok, Instagram, notificaciones en general) obliga a tu cerebro a defenderse. Para mantener el equilibrio, tu sistema de recompensa reduce su sensibilidad. Se habitúa. El resultado conductual es evidente: si tu cerebro se acostumbra a una recompensa cada 15 segundos, sentarte a ver una película de dos horas te parecerá insoportable [3].

El impacto de las pantallas en la salud

Lo estamos viendo en las aulas. Los adolescentes con un uso intensivo de pantallas tienen el doble de probabilidades de desarrollar síntomas de inatención a los dos años, pasando de un 4.6% a un 10% [4]. Aún no sabemos si la hiperestimulación causa la inatención, o si el cerebro inatento busca la pantalla para regularse, pero la correlación es sólida. En cuanto al bienestar mental, a partir de las 2 horas diarias de uso, los síntomas de ansiedad y depresión comienzan a escalar significativamente [5].

Paradoja de la elección
Relación encontrada entre el bienestar mental y el tiempo diario empleado delante de una pantalla, Fuente: Przybylski, A. K., & Weinstein, N. (2017) Psychological science doi: 10.1177/0956797616678438

Por otro lado, tanto adultos como niños utilizamos esta estimulación constante como anestesia emocional. Sentir tristeza, desesperación o aburrimiento es incómodo. Si dejas que esa incomodidad te atraviese, reflexionas y generas un insight para no repetir el patrón. Si al sentirte raro abres el móvil, estás cayendo en lo que los psicólogos llamamos evitación experiencial. Has silenciado el síntoma, pero el problema sigue ahí.

Entonces, ¿qué hacemos?

La intervención más rentable y sostenible en salud mental no requiere añadir herramientas, suplementos ni terapias complejas. Requiere restar estímulos. En los 90 el aburrimiento ocurría por accidente; hoy tienes que diseñarlo tú.

  • Restaura tu sistema de recompensa: Deja de usar el contenido superficial como chupete emocional. Introduce sistemas de fricción en tu entorno para recuperar la autonomía (por ejemplo, bloquear aplicaciones a partir de 1 hora de uso).
  • Auditoría de realidad: Revisa el tiempo de uso en tu móvil (“Bienestar Digital” o “Tiempo en pantalla”). Sin juicios, sólo métricas. La media en adultos ronda las 4 horas diarias. [6]
  • Tolera la incomodidad: Cuando tu cerebro exija un estímulo y sientas la urgencia de abandonar una tarea, quédate ahí. Tolera la fricción. Es el precio a pagar para recuperar tu atención.
  • No des consejos, da ejemplo: Los sermones sobre el consumo digital no funcionan. Si quieres modificar la conducta de tus hijos, o la de tu entorno, modela el uso saludable. Aprendemos de lo que hacemos, no de lo que decimos.

Referencias

[1] Schwartz, B. (2015). The paradox of choice. Positive psychology in practice, 121-138. Harper Perennial

[2] Schwartz, B., Ward, A., Monterosso, J., Lyubomirsky, S., White, K., & Lehman, D. R. (2002). Maximizing versus satisficing: happiness is a matter of choice. Journal of personality and social psychology, 83(5), 1178.

[3] Lembke, A. (2021) Dopamine nation: Finding balance in the age of indulgence. Penguin.

[4] Ra, C. K., Cho, J., Stone, M. D., et al. (2018). Association of digital media use with subsequent symptoms of attention-deficit/hyperactivity disorder among adolescents. JAMA, 320(3), 255-263.

[5] Przybylski, A. K., & Weinstein, N. (2017). A large-scale test of the goldilocks hypothesis: quantifying the relations between digital-screen use and the mental well-being of adolescents. Psychological science, 28(2), 204-215. doi: 10.1177/0956797616678438

[6] Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad. (2026) La Sociedad Digital. Informe Final Cuantitativo 2026 (datos de 2025). Red.es, Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública.

 

Sobre el autor: David Carcedo es divulgador, psicólogo sanitario en Donostia y coordinador de sección de laboratorio en el BCBL.

El artículo La paradoja de la elección y el cerebro anestesiado se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Cuando las lunas nos dieron zascas en toda la boca

17 October 2026 at 10:59

lunas

Naukas Bilbao Inicios, se celebró el sábado 19 de septiembre de 2026 en el palacio Euskalduna Bilbao en sesión de mañana y tarde. A diferencia de las ediciones anteriores, en las que cada charla abordaba una temática independiente, este año todas las intervenciones comparten un mismo hilo conductor: los grandes inicios de la historia. La jornada está diseñada para ofrecer al espectador una visión global de algunos de los grandes comienzos estudiados por la ciencia.

Naukas Bilbao Inicios se enmarca dentro del festival de divulgación científica Bilbo Zientzia Plaza 2026 (BZP).

El descubrimiento de lunas distintas a la única que se ha podido observar a simple vista durante la mayor parte de la historia de la humanidad supuso el inicio de una revolución en nuestro conocimiento de nuestro vecindario en el universo y en cómo pensamos sobre este.  Actualmente hay 1164 lunas (y contando) detectadas en el Sistema Solar. Nos habla de ello Pedro León, escritor y divulgador científico especializado en exploración espacial.

 

Edición realizada por César Tomé López

El artículo Cuando las lunas nos dieron zascas en toda la boca se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

¿De dónde salen las escalas musicales?

16 October 2026 at 10:59
escalas musicales
Fuente: Mateus2019 / CC BY-SA 4.0 / Wikimedia Commons

 

La música es un arte que surge y evoluciona con la fisiología y la psicología humanas, y cuyas herramientas describimos mediante la acústica musical. Los idiófonos rítmicos y los aerófonos melódicos fueron probablemente los primeros instrumentos musicales que nuestros ancestros hicieron sonar durante decenas de miles de años. Estos instrumentos fabricados en piedra, hueso, madera o metal han sido descubiertos en múltiples yacimientos arqueológicos. Todas las civilizaciones construyeron este tipo de instrumentos de forma casi simultánea y, aunque la música se desarrolló de forma independiente en puntos alejados del planeta, podemos encontrar bases en común en todas las tradiciones musicales al comparar los instrumentos antiguos creados en todos los extremos geográficos. ¿Podríamos deducir las escalas musicales de la prehistoria?

 

Las escalas musicales históricas

Las notas musicales se ordenan según su altura de tono (desde sonidos graves a agudos). En la historia de la música occidental, se ha intentado establecer un formalismo matemático riguroso para explicar las escalas musicales. La escuela de Pitágoras restringía las escalas musicales a las expresadas desde la Tetraktys, explicando así la perfección y la belleza musical desde sus cuatro números místicos. Aristógenes de Tarento y Gioseffo Zarlino modernizaron las escalas musicales usando múltiplos enteros de la frecuencia de una nota base, que denominamos la serie armónica. Así todo, hemos tenido que recurrir a los números irracionales para hacer encajar las notas en la escala equitemperada que actualmente se utiliza de manera generalizada en todo el mundo.

 

La disonancia y la consonancia sonora

Dos sonidos simultáneos pueden sonar agradables o desagradables al oído humano. Al ser esto un fenómeno fisiológico, Hermann von Helmholtz midió la “aspereza” al sonar dos notas de violín simultáneamente, contando los batidos producidos por la interferencia entre dichas notas.

Figura 1: Curvas de disonancia medidas y representadas en H. Helmholtz (1865) “Die Lehre von den Tonempfindungen als physiologische Grundlage für die Theorie der Musik” Fig. 52A, p.292, Fuente: Internet Archive.

 

 

A medida que las frecuencias de dos tonos se van acercando, los batidos se vuelven más lentos, y desaparecen cuando las frecuencias coinciden. Los batidos lentos suelen percibirse como suaves, pero los rápidos tienden a ser ásperos y desagradables. Helmholtz determinó la máxima aspereza entre dos tonos cuando los batidos se producen a unas 32 veces por segundo, y fue capaz de trazar curvas de disonancia como la mostrada en la Figura 1, donde el eje horizontal representa los intervalos entre las dos notas que suenan, y en el eje vertical se muestra la aspereza percibida según el número de batidos.

 

Helmholtz estudió el problema desde un punto de vista fisiológico y psicoacústico, pero se acerca a los intervalos “perfectos” pitagóricos, con mínimas asperezas en las octavas de los extremos de la figura (c-c’, DO-DO), la quinta (c-g, DO-SOL) y la cuarta (c-f, DO-FA), cuyas fracciones encajan con la Tetraktys (2/1, 3/2, 4/3). Esto indica la clara relación entre la consonancia y las escalas musicales.

 

Curvas de disonancia para instrumentos armónicos

Las curvas de disonancia de Helmholtz pueden parametrizarse mediante sencillas funciones exponenciales, con exponentes negativos proporcionales a la diferencia entre las frecuencias de las notas que interfieren. Sin embargo, para generalizar la utilidad de las curvas de disonancia se debe tener en cuenta que la percepción de la disonancia también depende de si tratamos con notas más graves o más agudas (frecuencia absoluta), así como del carácter del instrumento (armónicos que definen su timbre).

 

William Sethares [1] incluye todos estos parámetros para poder calcular las curvas de disonancia. Si restringimos el cálculo para instrumentos armónicos, como por ejemplo los cordófonos, e incluimos unos armónicos propios de las cuerdas del instrumento, obtenemos una curva de disonancia como la mostrada en la Figura 2.

 

Figura 2. Curva de disonancia calculada mediante el método de Sethares para un sonido con espectro armónico. Fuente: Etxebarria, V. (2026) Journal of Mathematics and Music doi: 10.1080/17459737.2025.2560922

 

La curva presenta mínimos en los que destacan los intervalos consonantes de la octava (2/1), la quinta perfecta (3/2), la sexta mayor (5/3), la cuarta perfecta (4/3) y las terceras mayor y menor (5/4 y 6/5, respectivamente). Otros intervalos también pueden identificarse aproximadamente. El encaje exacto de mínimos no es posible con fracciones simples, pero a la vista de esta curva de disonancia podemos deducir que el espectro armónico de un instrumento hace surgir de forma natural los intervalos y la escala común de 12 semitonos.

 

Curvas de disonancia para instrumentos inarmónicos

Muchos instrumentos primitivos de percusión eran simples barras, libres en ambos extremos, hechas con piedra, madera o metal. Ejemplos de instrumentos que han sobrevivido como la txalaparta son rotundamente inarmónicos: al ser golpeadas, las barras o tablas producen frecuencias secundarias parciales que no siguen la serie armónica.

 

Figura 3: Curva de disonancia para una txalaparta golpeando tablas libres-libres, que da lugar a sonido con espectro inarmónico. Fuente: Etxebarria, V. (2026) Journal of Mathematics and Music doi: 10.1080/17459737.2025.2560922

 

Si calculamos curvas de disonancia para instrumentos de espectro inarmónico, obtenemos una escala musical como la mostrada en la Figura 3. Se observa una escala cercana a la poco común heptatónica equitemperada. Uno de los pocos casos documentados de uso de esta escala se produce en música antigua tailandesa mediante el xilófono ranat y el oboe pi, o en el sur de Mozambique con el Timbila de los Chopi.

 

Se trata de una escala musical no documentada en la música occidental, pero que surge de forma natural en instrumentos ancestrales de espectro inarmónico, comunes en cualquier lugar del mundo. Notemos que la escala de 7 tonos equitemperados implica que sus intervalos nunca coinciden (excepto en la octava) con los de la escala de temperamento igual de 12 semitonos: no posee equivalentes a terceras mayores ni menores y su quinta perfecta está muy desviada. A pesar de todo, resulta plausible que esta escala heptatónica tan extraña para la música actual, realmente constituyera una escala natural en la prehistoria, al hacer sonar los primeros instrumentos musicales inarmónicos.

 

Referencias

[1] Sethares, W. A. (1993) Local Consonance and the Relationship between Timbre and Scale. Journal of the Acoustical Society of America, vol. 94, n.3, pp. 1218-1228. doi: 10.1121/1.408175

[2] Etxebarria, V. (2026) Dissonance, sound spectrum and musical scale for ancient idiophones and aerophones. Journal of Mathematics and Music, vol. 20, n.2, pp. 95-109. doi: 10.1080/17459737.2025.2560922

 

Sobre el autor: Victor Etxebarria Ecenarro está diplomado como lutier por el Conservatorio Juan Crisóstomo de Arriaga (Bilbao) y es Catedrático de Ingeniería de Sistemas y Automática en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

El artículo ¿De dónde salen las escalas musicales? se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Los números desnudos

16 September 2026 at 10:59

Siguiendo el camino marcado por mis dos últimas entradas en el Cuaderno de Cultura Científica, tituladas Los números de Smith y Canadá tiene su propia familia de números, esta entrada se centra en una nueva familia de números naturales, los llamados números desnudos. Esta es, además, una familia muy interesante para trabajar las reglas de la divisibilidad (véanse las entradas Las curiosas reglas de divisibilidad y Las curiosas reglas de divisibilidad (II)).

 

 números desnudos
Hijos de las Matemáticas (primera parte, de cinco), 1986/87, de la artista alemana Rune Mields (1935-2026)

 

¿Qué es un número desnudo?

 

Se dice que un número natural es un número desnudo si es divisible por todos sus dígitos. Por ejemplo, 3.276 es un número desnudo ya que es divisible por sus dígitos 2, 3, 6 y 7, de hecho, 3.276 = 2 x 1.638 = 3 x 1.092 = 6 x 546 = 7 x 468. O también el número 1.153.395, que es divisible por 1, 3, 5 y 9, siendo 1.153.395 = 3 x 384.465 = 5 x 230.679 = 9 x 128.155.

 

Los números repidígitos, o monodígitos, que son los números naturales formados por la repetición de una misma cifra, como 3, 99, 666, 222.222, 77.777.777 o 111.111.111.111.111 (que es un número repituno, de los que hablamos en la entrada ¿Tienen algún interés los números repitunos, cuyos dígitos son todos unos?), son claramente números desnudos, ya que son divisibles por la cifra que se repite. Como existen infinitos números repidígitos, podemos afirmar que también existen infinitos números desnudos.

 

Teorema: Existen infinitos números desnudos.

 

 números desnudos
Repituno – números primos (1988), de la artista alemana Rune Mields (1935-2026)

 

Se pueden construir más subfamilias infinitas de números desnudos. Por ejemplo, los números cuyos dígitos son todos 1, salvo el último (el de las unidades), que es un 2, como 11.112 o 111.111.111.112, que son divisibles por sus dígitos, 1 (todo número es divisible por 1) y 2 (un número terminado en 2 siempre es par). Argumento que sigue siendo válido si sustituimos el 2 por el 5, ya que los números divisibles por 5 son los que terminan en 0 o 5. En general, si tenemos en cuenta las reglas de divisibilidad podemos construir más familias infinitas de números desnudos.

 

Los números desnudos fueron introducidos por el creador de pasatiempos matemáticos Yoshinao Katagiri en una carta al editor publicada en la revista Journal of Recreational Mathematics (vol. 15, no. 4, 1982-83). Además, estos números forman la sucesión A034838 de la Enciclopedia on-line de sucesiones de enteros – OEIS, cuyos primeros términos son

 

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 11, 12, 15, 22, 24, 33, 36, 44, 48, 55, 66, 77, 88, 99, 111, 112, 115, 122, 124, 126, 128, 132, 135, 144, 155, 162, 168, 175, 184, 212, 216, 222, 224, 244, 248, 264, 288, 312, 315, 324, 333, 336, 366, 384, 396, 412, 424, 432, 444, 448, …

 

¿Números desnudos consecutivos?

 

Si dos números consecutivos n y n + 1 son números desnudos (asumimos que tienen más de un dígito, ya que todos los números de un solo dígito son desnudos) esto quiere decir que ambos son divisibles por los dígitos comunes, que son todos menos los de las unidades, luego todos esos dígitos tienen que ser igual a 1, ya que dividen a dos números consecutivos. Por lo tanto, esos dos números consecutivos desnudos serán de la forma 111…111U y 111…111(U + 1).

 

Ahora, nos podemos plantear cuando un número de la forma 111…111U es desnudo. Ya hemos visto que para U = 2 y 5 se tiene un número desnudo, pero qué ocurre con el resto de cifras. Atendiendo a las reglas de divisibilidad el número 111…111U es desnudo cuando ocurre lo siguiente:

i) si U = 1; ii) U = 2; iii) U = 3 y el número de unos es múltiplo de 3 (por la regla de divisibilidad del 3, que nos dice que “un número es divisible por 3 si, y sólo si, la suma de sus dígitos es divisible por 3”), como el 1.113 o 1.111.113; iv) U = 4, pero no hay ningún 1 (ya que “un número es divisible por 4 si, y sólo, si el número formado por los dos últimos dígitos, los de la derecha (decenas y unidades), es divisible por 4”, pero 14 claramente no lo es); v) U = 5; vi) U = 6 y el número de unos es múltiplo de 3, ya que el número debe ser divisible por 3; vii) U = 7 y el número de unos es múltiplo de 6 (lo cual se puede deducir de la regla de divisibilidad del 7, “un número es divisible por 7 si la suma alternada de los grupos de tres dígitos, empezando por la derecha, también lo es”); viii) U = 8, pero no hay ningún 1 (como en el caso del 4); ix) U = 9 y el número de unos es múltiplo de 9 (por la regla de divisibilidad del 9, que es similar a la del 3).
Teniendo en cuenta todo lo anterior podemos afirmar lo siguiente sobre números desnudos consecutivos (de más de un dígito). Si k es la cantidad de unos del número,

A. para cualquier valor de k, los números consecutivos de la forma 111…11 y 111…12 son desnudos;

B. si 3 divide a k, el trío de números 111…11, 111…12 y 111…13 son desnudos, así como la pareja de números 111…15 y 111…16;

C. si 6 divide a k, el trío de números 111…15, 111…16 y 111…17 son desnudos.

Neima (2020), de la artista interdisciplinar canadiense Loralei R. Byatt. Imagen de su estudio InterFACEarts

 

¿Cuál es el número desnudo más grande con todos sus dígitos distintos?

 

Otra cuestión interesante que se han planteado algunos matemáticos y matemáticas es cuál es el número desnudo más grande con todos sus dígitos distintos. Esta cuestión nos lleva a empezar a pensar en números desnudos con todos sus dígitos distintos, como 7, 15, 132, 4.128, 9.135 o 12.384, que son desnudos.

 

Resulta que los números desnudos cuyos dígitos son todos distintos tiene nombre. Son los números de Lynch-Bell, la sucesión A115569 de la Enciclopedia on-line de sucesiones de enteros – OEIS. Claramente la familia de los números de Lynch-Bell es finita puesto que no puede tener más de nueve dígitos.

 

Por lo tanto, si estamos buscando el número desnudo más grande con todos sus dígitos distintos, es decir, el mayor número de Lynch-Bell, lo primero que podemos hacer es intentar ver qué números pandigitales (que contienen todas las cifras básicas no nulas, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, sin repetir ninguna) son desnudos.

 

 números desnudos
Conexiones aleatorias (2020), de la artista interdisciplinar canadiense Loralei R. Byatt. Imagen de su estudio InterFACEarts

 

Primero analicemos una curiosidad relacionada con la cifra 5. Si un número desnudo contiene al 5 como uno de sus dígitos, entonces todos sus dígitos son impares. Esto se debe a la regla de divisibilidad del 5, es decir, un número es divisible por 5 si su dígito de las unidades es 0 o 5. Pero como el número no es divisible por 0, entonces su último dígito tiene que ser 5, por lo que no es par y no puede ser dividido por ningún número par.

 

Ahora, si tenemos en cuenta la anterior propiedad, el número desnudo más grande con todos sus dígitos distintos no puede ser pandigital, puesto que la cifra 5 no es compatible con las cifras pares 2, 4, 6 y 8.

 

Teorema: No existen números de Lynch-Bell, luego desnudos, pandigitales (con las nueve cifras no nulas, sin repetir ninguna).

 

Por lo tanto, lo lógico es que busquemos el número desnudo más grande que esté formado por todas las cifras no nulas (sin repetir ninguna), menos el 5, es decir, 1, 2, 3, 4, 6, 7, 8 y 9. Pero antes, veamos el otro caso, busquemos los números de Lynch-Bell que contengan al 5.

 

Como hemos comentado los números desnudos, en particular, los de Lynch-Bell, que contienen al 5 solo contienen cifras impares, 1, 3, 5, 7, 9. Pero como la suma de estas cifras es 1 + 3 + 5 + 7 + 9 = 25, que no es divisible por 3 o por 9, no existen números de Lynch-Bell con todas las cifras impares.

 

Teorema: No existen números de Lynch-Bell con todas las cifras impares.

 

Ahora, nos podemos plantear si existen, y cuántos son, los números de Lynch-Bell con cuatro cifras impares. Por el mismo razonamiento que antes las cifras impares implicadas solo pueden ser 1, 3, 5, 9, cuya suma es 18. Como debe acabar en 5, para ser divisible por esta cifra, tenemos que las soluciones son 1.395, 1.935, 3.195, 3.915, 9.135 y 9.315.

 

Contando – zonas asintóticas 2 (1972), del artista conceptual estadounidense Mel Bochner. Imagen de la National Gallery of Art

 

Pero volvamos a la cuestión de encontrar el número de Lynch-Bell más grande. Sabemos que tenemos que empezar buscando entre los formados por las cifras 1, 2, 3, 4, 6, 7, 8, 9. Sumamos estas cifras, 1 + 2 + 3 + 4 + 6 + 7 + 8 + 9 = 40, que no es múltiplo de 3, luego no existen números de Lynch-Bell con estas ocho cifras, ya que no pueden ser divisibles por 3. Aquí tendríamos dos opciones: i) eliminar las cifras 3, 6, 9 (quedarían solo cinco cifras); ii) eliminar una única cifra para evitar el problema (quedarían siete cifras). Analicemos ambas opciones.

 

Opción i): eliminar las cifras 3, 6, 9, luego utilizar las cifras 1, 2, 4, 7 y 8. Si el número es divisible por 2, el último dígito (derecha) es 2, 4 u 8. Si es divisible por 4, los dos últimos dígitos (derecha) tienen que ser divisibles por 4, luego, con las cinco cifras anteriores, solo pueden ser las combinaciones 12, 24, 28 y 48. Si es divisible por 8, los tres últimos dígitos (derecha) tienen que ser divisibles por 8, luego las únicas combinaciones posibles, teniendo en cuenta el anterior comentario, son 712, 824, 128 y 248. Con ellas podemos generar ocho números 48.712, 84.712, 17.824, 71.824, 47.128, 74.128, 17.248 y 71.248, de los cuales solo el número 17.248 es también divisible por 7, luego es el único número de Lynch-Bell generado por las cifras 1, 2, 4, 7 y 8.

 

Opción ii): eliminar una única cifra, para que sea divisible por 3. Lo que nos llevaría a que de las cifras 1, 2, 3, 4, 6, 7, 8, 9 hay que eliminar una de ellas para que la suma sea múltiplo de 3, lo que nos lleva a tres candidatas 1, 4 y 7. Sin embargo, para que sea además divisible por 9 solo queda la opción de eliminar la cifra 4. En consecuencia, buscamos números de Lynch-Bell con las cifras 1, 2, 3, 6, 7, 8 y 9. Aquí tenemos muchas opciones, como el número 3.817.296, que es divisible por todos sus dígitos, 3.817.296 = 2 x 1.908.648 = 3 x 1.272.432 = 6 x 636.216 = 7 x 545.328 = 8 x 477.162 = 9 x 424.144.

 

De los 7! = 5.040 números que pueden construirse con las cifras 1, 2, 3, 6, 7, 8 y 9, de manera que no haya ninguna que se repita, hay 105 números de Lynch-Bell, es decir, números desnudos con todos sus dígitos diferentes. El más pequeño de ellos es 1.289.736 y el más grande, que era el que buscábamos, es 9.867.312.

 

Teorema: El número desnudo más grande con todos sus dígitos distintos es 9.867.312.

 

Por cierto, la cantidad total de números de Lynch-Bell es 548.

 

Serigrafía 1024, de la carpeta Numbers One (1974), del artista, crítico y poeta visual Richard Kostelanetz

 

Rompecabezas matemáticos

 

Como comentábamos al principio, esta es una familia de números muy interesante para trabajar, o jugar, con las reglas de divisibilidad. De hecho, se pueden generar algunos interesantes juegos matemáticos, como el problema 34 del libro Puzzles 101: A Puzzlemaster’s Challenge, del inventor de rompecabezas matemáticos y juegos de ingenio japonés Nobuyuki Yoshigahara (1936-2004), al que denominó problema LYM (Least Yoshigahara Multiple – Menor Múltiplo de Yoshigahara).

 

Problema LYM: Elige dos cifras del 2 al 9. Crea un número cuyos dígitos sean alguna de estas dos cifras, de manera que sea divisible por cualquiera de los dos. Por ejemplo, con el 4 y el 8 se pueden formar el 48 o el 488, y cada uno de ellos es divisible tanto por el 4 como por el 8. Si utilizas el 2 y el 4, el número más pequeño de este tipo es el 24. Si utilizas el 3 y el 5, el número más pequeño de este tipo es el 3555. Encuentra dos cifras de tal forma que el número más pequeño de este tipo sea el mayor de todas las combinaciones.

 

Para obtener la solución a este problema, buscad el número más pequeño para todas las elecciones de dos cifras entre el 2 y el 9 y disfrutad del camino hacia la misma. Después de la bibliografía os dejo la solución al mismo, aunque os animo a que juguéis a este rompecabezas antes de mirar la solución.

 

Podéis ir más allá con este problema y elegir más de dos cifras. Primero podéis elegir tres cifras, cuando terminéis cuatro, etcétera hasta llegar a la mayor cantidad posible de cifras. O incluso incluir la cifra 1 entre las cifras a elegir, luego serían todas las cifras no nulas. Así podríais llegar al número más pequeño con la mayor cantidad de cifras posible (que es ocho, como ya sabíamos):

 

El número más pequeño con la mayor cantidad de cifras posible

 

Bibliografía

 

1.- Raúl Ibáñez, La gran familia de los números, Libros de la Catarata – ICMAT – FESPM, 2021.

2.- Numbers Aplenty.

3.- Roberto A. Ribas, The Nude Numbers, The Pentagon, vol. 45, no. 1, pp. 18-31, 1985.

4.- Nobuyuki Yoshigahara, Puzzles 101: A Puzzlemaster’s Challenge, Taylor & Francis, 2018.

Nota:

La solución al problema LYM es el número 77.777.779.779, que es el más pequeño que puede ser dividido por 7 y 9. El siguiente más grande sería 8.888.889.888, que es el más pequeño divisible por 8 y 9.

 

Sobre el autor: Raúl Ibáñez es profesor del Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU y colaborador de la Cátedra de Cultura Científica

El artículo Los números desnudos se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

¿Por qué estas conchas fósiles invierten el sentido de su espiral cada pocos milenios?

15 September 2026 at 10:59

El misterio de los foraminíferos que invierten su enrollamiento podría ocultar un proceso evolutivo que rara vez se observa y que se desarrolla a escala planetaria.

Un artículo de Fanni Daniella Szakál . Historia original reimpresa con permiso de Quanta Magazine, una publicación editorialmente independiente respaldada por la Fundación Simons.

foraminíferos
Ada Zejun Shen / Quanta Magazine

Durante miles y, en ocasiones, millones de años, el plancton marino de todo el mundo construyó sus conchas espirales en un mismo sentido. Después, de repente, las espirales cambiaron de sentido al mismo tiempo y en todas partes, para volver a cambiar más tarde.

Estos microorganismos son un tipo de foraminíferos, o simplemente forams. Se encuentran en todos los océanos, desde los trópicos hasta las altas latitudes, y se cuentan entre los organismos eucariotas más abundantes de la Tierra. Estos protistas unicelulares secretan una concha dura perforada por numerosos pequeños orificios; la mayoría de las especies vive en el fondo marino, mientras que algunas son planctónicas y quedan a merced de las corrientes. Cuando mueren, sus conchas cubren el fondo marino de todo el mundo y forman un archivo natural de la historia de la Tierra que se remonta unos 560 millones de años.

Al estudiar la composición de las especies o medir isótopos o elementos traza, los científicos utilizan las conchas de foraminíferos acumuladas para reconstruir los climas y las condiciones oceánicas del pasado. Con el paso de los años, han observado un fenómeno extraño. Entre los numerosos foraminíferos planctónicos que poseen conchas enrolladas semejantes a las de un caracol, algunas especies muestran una marcada preferencia por un sentido de la espiral (izquierdo o derecho) frente al otro, de modo que hasta el 97 % de los individuos de una especie se enrollan en el mismo sentido. Y, a veces, un nuevo sentido de enrollamiento pasa a predominar aparentemente en todos los océanos a la vez en el registro fósil. Desde que se observó esta curiosidad en la década de 1950, los científicos han intentado averiguar qué podría hacer que el sentido del enrollamiento de las conchas cambiara al unísono en miles de billones de microorganismos.

Recientemente, los micropaleontólogos integraron y sintetizaron datos sobre el sentido del enrollamiento de las conchas, o quiralidad, de varias especies a partir de estudios de foraminíferos que se remontan hasta 56 millones de años. Algunos investigadores plantearon que las inversiones del enrollamiento de las conchas estaban relacionadas con cambios de temperatura u otros factores climáticos. Sin embargo, el nuevo estudio plantea como hipótesis que el sentido del enrollamiento no es en sí mismo una respuesta adaptativa, sino un marcador accidental de un acontecimiento evolutivo importante que comienza en una pequeña subpoblación y después se extiende por vastas cuencas oceánicas.

Estos fósiles del foraminífero extinto Globorotalia limbata, que vivió hace entre 11 y 2 millones de años, ilustran la quiralidad dextrógira y levógira en el enrollamiento de la concha. Imagen: David King

«Probablemente sea una de las primeras veces que personas que normalmente trabajan más en bioestratigrafía (básicamente, en investigación del tiempo profundo) sobre foraminíferos se plantean una cuestión así», afirma Julie Meilland, investigadora del Cerege, un instituto de investigación de Francia que no participó en el estudio. Además de datos sobre el sentido del enrollamiento de varias especies que se remontan a millones de años, el estudio incorpora conocimientos de la genética y la biología de los foraminíferos actuales. «Ha sido muy refrescante ver cómo se conectan estos mundos, porque muy a menudo quienes hacen más investigación moderna no necesariamente establecen contacto con quienes trabajan sobre el tiempo profundo», añade Meilland.

El trabajo ofrece una nueva perspectiva sobre un misterio que dura décadas y una rara visión de un proceso poco conocido que permite que nuevos caracteres se extiendan por poblaciones grandes.

Una hipótesis retorcida

El fenómeno de los foraminíferos que invierten su enrollamiento se describió por primera vez a principios de la década de 1950, cuando los avances en las técnicas de extracción de testigos del fondo marino permitieron a los investigadores analizar las capas acumuladas de conchas. El micropaleontólogo suizo Hans Bolli fue el primero en señalar que, entre los foraminíferos con conchas enrolladas, varias especies presentaban una preferencia direccional y que, en ocasiones, esta preferencia cambiaba con el tiempo.

La explicación de este curioso fenómeno llegó con un estudio fundamental de 1959, en el que el geólogo marino David Ericson, especialista en testigos de sondeo de la Universidad de Columbia, en el Lamont Geological Observatory (actualmente Lamont-Doherty Earth Observatory), examinó cientos de conchas enrolladas de la especie Neogloboquadrina pachyderma recogidas en el Atlántico Norte. Ericson observó que, en climas fríos durante las glaciaciones, las conchas tendían a enrollarse hacia la izquierda, mientras que durante los periodos más cálidos lo hacían hacia la derecha.

No estaba seguro de por qué el sentido del enrollamiento debía estar relacionado con el clima, pero planteó que la temperatura era el factor determinante en esta especie. Sin embargo, a medida que se recuperaron más testigos en todo el mundo y avanzaron los estudios genéticos, la hipótesis de la temperatura dejó de sostenerse.

Kate Darling, profesora honoraria de la Universidad de Stirling, ha estudiado la genética y la evolución de los foraminíferos durante décadas. «Ese cambio de orientación, en mi opinión, significa que han dado lugar a nuevas especies», afirma. Foto: Cortesía de Ian Darling

En 2006, Kate Darling, actualmente profesora honoraria de la Universidad de Stirling, publicó un trabajo genético que demostraba que las variantes de N. pachyderma son, en realidad, dos especies distintas, cada una con su propio sentido de enrollamiento. Después, en 2013, la paleobióloga evolutiva Yurika Ujiié, actualmente profesora de la Universidad de Kochi, en Japón, descubrió que la quiralidad de las conchas en distintas especies de foraminíferos, recogidas en varios océanos, no se correspondía con la temperatura.

Cada estudio refutaba la hipótesis de Ericson de una manera diferente. Además, a muchos investigadores les resultaba difícil imaginar qué ventaja podía ofrecer el sentido del enrollamiento a un organismo unicelular sin una lateralidad evidente. Medio siglo después de la observación inicial de Ericson, el factor impulsor de las inversiones volvía a ser un misterio.

No tardaría en despertar el interés de otra investigadora. Bridget Wade, micropaleontóloga del University College London, llevaba décadas estudiando testigos de sedimentos cuando su equipo observó un patrón curioso. Varias especies de foraminíferos parecían invertir el sentido de sus conchas aproximadamente al mismo tiempo en distintas latitudes de los océanos Atlántico, Índico y Pacífico. En una especie, las inversiones parecían casi instantáneas tanto en los trópicos como en latitudes más altas. Esta evidencia de que el fenómeno se extendía mucho más allá de una sola cuenca oceánica sugería que estaba actuando un proceso global en el que intervenía algo más que la temperatura.

Para saciar su curiosidad, el equipo de Wade sintetizó datos de cinco décadas de estudios y analizó los cambios en los patrones de enrollamiento de varias especies de foraminíferos planctónicos de los últimos 56 millones de años. Para cada especie, encontraron evidencias de inversiones en múltiples cuencas oceánicas y cinturones climáticos. Paragloborotalia siakensis pasó de un enrollamiento mixto a un enrollamiento sinistral hace 15 millones de años. Globorotalia scitula invirtió el sentido dos veces: pasó de mixto a sinistral hace 15 millones de años y después a dextral hace 10 millones de años. «Resulta realmente desconcertante que una especie pueda existir durante millones de años enrollándose de una manera y después invertir de repente el sentido, sin ninguna razón aparente», escriben los autores.

Bridget Wade, micropaleontóloga del University College de Londres, señala una especie de foraminífero que describió en el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. Foto: Cortesía de Bridget Wade

Pulleniatina obliquiloculata fue un ejemplo especialmente útil, afirma Wade: posee un registro fósil excepcionalmente detallado, sigue viviendo en la actualidad y está presente en los océanos tropicales de todo el mundo. Durante los últimos 860.000 años, su concha se ha enrollado casi exclusivamente hacia la derecha. Pero antes de ese periodo atravesó una sucesión de rápidas inversiones del enrollamiento que se produjeron a escala mundial cada pocos miles de años.

Los cambios eran demasiado repentinos y generalizados para explicarlos mediante una evolución gradual. «Fue toda una sorpresa porque, si se tratara de un acontecimiento local, sería más fácil pensar en un entorno local cambiante», afirma Wade. El hecho de que estuviera ocurriendo en todas partes apuntaba a que intervenía un proceso diferente.

Un significado críptico

¿Qué podría explicar la expansión mundial de un cambio de quiralidad? Wade sabía que, pese a su aparente uniformidad, los océanos esconden numerosos hábitats distintos que difieren en temperatura, corrientes, luz ultravioleta, composición química y oxígeno. Del mismo modo, una población aparentemente global de una especie de foraminíferos puede ocultar especies crípticas. Los estudios genéticos han revelado que, a menudo, lo que se consideraba una sola especie basándose en la forma de las conchas (incluido el sentido del enrollamiento) era, en realidad, más de una especie.

¿Y si, planteó su equipo como hipótesis, una de estas especies crípticas hubiera desarrollado alguna ventaja adaptativa de amplio alcance? Esta especie críptica podría extenderse por todo el planeta, transportada por las corrientes oceánicas y favorecida por su propio éxito, en un gigantesco barrido poblacional, y hacer que un único sentido de enrollamiento pasara a predominar en el proceso, preservando así el acontecimiento en el registro fósil.

A diferencia de las especies con concha que nos resultan más familiares, los foraminíferos no viven totalmente dentro de su concha. La concha perforada se sitúa bajo la membrana celular y queda envuelta por un protoplasma de consistencia gelatinosa. Todos los ejemplares aquí mostrados miden menos de 1 milímetro. Fuente: Takagi, H. et al (2019) Biogeosciences doi: 10.5194/bg-16-3377-2019

«En mi opinión, las inversiones significan que han experimentado especiación», afirma Darling, que no participó en el estudio de Wade.

Tanto si los foraminíferos que invirtieron el sentido son una especie nueva como si son una variante genética, tendrían que presentar una ventaja significativa frente a otros foraminíferos para extenderse por todo el mundo. «Es un poco como lo que ocurrió con las variantes de la COVID-19, que se hicieron muy abundantes en un lugar», explica Wade, «y luego tuvieron una ligera ventaja de aptitud biológica frente a otra variante genética» y se propagaron rápidamente hasta convertirse en la cepa dominante en prácticamente todos los países de la Tierra.

Sin embargo, Ujiié advierte contra la suposición de que exista una relación sencilla entre la identidad genética de una especie y la quiralidad de su concha. «El sentido del enrollamiento parece tener una base genética», afirma, «pero eso no significa necesariamente que los individuos dextrales [de enrollamiento hacia la derecha] y sinistrales [de enrollamiento hacia la izquierda] representen poblaciones genéticamente distintas».

Todavía no está claro por qué una población entera se enrollaría del mismo modo en primer lugar; esto solo ocurre en un subconjunto de especies de foraminíferos planctónicos con conchas enrolladas. En otras especies, las conchas se enrollan en ambos sentidos en una proporción aproximadamente de 50-50. Entonces, ¿por qué algunas presentan un marcado sesgo de quiralidad? En lo único que parecen coincidir los científicos es en que todavía no lo saben.

Meilland, que estudia la reproducción de foraminíferos en cultivos vivos, ha observado que las proporciones de los distintos sentidos de enrollamiento en sus cultivos no coinciden necesariamente con lo que cabría esperar encontrar en la naturaleza a partir de los estudios fósiles. Considera que los factores que determinan el sentido del enrollamiento podrían ser bastante complejos. «Creo que podría haber algo relacionado con los genes, con la recombinación, con su intento de evolucionar, con el entorno y también con la suerte y con la vida, sin más», afirma.

Aunque la casi sincronía de las inversiones de los foraminíferos en todo el mundo pueda parecer desconcertante, Darling y Ujiié señalan que lo que aparece como instantáneo en el registro fósil podría desarrollarse durante 1.000 años o más en tiempo real. Durante ese periodo, las aguas oceánicas circulan alrededor de todo el planeta. Las masas de agua también cambian y se desplazan, lo que podría acelerar la propagación de una nueva variante.

Es posible que los caracteres o las especies de otros organismos marinos también puedan extenderse por todo el planeta de esta manera. Pero sería difícil observarlo sin un marcador fósil claro, como la quiralidad de las conchas de los foraminíferos. Estas inversiones del enrollamiento constituyen, por tanto, una rara ventana a la manera en que los procesos evolutivos pueden desarrollarse a escala mundial.

 

 


El artículo original, Why Do These Fossil Shells Flip Their Spirals Every Few Millennia?, se publicó el 11 de septiembre de 2026 en Quanta Magazine. Cuaderno de Cultura Científica tiene un acuerdo de distribución en castellano con Quanta Magazine.

Traducido por César Tomé López

El artículo ¿Por qué estas conchas fósiles invierten el sentido de su espiral cada pocos milenios? se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Deimos, un mundo muy suave

14 September 2026 at 10:59

Si echamos un vistazo a cualquiera de las imágenes de Deimos -el satélite de Marte- llegadas a través de las misiones espaciales que han podido visitarla de cerca, además de su forma, una de las cosas que más llama la atención es la gran “suavidad” de su topografía. Si lo comparamos con Fobos, el otro satélite natural del planeta rojo, este efecto es mucho más evidente.

Pero, ¿y si realmente este suave relieve que observamos hoy día fue el resultado de un evento brutal? Un nuevo estudio publicado en Nature Astronomy propone una teoría interesante para explicar el peculiar aspecto de este pequeño satélite: la enorme depresión que hay en su polo sur, su sedosa superficie o los cráteres poco profundos, entre otros detalles, podrían ser la consecuencia de un impacto gigante ocurrido hace mucho tiempo, cuando un asteroide de unos pocos cientos de metros golpeó a Deimos con energía suficiente como para redistribuir una parte importante de su masa sin destruirla por completo.

Si están en lo cierto, este impacto hizo algo más que crear un enorme cráter: nos dio pistas sobre cómo es el interior de Deimos, ya que en vez de comportarse como una pequeña luna rocosa formada por una roca monolítica, su interior podría parecerse más a los asteroides de tipo “rubble pile”, formados por distintos fragmentos que viajan juntos por efecto de la gravedad. En muchas ocasiones estos fragmentos proceden de la destrucción de un cuerpo anterior, como un asteroide o un satélite.

Deimos
En esta imagen podemos ver dos perspectivas de Deimos tomadas por la cámara HiRISE que viaja a bordo de la Mars Reconaissance Orbiter. Aunque es cierto que hay algunos cráteres marcados, si nos fijamos en los cráteres más grandes y en su topografía general, veremos claramente que es muy suave. Imagen cortesía de NASA/JPL-Caltech/University of Arizona.

Deimos ha sorprendido a los científicos durante décadas, y una de estas razones es el fuerte contraste -como dijimos anteriormente- con Fobos, el otro satélite natural de Marte. Fobos tiene unos 22 kilómetros de diámetro -en el sentido laxo, ya que tiene una forma irregular- y su superficie está completamente marcada por los cráteres, sistemas de surcos y otras formas geológicas. Deimos, a pesar de haber sido también bombardeado por los impactos, tiene una superficie realmente suave, si me permiten el símil, como si estuviese cubierta por un fino velo de seda.

De hecho, su relieve parece haber sido suavizado por una capa de regolito, una mezcla de polvo y fragmentos de roca que se acumula en las superficies de los cuerpos planetarios. Así, si miramos cualquiera de sus imágenes, podremos observar cómo parece que muchos de sus cráteres dan el aspecto de haber sido parcialmente enterrados, como si algún proceso hubiese querido taparlos sin dejar rastro.

Hay otro aspecto del satélite que también es muy llamativo: la existencia de una enorme depresión cercana al polo sur y de 10 kilómetros de diámetro. Teniendo en cuenta que el diámetro del satélite es de 12 kilómetros, podremos entender mejor la magnitud de esta depresión.

Durante años, los investigadores han propuesto varias formas de explicar por qué la superficie de Deimos parece estar cubierta por tal cantidad de regolito. Estos materiales podrían haber llegado a partir de impactos ocurridos sobre Fobos o Marte, por ejemplo. Incluso podrían ser los restos de un antiguo satélite que habría sido destruido o haberse acumulado lentamente a causa de los impactos continuados sobre su superficie durante miles de millones de años. Pero ninguna de estas explicaciones tiene la capacidad de reproducir la magnitud de este polvoriento velo que cubre su superficie.

Es aquí donde este nuevo estudio aporta una idea más sencilla: la gigantesca depresión de su polo sur y la suavidad de la superficie de Deimos podrían tener una misma causa. Para ello, los investigadores intentaron reconstruir la forma del satélite antes de que existiese esta depresión presente en el polo sur y se pusieron a simular una serie de impactos sobre la superficie.

Deimos
Imagen de la superficie de Deimos tomada por la Viking Orbiter 2 desde una distancia de tan solo 40 kilómetros. Se aprecia una superficie muy suave a excepción de cráteres que podrían ser más recientes, formados después del gran evento de rejuvenecimiento que comentamos en el artículo. Cortesía de NASA/JPL.

Cuando hablamos de simulaciones nos referimos a complejos modelos numéricos capaces de mostrar cómo un material poroso y granular -a distintas escalas- responde a una colisión a gran velocidad teniendo en cuenta todos sus efectos: fricción, cohesión, gravedad, generación de calor y la brutal compactación del espacio entre los poros que ocurre durante un impacto.

En las simulaciones probaron el impacto de asteroides entre 300 y 260 metros de diámetro, llegando desde direcciones distintas y golpeando al satélite en distintos puntos. Asumieron una velocidad de 8,2 kilómetros por segundo, o lo que es lo mismo, 30.000 kilómetros por hora. Cada simulación dejaba al satélite evolucionar durante ocho horas, tiempo suficiente para que el cráter se desarrollase y el material expulsado escapase de Deimos o cayese de nuevo sobre su superficie. Entre todas ellas, hubo una que destacó sobre las demás.

La que más encajaba con lo que vemos hoy era la que tenía como protagonista el impacto de un cuerpo de unos 320 metros de diámetro golpeando de manera oblicua -con unos 45º con respecto a su superficie- y ligeramente desviado del centro de la depresión del polo sur. La superficie resultante del modelo difería tan solo unos metros de la topografía que observamos hoy día.

Ojo, esto no quiere decir que lo que ocurrió fuera exactamente así, sino que es una de las posibles explicaciones, ya que los modelos numéricos dependen de una serie de condiciones y propiedades que no se pueden medir directamente, al menos todavía. En este caso, la estructura interna y resistencia mecánica del interior de Deimos.

Los autores han denominado a este evento como una colisión “subcatastrófica”, un término que habla por sí solo. El impacto fue de una gran magnitud con respecto a Deimos, pero no lo suficientemente grande como para destruir por completo el satélite.

Con unos proyectiles -asteroides- más grandes el resultado de las simulaciones era la destrucción de Deimos al completo. En el escenario más ajustado a las observaciones, el satélite sobrevive con un importante rejuvenecimiento de su superficie, pero todavía reconocible. Quizás la parte más interesante de esta historia empieza después de la formación del gran cráter nacido tras el impacto.

En un satélite pequeño la eyecta -el material expulsado por la colisión- no se comporta de la misma manera que lo haría en la Tierra. En Deimos, la gravedad es muy débil, de tal manera que el material que sale despedido puede viajar distancias enormes en comparación con el tamaño del propio cuerpo. De hecho, en las simulaciones parte del material escapa del campo gravitatorio del satélite, mientras otra parte sigue una lenta trayectoria balística antes de volver a caer sobre la superficie, como un cañonazo a cámara lenta.

En las simulaciones más ajustadas a la realidad, aproximadamente un uno por ciento de la masa del satélite escapaba al espacio, mientras que entre un diez y un veinte por ciento se redistribuyó por la superficie. En tan solo unas pocas horas, toda esta eyecta habría caído de nuevo sobre la luna, formando una capa de materiales sueltos de varios metros de espesor, llegando a medir hasta 200 metros en algunas zonas.

Deimos
En esta imagen de Deimos podemos observar la enorme depresión que hay cerca de su polo sur, a la izquierda de la imagen. Fue tomada por la Viking Orbiter 2 desde una distancia de 1400 kilómetros al satélite. Imagen cortesía de NASA/JPL.

En términos sencillos, este impacto provocó un lifting casi completo a Deimos, explicando por qué algunos de sus cráteres son tan poco profundos. Los investigadores midieron 14 de los cráteres de mayor diámetro del satélite, y casi todos parecen estar más rellenos que otros cráteres recientes formados en otros cuerpos del Sistema Solar.

De estas medidas se deduce que los cráteres más antiguos podrían estar cubiertos con entre 100 y 150 metros de material procedente de este impacto, y existir una capa global de regolito de unos 120 metros de media. Esta estimación cuadra perfectamente con el resultado de las simulaciones.

También existen algunas pistas visuales: las imágenes de Deimos tomadas por las distintas misiones espaciales muestran materiales de tonos claros alrededor de la depresión del hemisferio sur y algunas líneas formándose ladera abajo desde los bordes de los cráteres y zonas elevadas, donde los modelos predicen una gran redistribución de los materiales superficiales, ya que el material más “fresco” -en el sentido de menos alterado, no de más frío- y menos expuesto al rigor del espacio difiere en color de los materiales que han estado expuestos a estas condiciones.

Hay un detalle más: como mencionábamos al principio, este impacto nos permite conocer un poco mejor el interior de Deimos. Una colisión capaz de producir una depresión de diez kilómetros tendría la energía suficiente como para mandar ondas de choque a través de todo el satélite. Si Deimos fuese un cuerpo relativamente sólido y similar al material que forma nuestra Luna, estos impactos habrían borrado o alterado en gran medida los relieves existentes, pero, a pesar de esto, algunos sobrevivieron.

Las imágenes obtenidas en el sobrevuelo de la misión Hera en marzo del pasado año revelaron, entre otras cosas, una depresión de unos tres kilómetros en la cara oculta de Deimos, lo que permitió a los científicos repetir las simulaciones probando diferentes materiales.

Los resultados fueron fascinantes. Cuando modelaban Deimos con un material resistente y poco compresible, las ondas de choque viajaban de manera muy eficiente a través del interior del satélite y borraban el cráter preexistente. Pero si el interior, en cambio, era poroso y fácil de comprimir, los espacios vacíos funcionaban como un parachoques. La energía iba siendo consumida para ir cerrando los poros y reordenar el material interno, por lo que las ondas que llegaban hasta el otro hemisferio eran mucho más débiles y este detalle permitió a esta pequeña y antigua depresión sobrevivir al impacto.

Imagen de Deimos -en primer plano- y Marte de fondo. Fue tomada por la misión Hera el 12 de marzo de 2025. En el momento de tomar la imagen, la sonda se encontraba a 1000 kilómetros de distancia del satélite. Destaca mucho el color de Deimos, mucho más oscuro que el de Marte. Imagen cortesía de ESA.

Esto nos quiere decir que Deimos podría ser extraordinariamente buena a la hora de absorber los impactos, ya que la mayor parte de su interior está vacío. Las estimaciones que se han podido calcular a partir de su masa y volumen implican una porosidad que va del 40 al 50 por ciento de su volumen.

Así que en vez de imaginarnos un enorme pedrusco en órbita alrededor de Marte -y permítanme el uso de ese término coloquial para referirme a una roca maciza- tenemos que imaginarnos un saco de rocas viajando juntos por el espacio, y donde la tela del saco es la gravedad que mantiene a todos esos fragmentos juntos.

Si hacemos una retrospectiva, esta descripción es similar a la que usamos para asteroides como Bennu, Ryugu, Dimorfos, entre muchos otros. Ojo, esto no quiere decir que Deimos sea un asteroide capturado, y ya hemos discutido alguna vez los posibles orígenes de los dos satélites de Marte en esta sección, pero sí quiere decir una cosa: los pequeños cuerpos planetarios podrían evolucionar hacia estados físicos similares. Un satélite creado a partir de los restos de un impacto gigante en Marte, por ejemplo, podría ir evolucionando a ser un cuerpo cada vez más fracturado, fragmentado y poroso hasta que se parezca a un asteroide de tipo “rubble pile”.

¿Cuándo podremos saber más sobre los satélites marcianos? Si todo va bien, en octubre de este mismo año debería despegar la misión MMX (Martian Moons eXploration), una sonda de la agencia espacial nipona (JAXA) que intentará traer muestras de Fobos a la Tierra y, además, realizará varios sobrevuelos de Deimos en los que podremos observar mejor su topografía y ver si la depresión del hemisferio sur encaja con un impacto gigante, así como ayudarnos a estudiar con más detalle sus cráteres y ver si su suavidad se ajusta a lo que esperamos que ocurra con una gran capa de regolito sobre ellos.

Todo esto es solo una prueba de que incluso los cuerpos más pequeños de nuestro Sistema Solar pueden tener una historia que, lejos de ser aburrida, nos demuestra que tienen todavía mucho que contarnos.

Referencias:

Raducan, S. D., Agrusa, H. F., Asphaug, E., Ernst, C. M., Jutzi, M., Michel, P., Popescu, M., & Sugita, S. (2026). Deimos’s shape and geology explained by a subcatastrophic impact Nature Astronomy doi: 10.1038/s41550-026-02956-w

 

Sobre el autor: Nahúm Méndez Chazarra es geólogo planetario y divulgador científico.

El artículo Deimos, un mundo muy suave se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Durante cien años hemos buscado la acompañante de Betelgeuse… ahora tenemos foto

13 September 2026 at 10:59
A la izquierda, la supergigante roja Betelgeuse captada por ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), a la derecha su posición dentro de la constelación de Orión.

Betelgeuse es el gigante rojo de nuestro cielo nocturno. Es una de las diez estrellas más brillantes y, en una noche clara, podremos localizarla sin demasiados problemas como un punto anaranjado sobre el hombro del cazador Orión. Su tamaño según las estimaciones más recientes (basadas en modelos de su pulsación) es simplemente descomunal, tan grande que es difícil de explicar o visualizar… Si colocásemos Betelgeuse en el centro de nuestro Sistema Solar, su diámetro engulliría todos los planetas desde Mercurio hasta Marte, rozando casi Júpiter. Su clasificación científica es M1-2, una  supergigante roja que vemos claramente a simple vista, no tanto por la temperatura de su superficie (es mucho más fría que el Sol) sino gracias a su cercanía (tan solo 548 años luz de la Tierra) y, sobre todo, por su inmenso tamaño.

Es precisamente su brillo lo que ha mantenido fascinados y entretenidos durante algo más de un siglo a todos los astrónomos y astrofísicos que la han estudiado. Su luz oscila de manera abrupta y en ocasiones, como en 2019, sufre oscurecimientos drásticos. Estas marcadas variaciones en su brillo han dividido a los científicos en dos grandes grupos con teorías compatibles entre sí aunque muy diferentes.

Variaciones en el brillo de Betelgeuse captadas por el VLT en 2019. Imagen: ESO’s Very Large Telescope (VLT-ESO)

¿A qué se deben estos cambios tan notables en Betelgeuse? Algunos recuerdan que el recorrido de una gigante tan masiva es fugaz y que la estrella se aproxima rápidamente hacia el final de su vida, momento en el que cual explotará como supernova… un evento que promete ser espectacular ya que se debería verse fácilmente desde la Tierra, incluso a plena luz del día. Por otro lado, y sin descartar su evidente evolución hacia supernova, hay astrofísicos que añadieron una opción extra a la primera teoría: Quizá la gigante roja tenga una compañera invisible que altera periódicamente el brillo que nos llega de la estrella. Esto explicaría no solo las oscilaciones en su brillo sino también algunas variaciones en sus movimientos que aún no podemos explicar.

No obstante, incluso en nuestros días y con nuestra tecnología, estudiar una estrella tan enorme y luminosa como Betelgeuse es muy complicado, su tamaño y su brillo oculta todo a su alrededor, casi como intentar mirar lo que hay tras una potente linterna mientras te ciega los ojos. Pero para estas laboriosas tareas hemos desarrollado telescopios cada vez más potentes, como el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral en el desierto de Atacama en Chile (VLT-ESO) que, hace tan solo unos días nos ha dado una sorpresa solucionando este misterio centenario de la manera más tajante posible: con una fotografía.

Imagen de Betelgeuse B, la acompañante hasta ahora invisible de Betelgeuse, captada por el VLT-ESO. Fuente: M. Montargès, A. Boccaletti, O. Flasseur et al. (2026) Astronomy & Astrophysics CC BY 4.0

Un equipo dirigido por el astrónomo francés Miguel Montargès, utilizando el instrumento SPHERE del VLT, acaba de publicar en el journal Astronomy & Astrophysics, la imagen más clara hasta el momento de lo que se cree que es Betelgeuse B, una pequeña estrella que orbita la famosa supergigante roja. La emoción de Montargès queda clara en sus declaraciones a Science Daily: «Cuando terminé de procesar la imagen, di un salto en la silla. Es la conclusión de una búsqueda que ha durado un siglo».

Durante miles de años el ser humano ha mirado a Betelgeuse con asombro e imaginación, en los últimos siglos la hemos estudiado a fondo con las tecnologías disponibles en cada época, pero no importa lo mucho que creamos saber del Cosmos, incluso en una constelación tan popular y conocida como Orión, hoy hemos logrado desvelar una compañera estelar, oculta durante tanto tiempo, que resulta ser hasta tres veces más masiva y brillante que el Sol.

Pero también es un logro tecnológico. Es curioso cómo un instrumento como SPHERE y las técnicas de procesamiento de imagen que se desarrollaron originalmente para encontrar exoplanetas, pueden ser tremendamente útiles aplicadas a otros objetos, incluyendo estrellas tan cegadoras como la supergigante Betelgeuse.

Por supuesto aún queda un largo camino por recorrer. «Para estar seguros de que esa compañera está realmente allí, todavía tenemos que observarla dentro de un año (cuando esté al otro lado de la estrella), pero hoy sabemos que queda muy poco espacio para la duda». Pero ni siquiera entonces habrá terminado la búsqueda… en ciencia cuando cierras una puerta se abren otras tantas y es aquí cuándo comenzarán nuevas preguntas. Por lo que sabemos de otros sistemas binarios, las estrellas dobles suelen tener masas parecidas. Cuando estos soles surgen de una gran nube original, van creciendo, van adquiriendo material y tienden a igualar sus masas, pero la diferencia entre la supergigante Betelgeuse y su pequeña acompañante es desconcertante… ¿Cómo se formó esa pequeña compañera? ¿Cómo conviven dos astros tan desiguales en un mismo sistema? ¿Cuántas supergigantes ocultan sistemas binarios tras su resplandor? Como suele pasar con frecuencia quizá hayamos resuelto un misterio solo para descubrir que había otros tantos detrás de él.

 

Referencias científicas y más información:

Montargès, A. Boccaletti, O. Flasseur et al.  (2026) VLT/SPHERE images of the candidate companion of Betelgeuse Astronomy & Astrophysics (2026) DOI: 10.1051/0004-6361/202661023

European Southern Observatory (ESO) (2026) «I jumped from my chair” – Astronomers spot Betelgeuse’s hidden companion» Science Daily

 

 

Sobre el autor: Javier Peláez (@Irreductible), es escritor y comunicador científico. Autor de «500 Años de Frío» (2019), «Planeta Océano» (2022) y «En busca del último continente» (2026). También es guionista en el programa de TVE «Órbita Laika», creador del Podcast Irreductible, ganador de tres premios Bitácoras, un premio Prisma a la mejor web de divulgación científica por Naukas.com y un Premio Ondas al mejor programa de radio digital por Catástrofe Ultravioleta.

 

El artículo Durante cien años hemos buscado la acompañante de Betelgeuse… ahora tenemos foto se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Sergi Romeu, entomólogo: “Los insectos son el menú principal de la mayoría de animales”

12 September 2026 at 10:59

Los insectos son los pequeños grandes protagonistas de esta edición de Bilbo Zientzia Plaza (BZP). Una exposición, una conferencia-coloquio y dos talleres acercarán al público su fascinante mundo. Además, el último día del festival, Sergi Romeu, criador de insectos y educador especializado en invertebrados, ofrecerá un taller en el que se podrá conocer de cerca e incluso tocar algunos de estos pequeños animales.

 

En esta entrevista rompe prejuicios sobre los insectos, destaca su papel fundamental en el equilibrio de los ecosistemas y adelanta algunos detalles sobre qué podrán descubrir quienes participen en la actividad del próximo 4 de octubre.

insectos
El entomólogo, Sergi Romeu, con una mariposa durante uno de sus talleres. © Sergi Romeu.

 

Para empezar, ¿cómo nació su pasión por los insectos y otros bichos?

 

Mi afición nació cuando era niño. Mi abuelo era ornitólogo, criaba pájaros e insectos, y gracias a él empecé a interesarme por estos animales. Desde entonces no he dejado de criarlos hasta convertir esta pasión en mi profesión. Aunque soy ingeniero técnico agrícola, desde hace años me dedico a impartir charlas, talleres y clases sobre invertebrados en colegios, institutos, museos, zoos y acuarios a través de mi proyecto educativo Fasmids. Siempre voy acompañado de animales vivos porque creo que la mejor manera de conocerlos es tenerlos delante y observarlos de cerca.

 

En sus talleres habla sobre invertebrados, artrópodos e insectos. Sin embargo, muchas veces se utilizan estos términos como si fueran sinónimos. ¿En qué se diferencian?

 

Los animales invertebrados constituyen la gran mayoría de animales del planeta, alrededor del 97%, y se dividen en seis grandes grupos. Uno de ellos, el más diverso y abundante, es el de los artrópodos. Estos animales se caracterizan por tener patas articuladas y un exoesqueleto que los protege y los hace más resistentes. Dentro de los artrópodos se encuentran los insectos (abejas, mariposas), junto con los arácnidos (arañas, escorpiones), los crustáceos (cangrejos, gambas) y los miriápodos (ciempiés, milpiés). Los insectos se distinguen por tener seis patas, mientras que los arácnidos tienen ocho, la mayoría de crustáceos diez y los miriápodos más de catorce.

 

¿Qué especies suelen acompañarle en sus talleres?

 

En mis talleres llevo representantes de los cuatro grandes grupos e intento mostrar la mayor variedad posible de artrópodos. También llevo un caracol que es un invertebrado, pero no un artrópodo, sino un molusco, para que el público pueda comparar un artrópodo con un animal que no lo es y así entender mejor sus diferencias. Entre los animales que nunca faltan están los cangrejos, los milpiés, una tarántula -que suele ser la estrella de la función- y un escorpión. Por otro lado, a los insectos les dedico la mayor parte del tiempo dado que son, con diferencia, el grupo más importante.

 

Algunos insectos como los escarabajos o las cucarachas y arácnidos como las arañas o escorpiones despiertan miedo, rechazo o indiferencia. En general, ¿por qué cree que nos cuesta tanto apreciarlos?

 

Más allá de que algunas especies piquen o muerdan, creo que el rechazo que generan muchos insectos y otros artrópodos se debe, en gran parte, a la cantidad de patas que tienen. En mis talleres trato de que la gente pierda ese miedo, porque tengo claro que para poder cuidar y respetar a estos animales primero hay que conocerlos. Por eso los acerco al público y animo a quienes participan a que los toquen y los sientan: algunos tienen pequeñas uñas, otros, ventosas; algunos son más suaves y ligeros, otros son más ásperos y pesan más… Cuando comprueban que pueden tenerlos en su mano sin que ocurra nada, muchos superan esos miedos y prejuicios.

 

Más allá de las picaduras y otras molestias que puedan generar, ¿por qué son los insectos tan importantes para la vida en La Tierra?

 

Los insectos son fundamentales porque sostienen la biodiversidad que genera el equilibrio de los ecosistemas. Constituyen la base de la cadena trófica y son el menú principal de la mayoría de los animales. De hecho, la mayoría de los animales, de una forma o de otra, se alimentan de insectos. Si desaparecieran, muchas especies de aves, reptiles, anfibios y mamíferos también lo harían.

Además de servir de alimento, también desempeñan otras dos funciones esenciales: la polinización y la degradación de la materia orgánica. Sin la polinización muchas plantas no podrían reproducirse, con lo cual no darían ni fruto ni semilla y nos quedaríamos sin planeta. Asimismo, insectos como larvas y escarabajos -junto con seres microscópicos como hongos y bacterias- son los responsables de comerse los restos de hojas, hojarasca y madera que quedan en descomposición en los suelos, y de transformarlos en nutrientes, convirtiéndolos en el mejor sustrato posible para las plantas.

 

En los últimos años se habla cada vez más del declive de las poblaciones de insectos. ¿Qué está ocurriendo y qué podemos hacer para contribuir a su conservación?

 

Los insectos están en declive porque, en general, nos resultan molestos y cada vez transformamos más sus hábitats. El uso excesivo de insecticidas, la contaminación, la urbanización y algunas prácticas forestales reducen los espacios y los recursos que necesitan para vivir. Si queremos conservar sus poblaciones, debemos proteger sus hábitats y favorecer entornos donde puedan alimentarse, reproducirse y desempeñar su papel en los ecosistemas. El asfalto y el cemento no son los lugares idóneos para que vivan los insectos.

 

Después de tantos años estudiando estos animales, ¿hay alguno que siga maravillándole, ya sea por su comportamiento, capacidad de adaptación o por alguna otra característica?

 

Siempre me han fascinado los fásmidos, como los bichos palo o los insectos hoja, por su extraordinaria capacidad de camuflaje y la gran variedad de formas y colores que adoptan. Pero todos los insectos tienen algo que los hace especiales: la fuerza de los escarabajos hércules, la belleza del vuelo de las mariposas, el comportamiento de la mantis religiosa o la organización de los insectos sociales como las hormigas y las abejas. Son animales de los que todavía podemos aprender mucho.

 

insectos
Los fásmidos son conocidos por su asombrosa capacidad de adaptación. © Museo de Ciencias Universidad de Navarra.

 

 

El último día de Bilbo Zientzia Plaza ofrecerá un taller para conocer y tocar a varios de estos animales de cerca. ¿Con qué se encontrará el público que participe? ¿Puede adelantarnos algo de lo que van a ver?

 

Quienes participen podrán conocer de cerca una gran variedad de artrópodos: arañas y tarántulas, escorpiones, milpiés, cangrejos e insectos de distintas especies, tamaños y colores como mariposas, escarabajos o bichos palo. Aprovecharé para explicar las diferencias entre los principales grupos de invertebrados, especialmente entre los artrópodos. Además, podrán tocar algunos de estos animales como una tarántula, que suele ser la estrella del taller. Mi objetivo es que pierdan el miedo, despierten su curiosidad y descubran lo fascinante que puede ser el mundo de los insectos.

 

¿Qué lecciones cree que todavía podemos aprender de estos animales y con qué idea le gustaría que se quedara el público?

 

Me gustaría que el público perdiera el miedo a los insectos y empezara a mirarlos con curiosidad y respeto. Son animales extraordinarios que llevan millones de años adaptándose al planeta y desempeñan un papel esencial en los ecosistemas. Cuanto más los conocemos, mejor comprendemos su importancia y más motivos tenemos para protegerlos. Estoy convencido de que todavía nos queda mucho por aprender sobre ellos, en especial, de la organización de los insectos sociales y de su extraordinaria capacidad de adaptación.

 

 

Sobre la autora

María Larumbe es periodista y responsable de comunicación en la Cátedra de Cultura Científica de la EHU.

 

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Si quieres seguir descubriendo el mundo de los insectos…

 

 

 

 

 

El artículo Sergi Romeu, entomólogo: “Los insectos son el menú principal de la mayoría de animales” se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

El decágono en las nubes de Saturno

11 September 2026 at 10:59
Mapa polar del hemisferio sur de Saturno obtenida en la longitude de onda de 763 nm el 29 agosto 2025 con el Telescopio Espacial Hubble. Imagen: NASA, ESA, A. Sánchez-Lavega / EHU

Un equipo de la EHU descubre una estructura en forma de decágono en las nubes de Saturno. La investigación liderada por el catedrático Agustín Sánchez-Lavega se ha apoyado en las imágenes obtenidas por el telescopio Hubble y una amplia red de astrónomos aficionados y permitirá avanzar en el conocimiento de los fenómenos atmosféricos en los planetas gaseosos.

Cuando las naves espaciales Voyager 1 y Voyager 2 sobrevolaron en los años 1980 y 1981 el planeta Saturno, entre sus muchos descubrimientos, destacó la presencia en sus nubes superiores de una formación con geometría hexagonal rodeando al polo norte del planeta. Dicha estructura, conocida como el hexágono de Saturno, ha sobrevivido hasta nuestros días, a lo largo de más de un año de ese planeta (que equivale a unos 30 años terrestres). Nunca se había observado nada semejante en ningún planeta del Sistema Solar y su naturaleza sigue siendo un desafío para los meteorólogos planetarios.

El hexágono de Saturno visto desde el polo norte. Fuente: NASA

Curiosamente, a pesar de la simetría en la distribución de los vientos y en la dinámica atmosférica en Saturno, durante todos los años transcurridos desde entonces, no se había observado una estructura semejante en el hemisferio sur, lo que desconcertaba a la comunidad investigadora. Pero en el año 2023, a medida que el hemisferio sur del planeta se iba haciendo más visible, las imágenes tomadas con el Telescopio Espacial Hubble (HST) mostraban no un hexágono sino una estructura decagonal (un polígono de diez lados) alrededor de la región polar sur del planeta. Las imágenes obtenidas posteriormente con el HST en los años 2024 y 2025, así como las obtenidas con telescopios en Tierra, confirmaron su existencia. Las imágenes muestran que algunos vértices del decágono están menos contrastados que otros, lo que sugiere que se trata de un fenómeno en desarrollo, quizás por ahora menos estable que el hexágono.

«Estamos realmente sorprendidos por este descubrimiento, totalmente inesperado, y que abre las puertas a una investigación detallada en los próximos años de esta peculiar estructura atmosférica y a su comparación con el hexágono», declara Agustín Sánchez-Lavega, profesor emérito de la EHU en la Escuela de Ingeniería de Bilbao, quien lidera el estudio que se publica en la revista de alto impacto Science Advances.

Localización del decágono, indicada por la flecha negra. Imagen: NASA, ESA, A. Sánchez-Lavega / EHU

Para poder seguir la evolución del decágono con regularidad, la investigación se ha apoyado en las imágenes obtenidas por una amplia red de astrónomos aficionados que con sus telescopios han sido capaces, a lo largo del año 2025, de observar los vértices del decágono, lo que ha permitido estudiar con precisión su movimiento. Al igual que el hexágono, el decágono se encuentra inmerso en una corriente en chorro cuya velocidad máxima es de unos 400 kilómetros por hora, si bien el propio decágono se mueve como un todo, lentamente con respecto a la rotación del planeta, a unos 10 kilómetros por hora. Simultáneamente, sus vértices avanzan realizando un movimiento oscilante, con un período de unos 32 días, algo no observado en el hexágono.

En paralelo, gracias a observaciones en el infrarrojo realizadas con el telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral (ESO), realizadas por un equipo angloamericano, se ha podido estudiar la estructura térmica en la región del decágono y obtener medidas de los vientos que muestran cambios en su velocidad con la altura. Simultáneamente, las imágenes del HST obtenidas en diferentes rangos espectrales muestran una estratificación vertical en las nubes y nieblas superiores que conforman el decágono.

La naturaleza del fenómeno desafía los modelos atmosféricos. «No sabemos si tanto el hexágono como el decágono son estructuras enraizadas en profundidad en la atmósfera del planeta, bajo las capas de nubes superiores, o bien se trata de formaciones meteorológicas superficiales, que afectan solo a dichas nubes», explica Sánchez-Lavega. Para explorar estas ideas, en colaboración con investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), se han llevado a cabo simulaciones numéricas sobre un modelo simplificado de atmósfera que muestran, preliminarmente, que una onda con geometría decagonal puede generarse de diferentes formas y sobrevivir un tiempo sobre la corriente en chorro sobre la que se asienta.

La investigación abre muchas preguntas básicas sobre los fenómenos atmosféricos en los planetas gaseosos. ¿Por qué solo Saturno forma este tipo de ondas poligonales? ¿Guarda el fenómeno alguna relación con la disposición poligonal de cinco y ocho lados de los ciclones que rodean a los polos de Júpiter? Nuevas observaciones del fenómeno a lo largo de los próximos años, en los que la visibilidad del hemisferio sur del planeta se irá incrementando, ayudarán a su caracterización y a la realización de modelos avanzados que permitan resolver este curioso rompecabezas atmosférico.

Referencia:

Agustín Sánchez-Lavega, Amy A. Simon, Michael H. Wong, Leigh N. Fletcher, Arrate Antuñano, Ricardo Hueso, Peio Iñurrigarro, Aida Flix-Bellmunt, Arnau Miró, Enrique García-Melendo, Trevor Barry, Jean-Paul Oger, Glenn S. Orton, Itziar Garate-Lopez (2026) A decagon wave around Saturn’s south pole Science Advances doi: 10.1126/sciadv.aee4251

Edición realizada por César Tomé López a partir de materiales suministrados por UPV/EHU Komunikazioa

El artículo El decágono en las nubes de Saturno se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

El Grito que surgió de un volcán

10 September 2026 at 10:59

La noche del pasado viernes 4 de septiembre entró en erupción el volcán indonesio Anak Krakatau, permitiendo que, de nuevo, la Geología copase los medios de comunicación y las redes sociales. Así que, aprovechando el momento y de manera similar a la curiosidad que os conté hace un par de semanas sobre la erupción del Tambora, hoy voy a centrarme en relataros las consecuencias más llamativas de una de las erupciones más importantes que sufrió el “padre volcánico” del Anak Krakatau, el Krakatoa.

Contorno de las islas presentes en el estrecho de Sonda (Indonesia) antes (A) y después (B) de la erupción del Krakatoa de 1883. A) Imagen de ChrisDHDR y B) imagen de Sémhur, ambas de Wikimedia Commons

El 27 de agosto de 1883, en una pequeña isla volcánica situada en el estrecho de Sonda, entre las islas de Java y Sumatra, tres volcanes que atravesaban la isla casi de norte a sur entraron en erupción. Se produjeron cuatro explosiones tremendas, convirtiéndose una de ellas en el sonido más fuerte jamás registrado por la historia de la humanidad, generando unas ondas expansivas que dieron la vuelta al mundo. Además, se expulsaron hacia la atmósfera toneladas de ceniza, fragmentos de rocas y gases de azufre en una enorme columna ardiente que, al colapsar, atravesó la isla a gran velocidad, destruyendo todo lo que pilló por delante. Hasta que alcanzó el mar, donde la descarga de ese enorme volumen de material volcánico generó un tsunami gigantesco, con olas de más de 40m de altura, que arrasó los pueblos costeros de las islas cercanas, incluidas Java y Sumatra.

 

Días después, cuando el caos cesó, se pudieron evaluar sus consecuencias. Dos tercios de la isla original desaparecieron y se contabilizaron más de 40.000 personas muertas entre todas las islas de alrededor, debido tanto al flujo ardiente de materiales volcánicos como al tsunami posterior. Pero el principal efecto de esta erupción, tal y como sucedió con el Tambora, se encontraba en la atmósfera. Todas esas cenizas y gases de azufre formaron una especie de escudo que impidió la entrada de los rayos del Sol, provocando un descenso de aproximadamente 1ºC en la temperatura promedio en todo el Hemisferio Norte el año siguiente a la erupción. Bajada térmica que duró entre 2 y 5 años, afectando a las cosechas de toda Europa y América del Norte.

Litografía de la erupción del Krakatoa realizada en 1888. Imagen de la litográfica Parker & Coward / Wikimedia Commons

Pero las más afectadas por esta erupción fueron las islas de Java, Sumatra y todos los pequeños islotes desperdigados entre ambas. Gran parte de sus litorales quedaron arrasados por el tsunami, sus terrenos se cubrieron de ceniza y el cambio en las condiciones climáticas acabó con su precaria agricultura. A las muertes directas provocadas por el volcán, se sumaron las generadas por el hambre y las enfermedades en los meses siguientes.

 

Por aquel entonces, esta zona formaba parte del territorio colonial de los Países Bajos bajo la denominación de las Indias Orientales Neerlandesas. Pero, ante la catástrofe volcánica, los colonizadores no respondieron con la ayuda necesaria y solicitada por la población, sino que mantuvieron sus exigencias económicas. Esta respuesta neerlandesa provocó un descontento generalizado entre la población que culminó con numerosos disturbios tanto en Java como en Sumatra, como la Revuelta Campesina de Banten. Así que, aunque Indonesia no consiguió su independencia completa hasta después de la Segunda Guerra Mundial, la erupción del Krakatoa fue la mecha que encendió la liberación del dominio colonial en toda esta zona que forma el límite entre los océanos Índico y Pacífico.

 

Sin embargo, la cobertura atmosférica de gases y cenizas volcánicas expulsadas por el Krakatoa no sólo produjo el descenso generalizado de las temperaturas, también nos trajo el alarido más famoso del arte pictórico. En 1892, casi una década después de la erupción, un joven que paseaba por la ciudad noruega de Oslo se quedó mirando perplejo el atardecer ante un espectáculo visual que le impresionó tanto como para dejar constancia en su diario personal con las siguientes palabras: “De repente el cielo se tiñó de rojo. Había sangre y lenguas de fuego sobre el azul y negro del fiordo y la ciudad. Mis amigos se fueron y me quede solo, temblando de ansiedad. Sentí un gran e interminable grito atravesando la naturaleza”. Ese joven era Edvuard Munch, y justo un año después de dejar por escrito ese texto, presentó uno de sus cuadros más famosos, El Grito.

El Grito (1893). Oleo temple y pastel sobre cartón.  de Edvuard Munch. Fuente: National Gallery de Oslo / Wikimedia Commons

Ese cielo rojizo y anaranjado que caracteriza la obra de Munch se debe al efecto óptico provocado por los aerosoles que aún persistían en la atmósfera mundial. En concreto, los cielos contaminados por cenizas volcánicas dispersan más la luz solar, generando atardeceres más rojizos de lo habitual. De manera idéntica a lo que podemos apreciar cuando se acumula mucho polvo procedente del desierto o demasiada contaminación antrópica en la atmósfera.

 

Si de la erupción del volcán Tambora en 1815 nació un monstruo, de la erupción de 1883 del Krakatoa surgieron una revolución anticolonial y un desgarrador grito que aún nos sigue conmocionando cada vez que lo vemos. Vamos, que un par de erupciones en Indonesia transformaron la literatura gótica inglesa, cambiaron la concepción artística en la pintura noruega y desestabilizaron los cimientos coloniales del poderoso imperio neerlandés. ¡Menudo efecto mariposa geológico!

 

Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU

El artículo El Grito que surgió de un volcán se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Algunas galletas tienen mucha ciencia…

9 September 2026 at 10:59

A mediados del mes de septiembre se defienden algunos de los trabajos fin de máster de nuestro alumnado. Formo parte del tribunal de uno de estos trabajos que trata sobre cohomología y sus aplicaciones. El autor del trabajo incluye una aplicación “gastronómica” en la que utiliza la teoría clásica que ha expuesto en los capítulos previos para refutar una conjetura del matemático y físico Vicente Bosca sobre los llamados “∞-Oreos”.

 

galletas
Diferentes tamaños de galletas Oreo. Fuente: Wikimedia Commons.

 

Me picaba la curiosidad y, a través del artículo de Bosca, he encontrado bastantes curiosidades sobre las diferentes variaciones de estas famosas galletas, las Oreo, que vamos a llamar sencillamente O.

 

Las galletas O originales

 

Las galletas O, las más vendidas del mundo, se pueden adquirir en más de cien países. Fueron elaboradas por primera vez el 6 de marzo de 1912 en la fábrica de la empresa Nabisco de Nueva York. Se lanzaron en ese momento dos sabores, las originales y una con sabor a limón, que dejó de fabricarse en 1920.

 

Cada pieza original contiene un 29 % de crema de vainilla y un 71 % de galleta (en dos piezas) de chocolate. Por motivos publicitarios, de vez en cuando, se lanza una nueva propuesta con una crema diferente, aunque suelen desaparecer del mercado en poco tiempo.

 

Las ‘Thin’, las ‘Double’, las ‘Mega’, las ‘Most’… y la física de la crema

 

En cierto momento se lanzaron las galletas O, “Double Stuf” con, supuestamente, el doble de relleno y después las “Mega Stuf” con el triple de crema que la original. Y, supongo que en un intento de motivar al alumnado, en 2013, un profesor de matemáticas de escuela secundaria puso como tarea a su alumnado comprobar si lo que se prometía sobre la cantidad de crema de relleno era cierta. El profesor compró paquetes de galletas de los tres tipos, y pesando las unas y las otras (incluso pesando las obleas por separado, eliminando la crema, para comprobar sus mediciones), comprobaron que las doble sólo tenían 1,86 veces más crema que las O originales y las triples 2,68 veces… ¡indignante! ¡Hasta la CNN se hizo eco!

 

Los portavoces de la empresa de galletas, sin querer menospreciar las habilidades matemáticas del alumnado, aseguraron que las cantidades eran las prometidas en la publicidad. Es cierto que algunas otras personas hicieron sus propios experimentos y dieron la razón a la empresa.

 

Parece que no solo se les ocurren estas cosas a las personas que se dedican a las matemáticas. James Lamers, fotógrafo y mochilero, también hizo sus propios cálculos en 2020, incluyendo en su caso las “Thin” y las “Most Stuf”, con la mitad y el cuádruple de crema que las galletas originales.

 

Lamers, con un método muy científico, midió el grosor de lada galleta y las pesó (completas y en partes, separando las obleas de la crema… labor que no siempre es fácil si se busca precisión). Además, como deportista también estudió las cualidades nutritivas de cada tipo de galleta.

 

Y descubrió que las “Thins” (de 7 mm de grosor, con dos obleas de 2 mm) tienen mayor proporción de crema que las originales (12 mm de grosor, con obleas de 4 mm). Descubrió que las “Double Stuf” tenía el doble de crema, en contra de otros experimentos realizados, como el nombrado arriba. Aunque se disculpaba aludiendo a sus métodos de medición poco precisos que podían “engañarle”. Con las “Mega Stuf” se quedó sorprendido porque tienen el mismo grosor que las “Double” (14 mm)… pero había más crema porque ésta cubría una mayor superficie, pero tan solo contenía 2,5 veces más cantidad que las originales. Y las “Most Stuf” contenían 3,5 veces la cantidad de crema de las originales en vez de las 4 anunciadas… Lamers afirmaba que ya eran suficientemente empalagosas de esta manera y confesaba su preferencia por las originales.

 

Por si las matemáticas no fueran suficientes, hay personas (serias) en revistas (científicas serias) que también estudian la crema de las galletas O. El resumen de este artículo sobre “oreología” así lo explica:

 

Usando un reómetro de laboratorio, medimos la mecánica de fallas de la “crema” del oreo epónimo y sondeamos la influencia de la tasa de rotación, la cantidad de crema y el sabor en la curva de tensión-deformación y la distribución de crema post mortem. Los resultados típicamente muestran fallos adhesivos, en los que casi toda (95 %) crema permanece en una oblea después del fallo, y lo atribuimos al proceso de producción, ya que confirmamos que el lado pesado de la crema está orientado uniformemente dentro de la mayoría de las cajas de Oreos. Sin embargo, las galletas en cajas almacenadas en condiciones potencialmente adversas (mayor temperatura y humedad) muestran un fallo cohesivo que resulta en la división de la crema entre las mitades de la oblea después del fallo. La mecánica de fracaso clasifica aún más la textura de la crema como “pastosilla”. Finalmente, introducimos y validamos el diseño de un oreómetro impreso tridimensionalmente de código abierto impulsado por bandas elásticas y monedas para fomentar estudios en el hogar de mayor precisión para contribuir con nuevos descubrimientos a este incipiente campo de estudio.

 

Había pensado que podía ser una broma del 1 de abril… pero parece que no.

 

Las ∞-Oreos

 

Vuelvo al origen de mi inmersión en el fascinante mundo de las galletas. Esto ya es más complicado. Bosca habla en este artículo aún no publicado sobre productos alimenticios que contienen versiones de sí mismos. Y como no, volvemos a las galletas O, para estudiar las “Loaded”, galletas “Mega Stuf” cuyo relleno contiene migas de la oblea de chocolate. El propio autor explica que se pueden ver como el resultado de mezclar una “Mega Stuf Oreo” en un “Mega Stuf”. Y se trata de iterar este proceso para producir una secuencia de galletas cada vez más “autorreferenciales”. Y después, Bosca toma el límite para obtener la ∞-Oreo. Y claro, se trata de estudiar cómo queda el relleno. El autor demuestra que el relleno de la ∞-Oreo contiene aproximadamente 95,8 % de crema y 4,2 % de oblea.

 

Todo este estudio (en el que aparecen más alimentos) se hace usando definiciones y teoremas matemáticos. No puedo explicar en este medio la conjetura a la que me he referido al principio, pero tiene que ver con conceptos de topología algebraica. ¡Lo que dan de sí estas galletas!

 

 

Y para terminar…

 

Las galletas O son conocidas por sus extraños sabores y tamaños promocionales que aparecen en los titulares y luego desaparecen, porque son eso, promocionales. Hace unos días vi una nueva vuelta de tuerca, la pollo Oreo Original Recipe, una hamburguesa de pollo cubierta con puré de patatas y espolvoreada con migas de galletas O… que se sirve en un pan de hamburguesa de chocolate con sabor a O negro. ¡Están disponibles por tiempo limitado… en China!

 

Referencias

 

 

Sobre la autora: Marta Macho Stadler es profesora de Topología en el Departamento de Matemáticas de la UPV/EHU, y editora de Mujeres con Ciencia

El artículo Algunas galletas tienen mucha ciencia… se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Un plástico que señala dónde ha recibido un golpe

8 September 2026 at 10:59

 

Muchos materiales han podido sufrir una deformación considerable sin que a simple vista podamos saber qué ha ocurrido en su interior. Así, un plástico puede estirarse, doblarse o recibir una carga repetida y conservar aparentemente el mismo aspecto mientras, a escala molecular, las fuerzas han recorrido su estructura, modificándola y, con ello, alterado sus propiedades. Una de las aspiraciones de la llamada mecanoquímica es hacer visible ese proceso: conseguir que un material responda a una fuerza con una señal que podamos observar. Un equipo de investigadores ha encontrado una forma de conseguirlo que, aunque la aplicación práctica concreta de este caso se nos antoje remota, es muy ingeniosa y muestra como pueden relacionarse tres escalas de observación distintas en un solo fenómeno. Veámoslo, centrándonos en el cómo, no en el qué.

Mecanocromismo

Una de las vías más estudiadas para visualizar el estrés mecánico recibido consiste en introducir en las cadenas del polímero unas moléculas especialmente diseñadas, llamadas mecanóforos, capaces de experimentar una transformación química cuando reciben suficiente fuerza. Cuando esa transformación produce un cambio de color o de emisión luminosa hablamos de mecanocromismo. La idea no es nueva: los mecanóforos llevan años utilizándose como herramientas para relacionar lo que sucede a escala molecular con la deformación de un material.

El problema es que introducir uno de estos «sensores moleculares» en un polímero no suele ser sencillo. En muchos casos hay que diseñar y sintetizar las cadenas poliméricas teniendo en cuenta desde el principio dónde debe quedar situado el mecanóforo. Eso limita la posibilidad de aprovechar directamente materiales que ya se fabrican y utilizan a escala industrial. El trabajo de Kuniaki Ishizuki y colaboradores plantea una alternativa: en lugar de modificar químicamente el polímero que queremos convertir en sensor, añadirle otro polímero que lleve incorporado el mecanóforo. Puede parecer trivial, pero no lo es en absoluto.

La clave está en la estructura

Para entender por qué funciona hay que mirar primero la arquitectura del material elegido. Los investigadores utilizaron SBS, un copolímero en bloque de estireno y butadieno. En un copolímero en bloque, distintos segmentos de la cadena están formados por diferentes unidades químicas agrupadas, de ahí el originalísimo nombre, en bloques; esta arquitectura permite combinar propiedades que serían difíciles de obtener con un solo polímero

El SBS tiene una característica clave: sus dos componentes no se mezclan completamente a escala microscópica. Se organizan en pequeños dominios. Unos están constituidos por poliestireno y son relativamente rígidos; otros corresponden al polibutadieno y son mucho más flexibles. Es lo que se denomina separación de microfases. Esta organización no es un defecto del material, sino precisamente una de las razones por las que los copolímeros de este tipo pueden comportarse como elastómeros termoplásticos: combinan la flexibilidad de una fase blanda con la consistencia de las regiones rígidas.

Iguales tienden a juntarse

mecanocromismo
Fuente: K. Ishizuki et al. (2026)  Advanced Materials doi: 10.1002/adma.74610

Los investigadores aprovecharon esta característica. para ello, prepararon un poliestireno que contiene, aproximadamente en el centro de cada cadena, una molécula llamada tetraarilsuccinonitrilo, abreviada TASN. Esa molécula es el mecanóforo propiamente dicho. El nuevo polímero, denominado PS-TASN-PS, se mezcló físicamente con SBS. Como el material añadido es químicamente poliestireno, tiende a incorporarse a los dominios de poliestireno del SBS. De este modo, el mecanóforo acaba situado en la misma región del material en la que a recibir la fuerza.

No hace falta construir de nuevo toda la cadena del plástico para introducir el mecanocromismo. Se puede aprovechar la organización interna que ya posee el material y añadir un segundo polímero que «sepa» dónde colocarse.

Cuando el SBS se estira poco, la deformación se produce principalmente en las regiones blandas de polibutadieno. El mecanóforo situado en los dominios rígidos de poliestireno apenas recibe suficiente fuerza para reaccionar. Pero, al aumentar la deformación y superar el punto de fluencia del material, la situación cambia. Los experimentos muestran que la señal mecanoquímica aumenta claramente a partir de ese momento: una parte cada vez mayor de la fuerza aplicada llega a los dominios rígidos y se transmite a las cadenas que contienen TASN.

Entonces ocurre algo extraordinario para un material que, a simple vista, sigue siendo simplemente plástico. El enlace central del TASN puede romperse por efecto de la fuerza, generando dos especies químicas llamadas radicales de diariacetonitrilo (DAAN). Estas especies son fluorescentes. Por eso, después de estirar las películas, los investigadores observaron una emisión amarillo-verdosa cuando las iluminaron con luz ultravioleta de 365 nanómetros. Además de observar la fluorescencia, confirmaron mediante espectroscopia de resonancia paramagnética electrónica que se habían formado realmente esos radicales.

No tiremos cohetes

Ojo, esto no significa que el plástico vaya a brillar ante cualquier pequeño arañazo o que permita identificar automáticamente una grieta antes de que aparezca. En los experimentos, la respuesta fue pequeña antes del punto de fluencia y aumentó con deformaciones grandes. De hecho, para caracterizar de forma reproducible la fluorescencia los autores llegaron a estirar las muestras hasta un 1000 % (mil por ciento, has leído bien) de deformación, aunque siempre por debajo de su rotura. Por tanto, el resultado debe entenderse como una demostración de que es posible hacer visible la transferencia de fuerza dentro de estos materiales.

Pero no es un detector comercial de daños listo para utilizar. El comportamiento no es como el de una bombilla que se enciende y se queda encendida. Tras retirar la carga, la fluorescencia disminuye rápidamente y prácticamente desaparece al cabo de un día. Los radicales generados por la ruptura del TASN permanecen suficientemente próximos dentro de los dominios de poliestireno para volver a combinarse. Si el material se vuelve a estirar después de haber descansado, la fluorescencia reaparece. En uno de los experimentos, además, las curvas mecánicas de los dos ciclos fueron prácticamente iguales. El material, por tanto, conserva su comportamiento mecánico mientras su señal luminosa puede regenerarse.

Fijémonos, tres escalas

El verdadero interés para este químico de este resultado está menos en el destello amarillo-verdoso que en la estrategia que lo hace posible. La investigación demuestra que la microestructura de un polímero puede utilizarse como una herramienta para llevar una fuerza macroscópica hasta una reacción química localizada. Es una forma particularmente elegante de conectar tres escalas: la deformación que podemos aplicar con las manos, la organización microscópica de las distintas partes del plástico y, finalmente, la ruptura de un enlace químico individual.

Convertir esta demostración en una tecnología capaz de diagnosticar componentes reales requerirá todavía estudiar cuestiones como la sensibilidad, la geometría de las piezas, la fatiga y las condiciones de servicio. Pero el principio queda establecido: en determinados copolímeros, no es necesario rediseñar todo el material para hacerlo sensible a la fuerza. A veces basta con entender muy bien cómo está organizado por dentro y colocar el «chivato» molecular en el lugar adecuado, y, en cualquier caso, disfrutar intelectualmente de que esto sea posible.

Referencia:

K. Ishizuki, A. Kodaka, A. Takahashi, and H. Otsuka (2026) Stress Transfer Within Microphase-Separated Structures: A Post-Synthetic Strategy to Impart Mechanoresponsiveness to Block Copolymer Materials Advanced Materials doi: 10.1002/adma.74610

 

Sobre el autor: César Tomé López es divulgador científico y editor de Mapping Ignorance

El artículo Un plástico que señala dónde ha recibido un golpe se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Un sistema defensivo es legado por las plantas a su descendencia a través del suelo

7 September 2026 at 10:59

Las plantas tienen que enfrentarse continuamente a desafíos de su entorno. Necesitan luz, nutrientes, agua y, no menos importante, defensas contra los herbívoros que se alimentan de ellas. Estas defensas pueden ser directas como, por ejemplo, el desarrollo de espinas o la acumulación de sustancias tóxicas. También pueden ser indirectas, basadas en la atracción de depredadores o parasitoides de los herbívoros que las atacan.

Es especialmente interesante el caso de los parasitoides. Reciben este nombre los animales, frecuentemente insectos himenópteros, que depositan sus huevos en un hospedador. Cuando las larvas emergen, se alimentan de los tejidos de dicho hospedador, que se mantiene vivo por algún tiempo. Finalmente, las voraces larvas causan la muerte de su víctima. Por esta razón, no se consideran auténticos parásitos, y los denominamos parasitoides. Este comportamiento, referido en particular a ciertos icneumónidos, fue mencionado por Charles Darwin en una carta a su amigo Asa Gray en 1860, porque le hacía difícil creer en la existencia de la benevolencia  divina:

 “No puedo persuadirme de que un Dios benévolo y omnipotente hubiera diseñado intencionalmente a los icneumónidos con el expreso propósito de que se alimentaran dentro del cuerpo vivo de las orugas.”

Sabíamos desde hace tiempo que una planta atacada por orugas puede liberar compuestos volátiles que atraigan parasitoides para su defensa. Esto se ha comprobado en numerosas especies de plantas, tanto silvestres como cultivadas[1].

suelo
A la izquierda, la judía Vigna unguiculata utilizada en la investigación. Fuente: Francisco Manuel Blanco, Flora de Filipinas, dominio público.  A la derecha, galería excavada por una larva de la mosca minadora Liriomyza commelinae, muy similar a la citada en este estudio (Liriomyza trifolii). Obsérvese como se ensancha la galería a medida que la larva va creciendo. Fuente: Even Dankowicz, CC BY 4.0.

Un grupo de investigación chino acaba de publicar en Cell Reports un sorprendente artículo acerca de este tema. En un modelo experimental de planta atacada por una larva de mosca, el grupo demostró que este ataque no solo inducía la atracción de parasitoides, sino que además condicionaba el suelo para que futuras generaciones de plantas disfrutaran de la misma protección. La planta en cuestión es una especie de judía (Vigna unguiculata), sus atacantes son las larvas de la mosca minadora (Liriomyza trifolii) (Figura 1) y el aliado parasitoide la avispilla Neochrysocharis formosa, a la que vemos aquí poniendo huevos en su víctima:

El estudio, en primer lugar, constató que las plantas atacadas atraían activamente a los parasitoides, al tiempo que elevaban la producción de una fitohormona clave en la respuesta a la agresión: el ácido jasmónico. Una vez comprobado esto, eliminaron las plantas, y utilizaron la tierra en la que habían crecido plantas atacadas (tierra condicionada) y no atacadas por la plaga (tierra control). Las judías que crecieron en la tierra condicionada atrajeron más parasitoides que las judías control, aunque no estaban siendo atacadas. Es decir, las plantas de la siguiente generación ya estaban preparadas preventivamente para un ataque de las moscas minadoras.

A partir de esta observación, se realizó una serie de experimentos para conocer el mecanismo de esta defensa heredada. Se comprobó que el fenómeno era dependiente de la producción de ácido jasmónico. También se observó que en las raíces de las plantas atacadas aumentaba la producción de unos compuestos llamados flavonoides, muy importantes para las plantas.

Por otro lado, si la tierra condicionada era esterilizada, las nuevas plantas perdían la capacidad de atracción de parasitoides, lo que indicaba un papel de las comunidades microbianas de la rizosfera (la parte del suelo inmediata a las raíces vivas). En definitiva, la conclusión del estudio fue la siguiente: la planta atacada por la mosca minadora produce ácido jasmónico y emite compuestos volátiles que atraen a parasitoides. Al mismo tiempo, sus raíces segregan flavonoides, lo que modifica la composición de la microbiota local. La comunidad microbiana modificada actúa sobre la nueva generación de plantas induciendo la producción de ácido jasmónico y la emisión de los compuestos volátiles atractivos para los parasitoides[2] (Figura 2).

suelo
Resumen gráfico del artículo comentado en el texto. Las plantas atacadas por la plaga condicionan el suelo liberando flavonoides por sus raíces. Esto modifica la comunidad microbiana local de forma que, al crecer nuevas plantas en ese suelo, estas responden con procesos mediados por la fitohormona ácido jasmónico (JA). Así se estimula la liberación de moléculas volátiles que atraen parasitoides, aunque la planta no haya sido todavía atacada. Fuente: Gao et al. (2026), citado en referencias, con licencia CC-BY 4.0.

Estos resultados son extraordinarios por dos razones: por primera vez se demuestra que las defensas indirectas usadas por las plantas pueden legarse a la siguiente generación a través del suelo. En segundo lugar, la planta involucra para su defensa y la de sus descendientes a organismos de dos reinos diferentes, animales (los parasitoides) y bacterias (las de la rizosfera). Dado que los parasitoides se están utilizando cada vez más en el control biológico de plagas, estos resultados podrían ser de aplicación para la protección de los cultivos.

Notas:

[1] Esta es una razón más para un uso racional de los insecticidas fitosanitarios. Combaten las plagas, pero también pueden afectar a parasitoides beneficiosos y a polinizadores.

[2] Los investigadores pudieron incluso identificar uno de estos compuestos volátiles, el (Z)-3-hexenyl-acetato.

Referencias

Gao, Y., Hong, H., Chen, Q. et al. (2026) Herbivory leaves a soil-borne defensive legacy that recruits parasitoids Cell Reports doi: 10.1016/j.celrep.2026.117869.

 

Sobre el autor: Ramón Muñoz-Chápuli Oriol es Catedrático de Biología Animal (jubilado) de la Universidad de Málaga.na razón más para un uso racional de los insecticidas fitosanitarios. Combaten las plagas, pero también pueden afectar a parasitoides beneficiosos y a polinizadores.

El artículo Un sistema defensivo es legado por las plantas a su descendencia a través del suelo se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Los ojos de un viejo tiburón

6 September 2026 at 10:59

 

Groenlandia
Fotografía del esquivo tiburón de Groenlandia nadando en aguas profundas. Fuente: NOAA Flickr CCommons

 

Durante siglos los pueblos que habitaban (y navegaban) las costas del Atlántico norte hablaban de un enorme tiburón que se movía lentamente, como un espectro pálido y sigiloso, bajo las frías aguas de aquellos mares. Durante mucho tiempo este misterioso animal no solo alimentó las fantasías y leyendas de los pobladores nórdicos sino que también llenó sus estómagos con su carne en antiguas recetas, como el Hákarl, que aún se conservan en nuestros días. Tuvimos que esperar hasta principios del siglo XIX, concretamente a 1801, para que dos naturalistas alemanes Marcus Elieser Bloch y Johann Gottlob Schneider pudieran clasificarlo científicamente, bautizándolo como Squalus microcephalus, aunque estudios posteriores lo reclasificaron dentro del género Somniosus. Su nombre común, el nombre con el que todos lo conocemos es tiburón de Groenlandia o tiburón boreal, un fabuloso tiburón que ronda entre los cinco y siete metros de longitud y que habita en las gélidas profundidades de los mares árticos.

La gran sorpresa llegó en 2016 cuando un equipo de biólogos de la Universidad de Copenhague en Dinamarca, publicó en la revista Science que los tiburones de Groenlandia son los vertebrados más longevos del mundo, con una esperanza de vida que puede superar los 500 años… un hecho fascinante que nos hace volar la imaginación hacia la paradoja temporal de que quizá algunos de los tiburones analizados por los investigadores daneses en su estudio en Science podrían ser los mismos que catalogaron Bloch y Schneider en 1801 y, quién sabe, si alguno llegaría a ser protagonista de esos viejos mitos y leyendas de los pueblos inuits un par de siglos antes…

Groenlandia
Ilustración de Bloch y Schneider del tiburón boreal en 1801, Fuente: Dominio Público

 

Los ojos de este viejo tiburón han sido claves para los dos grandes descubrimientos que vamos a tratar. El primero, la determinación de su longevidad en el estudio de 2016, se realizó mediante «datación por radiocarbono de los núcleos del cristalino de 28 tiburones hembras de Groenlandia (de 81 a 502 cm de longitud total) que reveló una esperanza de vida media de al menos 272 años». El trabajo de los investigadores daneses llegó a conclusiones sorprendentes como que la edad de madurez sexual de la especie llega a aproximadamente a los 160 años y que el ejemplar más grande analizado (más de cinco metros) presentaba dataciones de casi 400 años (con un error de  ± 120 años). Esto convertía al tiburón boreal en un récord Guiness viviente, el vertebrado más longevo conocido, desbancando a otro titán acuático, la ballena boreal que también nada en los mismos mares árticos y que posee una esperanza de vida de unos 200 años.

Sin embargo, todos sabemos que la edad conlleva importantes desventajas y parecía que la extensa longevidad del tiburón de Groenlandia también le acarrea graves deficiencias visuales, que sumadas a la presencia de un parásito corneal que le acompaña habitualmente, hicieron pensar que estos tiburones, especialmente los de edad más avanzada, eran prácticamente ciegos.

Aquí es donde llega el segundo gran hallazgo sobre la especie. Recientemente, un artículo publicado en Nature Communications, ha tirado por tierra esas ideas previas que nos habíamos formado sobre el tiburón de Groenlandia. En este caso, el estudio lo ha realizado una colaboración investigadores de las Universidades de Basilea y California-Irvine y comienza su abstract de esta manera:

«Debido a su extrema esperanza de vida, sus duras condiciones ambientales y su frecuente parasitación en la córnea, anteriormente se pensaba que el tiburón de Groenlandia tenía una visión deteriorada o degenerada. Aquí presentamos evidencia genómica, transcriptómica, histológica y funcional de que el tiburón de Groenlandia conserva un sistema visual intacto y bien adaptado a la vida en condiciones de poca luz. La histología y la expresión de opsina in vitro revelaron adaptaciones visuales típicas de las especies de aguas profundas, incluidos bastones alargados y densamente empaquetados y un cambio de longitud de onda corta en la sensibilidad visual del pigmento de los bastones en comparación con los tiburones de aguas poco profundas. La hibridación in situ confirmó la presencia de tipos de células visuales esenciales: bastones, glía de Müller y células bipolares, amacrinas y ganglionares. Además, a pesar de tener más de un siglo de antigüedad, los especímenes examinados no mostraron signos evidentes de degeneración de la retina».

Groenlandia
Circuito visual intacto y adaptaciones visuales subcelulares en el tiburón de Groenlandia. Fuente: Fogg, Lily G., et al.  (2026) Nature Communications doi: 10.1038/s41467-025-67429-6.

Este nuevo estudio comenzó con una simple idea y una observación mientras miraban unos clips en Youtube, una cuestión que terminó convirtiéndose en una pregunta a responder… la evolución nos ha enseñado que no suele conservar órganos que no son necesarios pero, «después de ver muchos vídeos, notamos que estos animales movían sus globos oculares hacia la luz». Durante los siguientes años, los investigadores estadounidenses iniciaron una colaboración científica con la Estación Ártica de la Universidad de Copenhague en la isla Disko, Groenlandia, para analizar los ojos de diferentes especímenes de tiburón boreal.

«El laboratorio olía como un mercado de pescado», recuerda Emily Tom, una de las autoras del estudio, mientras realizaba los análisis morfológicos, genéticos, histológicos y específicos de tejido ocular de tiburón. Tras cuatro años de investigaciones (2020 a 2024) los investigadores «no encontraron evidencia de muerte celular en la retina» lo que sugiere que «la notable esperanza de vida del tiburón de Groenlandia no viene necesariamente acompañada del grave deterioro de la retina que podría esperarse en un animal tan viejo».

Las conclusiones más interesantes del artículo apuntan a que los tiburones de Groenlandia poseen «un mecanismo de reparación del ADN que les permite preservar su vista durante siglos sin mostrar signos de degeneración de la retina. Además, sus sistemas visuales también parecen especialmente adaptados a los niveles de luz extremadamente bajos de su hábitat ártico».

Resulta difícil no pensar en el ser humano al leer este nuevo estudio. El envejecimiento conlleva una inexorable y progresiva caída en nuestras capacidades visuales pero, si un vertebrado tan longevo como el tiburón de Groenlandia es capaz de mantener su sistema visual en tan buen estado durante siglos, quizás entender cómo lo hace podría ofrecernos pistas sobre mecanismos de protección aplicables a enfermedades humanas relacionadas con el paso de los años como las cataratas, la presbicia o la degeneración macular asociada a la edad. Por supuesto, este estudio es una primera aproximación, no tiene una aplicación clínica directa todavía, pero es el tipo de ciencia básica comparativa que bien podría alimentar futuras líneas de investigación sobre envejecimiento y enfermedades oculares para nosotros.

 

Referencias científicas y más información:

Fogg, Lily G., et al.  (2026) The Visual System of the Longest-Living Vertebrate, the Greenland Shark Nature Communications doi: 10.1038/s41467-025-67429-6.

Cynthia Rebolledo (2026) Eye-opening research University California Irvine News

University of California – Irvine (2026) This shark can live 400 years. Its eyes barely seem to age Science Daily (2026)

Sobre el autor: Javier Peláez (@Irreductible), es escritor y comunicador científico. Autor de «500 Años de Frío» (2019), «Planeta Océano» (2022) y «En busca del último continente» (2026). También es guionista en el programa de TVE «Órbita Laika», creador del Podcast Irreductible, ganador de tres premios Bitácoras, un premio Prisma a la mejor web de divulgación científica por Naukas.com y un Premio Ondas al mejor programa de radio digital por Catástrofe Ultravioleta.

El artículo Los ojos de un viejo tiburón se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Revisando la ciencia del botijo

5 September 2026 at 10:59

botijo

En 2014 Joaquín Sevilla dio una charla sobre el mecanismo del botijo en la que demostraba que no era tan simple como se suele asumir. En 2025 Sevilla escribe un estupendo epílogo.

Joaquín Sevilla Moroder es catedrático de la Universidad Pública de Navarra en el departamento de Ingeniería Eléctrica, Electrónica y de Comunicación. Divulgador científico, también es Director de la Cátedra de Cultura Científica Laboral Kutxa – UPNA .

 

Edición realizada por César Tomé López

El artículo Revisando la ciencia del botijo se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

¿Una vacuna contra el melanoma?

4 September 2026 at 10:59

“Una vacuna contra el melanoma supera con éxito un ensayo clínico en fase III”

Enunciado así, el avance que hicieron público las compañías Merck y Moderna el pasado agosto suena revolucionario. Podríamos pensar en una vacuna que nos protegerá del cáncer como otras nos evitan contraer enfermedades infecciosas, pero no funciona así. Veamos en qué consiste exactamente y cuál es el alcance del nuevo ensayo.

Una vacuna que no previene, sino que trata

Intismeran autogene (así se llama la nueva tecnología que se ha puesto a prueba) no se administra a personas sanas para reducir su riesgo de melanoma, sino que se trata de una vacuna terapéutica.

En el ensayo del que se han hecho eco los medios –y que disparó la cotización en bolsa de Merck y Moderna– participaron 1 137 personas con melanoma cutáneo de alto riesgo. Es decir, tenían una probabilidad elevada de que la enfermedad reapareciera o se extendiera a otras partes del cuerpo. A todas ellas se les había extirpado el tumor por completo mediante cirugía. Esto puede sonar extraño: si el tumor ya no está, ¿qué queda por tratar?

Una cirugía exitosa no garantiza que no queden células tumorales sueltas. Pueden ser demasiado escasas para detectarlas, pero capaces de causar una recaída con el tiempo. Por eso existen los tratamientos adyuvantes: se administran después del tratamiento principal —en este caso, la cirugía— para reducir ese riesgo.

melanoma
La capacidad de las celulas tumorales de desplazarse y diseminarse depende de estructuras como los podosomas, mostradas en esta imagen de células de melanoma en amarillo. Los podosomas son ricos en unas proteínas filamentosas llamadas actinas. También visibles son los núcleos celulares (azul), moléculas de actina libre (rojo) y reguladores de la actina (verde). Fuente: Julio C. Valencia / National Cancer Institute / Dominio Público / Wikimedia Commons

Así que en este ensayo la pregunta no era “¿podemos evitar el melanoma?”, sino “¿podemos ayudar al sistema inmunitario de alguien que ya lo ha tenido a eliminar las células que puedan haber quedado?”.

¿Por qué la llamamos vacuna?

Lo que define a una vacuna no es que se administre antes de enfermar, sino su estrategia. Se trata de enseñar al sistema inmunitario a reconocer y atacar algo concreto. En las vacunas frente a virus, ese “algo” son piezas del virus, mientras que aquí son piezas de las propias células tumorales.

La tecnología Intismeran autogene tiene una particularidad: cada vacuna se fabrica específicamente para cada paciente a partir de su propio tumor. Primero se analizan las mutaciones de sus células tumorales, y después se identifican las que podrían activar mejor al sistema inmunitario contra ellas. Son los llamados neoantígenos, que la vacuna lleva codificados en forma de ARN mensajero (ARNm).

Por tanto, no se trata exactamente de “una vacuna contra el melanoma”; es más bien una vacuna contra las características moleculares del melanoma de cada paciente. No obstante, enseñarle al sistema inmunitario qué debe reconocer es solo una parte del problema.

Encontrar a Wally… y poder actuar

Podemos imaginarlo como un enorme Buscando a Wally. El sistema inmunitario tiene que reconocer células tumorales entre millones de células sanas.

Sin embargo, los tumores pueden aprovechar mecanismos naturales que frenan la respuesta inmunitaria. Por eso, incluso un linfocito capaz de reconocer una célula tumoral puede tener dificultades para actuar contra ella.

Aquí entra en escena el medicamento llamado pembrolizumab, un tipo de inmunoterapia que ya se utiliza en melanoma y que bloquea uno de esos frenos. La pregunta entonces parece evidente: si combinamos la vacuna, que facilita el reconocimiento, con una inmunoterapia que libera la respuesta inmune, ¿obtendremos mejores resultados?

Para comprobarlo, los participantes del ensayo se dividieron en dos grupos: unos recibieron inmunoterapia más la vacuna personalizada y a los otros se les administró únicamente inmunoterapia.

¿Ha funcionado?

El estudio analizó principalmente cuánto tiempo permanecían los pacientes sin que el melanoma reapareciera. Es lo que se denomina “supervivencia libre de recurrencia”. Adicionalmente, los investigadores analizaron cuánto tiempo permanecían sin desarrollar metástasis a distancia; es decir, sin que el melanoma apareciera en lugares alejados del tumor original.

Y aquí llega la noticia: según Merck y Moderna, añadir la vacuna a pembrolizumab mejoró significativamente ambos resultados frente a utilizar solo pembrolizumab. Las compañías califican además esas diferencias como clínicamente relevantes.

Hasta aquí, suena muy bien. El siguiente interrogante es: ¿cuánto mejor? Aquí hay un matiz importante. Las empresas farmacéuticas han anunciado que el ensayo ha alcanzado esos objetivos, pero todavía no han publicado los resultados completos de la fase III. Es decir, sabemos que los pacientes tratados con la combinación permanecieron más tiempo sin recurrencia y sin metástasis a distancia, pero no cuánto más.

Merck y Moderna presentarán esos datos en un próximo congreso médico internacional. Además, el ensayo continúa para estudiar otros resultados, entre ellos la supervivencia global.

Entonces, ¿de dónde salen los porcentajes de 49 % y 59 % de éxito que se han difundido en algunas noticias? Las cifras son reales, pero no pertenecen al nuevo ensayo. Proceden de uno Fase IIb, anterior y mucho más pequeño, con 157 pacientes. En él ya se había hecho la misma comparación con resultados prometedores.

Así, tras cinco años de seguimiento, añadir la vacuna se asoció con una reducción del 49 % en el riesgo de recurrencia o muerte y con una disminución de un 59 % en las probabilidades de metástasis a distancia o muerte. A continuación había que comprobar si aquella señal se mantenía en un ensayo mucho más grande, que es del que estamos hablando ahora.

Aunque sabemos que también ha dado un resultado positivo, la incógnita es cuánto beneficio ha supuesto realmente añadir la vacuna. Para despejarla tendremos que esperar a que se presenten los datos completos.

¿Estamos ante un hito en las vacunas contra el cáncer?

La idea de utilizar vacunas para tratar el cáncer no es nueva, ni tampoco lo es fabricar vacunas personalizadas contra las mutaciones de cada tumor. De hecho, este tipo de vacunas de ARN ya se probaba en pacientes de melanoma hace casi una década.

Lo que cambia ahora es la escala: por primera vez, una vacuna personalizada de ARN mensajero dirigida contra los neoantígenos de cada paciente ha alcanzado resultados positivos en un ensayo de fase III con más de mil participantes.

Si los datos completos confirman un beneficio clínicamente relevante, sería un paso importante para este tipo de tratamientos. No porque hayamos descubierto que podemos enseñar al sistema inmunitario a reconocer un tumor, sino porque una estrategia que llevaba años mostrando resultados prometedores en estudios más pequeños habría probado que puede funcionar también en un gran ensayo clínico.The Conversation

Sobre la autora: Cristina Penas Lago, Investigadora Postdoctoral en el Cancer and Traslational Medicine Group, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU)

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Artículo original.

El artículo ¿Una vacuna contra el melanoma? se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

Los neutrinos procedentes de las profundidades de la Tierra proporcionan una nueva imagen del manto

11 August 2026 at 10:59

Una constelación mundial de detectores de neutrinos está ofreciendo una visión inédita de los elementos radiactivos que alimentan el motor térmico de la tectónica terrestre.

Un artículo de James Dinneen. Historia original reimpresa con permiso de Quanta Magazine, una publicación editorialmente independiente respaldada por la Fundación Simons.

Se espera que el experimento JUNO, ubicado en las afueras de la ciudad de Guangzhou en China, reporte sus primeras detecciones de geoneutrinos este año. Fuente: JUNO Collaboration

 

En un laboratorio a 2 kilómetros bajo tierra, una grúa baja a Matt Depatie, tecnólogo de detectores, a través de una escotilla hasta una caverna de paredes blancas llena de unas 7.000 toneladas de agua ultrapura que brilla con un azul tan intenso como el del líquido limpiaparabrisas bajo la luz. «Splashdown», dice Depatie por radio al pisar una balsa inflable que lo espera abajo.

 

Normalmente, la caverna es uno de los lugares más oscuros de la Tierra, pero hoy está iluminada para realizar tareas de mantenimiento, lo que ofrece una rara oportunidad de ver su interior. Miro a través de la escotilla a Depatie mientras rema hasta el experimento sumergido para examinarlo. Está inspeccionando un detector del tamaño de una casa construido para captar algunas de las partículas más esquivas que conoce la física: los neutrinos.

 

Este es el experimento de neutrinos SNO+, enterrado en las profundidades de la mina Creighton, en Snolab, un laboratorio de física subterráneo en Sudbury, Canadá. SNO+ consiste en una esfera de acrílico revestida con casi 10.000 detectores sensibles a la luz y llena de 780 toneladas de líquido centelleador oleoso, que emite destellos cuando lo atraviesan partículas energéticas. El agua que rodea el dispositivo y la roca que lo cubre protegen el detector del resplandor de la radiación cósmica, permitiendo que se hagan visibles los destellos de interacciones menos frecuentes entre partículas.

 

Todo el descenso ha formado parte de la cruzada por mantener una oscuridad absoluta, incluso más allá del espectro visible de la luz. Al bajar por el pozo principal y caminar por un túnel rocoso hasta el laboratorio, nuestros cuerpos y nuestra ropa recogieron pequeñas cantidades de polvo radiactivo de radón. Antes de entrar en el espacio principal del laboratorio, nos quitamos la ropa de mina, nos duchamos y nos pusimos monos azul eléctrico y redes para el pelo para minimizar la contaminación que llevábamos con nosotros. «Las duchas no son para vosotros», dice Depatie mientras nos cambiamos, «son para la ciencia».

 

Matt Depatie (izquierda) ayuda a mantener el detector SNO+, que reutiliza componentes del experimento SNO que se llevó a cabo entre 1999 y 2006. Foto: James Dinneen

 

Estos extremos son necesarios cuando se trata de atrapar fantasmas, en este caso, fantasmas que pueden ayudar a revelar los secretos de regiones inaccesibles en las profundidades de la Tierra.

 

Un planeta radiactivo

 

Los neutrinos son las partículas dotadas de masa más abundantes. Pero esa masa es minúscula: apenas una millonésima de la masa de un electrón. Con tan poca masa y sin carga electromagnética, estas partículas apenas interaccionan con la materia. Billones de neutrinos, en su mayoría producidos en el Sol, atraviesan nuestros cuerpos cada segundo; sin embargo, tras años de buscarlos con detectores como SNO+, los investigadores solo han capturado unos pocos cientos de miles de sus preciosos destellos.

 

Aún más esquivos, tanto que, tras décadas de búsqueda, los científicos solo han detectado unos pocos cientos, son los geoneutrinos.

 

Los geoneutrinos se producen en procesos que calientan el interior del planeta. Este calor desempeña un papel importante en el movimiento de las rocas del manto, que da forma a todo, desde la tectónica de placas hasta el campo magnético terrestre. Procede de dos fuentes principales: el calor residual de la formación del planeta y el calor producido por la desintegración del uranio, el torio y el potasio en las rocas del manto y la corteza. Sin esta segunda fuente, la Tierra se habría enfriado hace mucho y se habría convertido en un planeta tectónicamente muerto.

 

El experimento SNO+ se ubica a gran profundidad bajo tierra, protegido de los rayos cósmicos bajo dos kilómetros de roca. Cortesía de Leo Duquette/SNOLAB

 

Al contar geoneutrinos, los físicos pueden obtener una medida directa de los elementos de la Tierra que producen calor. «Es lo único que hacemos que se centra en la Tierra», afirma Ryan Bayes, astrofísico de partículas de Queen’s University, en Ontario, que trabaja en SNO+. «Todo lo demás se centra más en lo que recibimos de otros lugares del universo».

 

La primera detección de geoneutrinos, realizada por un instrumento en Japón llamado KamLAND, se comunicó en 2005. En 2009, el detector Borexino, en Italia, informó de la detección de varias docenas más. En noviembre de 2025, SNO+ comunicó su primera detección, elevando en unos 50 el número de geoneutrinos observados.

 

Ilustración: Mark Belan/Quanta Magazine

 

Lo que hace especiales las detecciones de SNO+ es la ubicación del experimento: son los primeros geoneutrinos medidos en el hemisferio occidental, lo que ofrece una nueva perspectiva del interior radiactivo de la Tierra.

 

Persisten importantes incertidumbres en la interpretación de los resultados de estos experimentos, pero las mejores estimaciones de los investigadores sugieren que cada emplazamiento mide un flujo diferente. «Podría ser el primer indicio de que el manto no es uniforme», comenta Mark Chen, astrofísico de partículas de Queen’s University y director de la colaboración SNO+.

 

Los geoquímicos han supuesto tradicionalmente que los elementos radiactivos se distribuyen de manera uniforme por el manto, porque la roca en movimiento debería mezclarlo todo. Pero las mediciones de geoneutrinos en distintos lugares podrían indicar que no es así.

 

Las regiones que parecen producir más geoneutrinos se sitúan aproximadamente por encima de masas de material anómalamente caliente y denso del tamaño de un continente, conocidas como grandes provincias de baja velocidad de cizalla (large low-shear-velocity provinces, o LLSVP), que los sismólogos han cartografiado a ambos lados del núcleo. Una se encuentra bajo África y la otra bajo el océano Pacífico. «Puede haber estructuras profundas en el manto que no se entienden», dice Chen. «Podría ser que [ellas] concentren ciertos tipos de elementos».

 

Los neutrinos podrían ofrecer algún día una nueva perspectiva sobre el origen, aún misterioso, de estas estructuras profundas y, de forma más amplia, sobre los patrones del manto que subyacen a muchos aspectos del sistema Tierra. «Realmente sería una forma de elaborar un mapa químico del interior de la Tierra», afirma William McDonough, geoquímico de la Academia China de Ciencias que lleva mucho tiempo siendo una voz destacada en la búsqueda de geoneutrinos.

 

Captación de geoneutrinos

 

La cuestión pendiente es si las mediciones de geoneutrinos revelan diferencias entre las zonas del manto situadas bajo cada experimento, o si el desequilibrio se origina en la forma en que los distintos experimentos cuentan sus geoneutrinos. Los investigadores coinciden en que aún hay tanta incertidumbre que es imposible afirmarlo.

 

«Si lo tomamos al pie de la letra, podríamos decir que quizá el hemisferio occidental tiene mucho más material radiactivo que el oriental», comenta McDonough. Pero hay motivos para desconfiar de estas estimaciones. «¿Tienen razón los italianos? ¿Tienen razón los japoneses? ¿La tienen ambos? ¿O hay algo que no cuadra?», pregunta.

 

El experimento Borexino, ubicado en el Laboratorio Nacional de Gran Sasso (Italia), fue diseñado principalmente para estudiar los neutrinos provenientes del Sol. Foto: Volker Steger/LNGS-INFN

 

Las incertidumbres asociadas a los resultados de cada detector provienen del proceso de clasificación que realizan los físicos para identificar los geoneutrinos, explica Bayes. «No aparecen y dicen: “Hola, soy un geoneutrino”».

 

Los científicos deben eliminar las señales de partículas con demasiada energía, de partículas con un valor incorrecto de una propiedad llamada helicidad y de partículas que esperan detectar procedentes de reactores nucleares. También deben eliminar los geoneutrinos procedentes de la corteza terrestre, cuya mayor contribución procede de la zona situada a unos pocos cientos de kilómetros del detector. Cuando se restan esas otras detecciones del recuento total, debería quedar solo la señal de geoneutrinos procedente del manto.

 

En términos generales, el flujo de geoneutrinos del manto parece ser muy alto en Borexino y muy bajo en KamLAND, aunque las incertidumbres son grandes. Una interpretación geológica detallada de los resultados de SNO+ aún está en preparación, indica Chen, pero hasta ahora los científicos ven un manto «bastante intermedio» bajo Canadá.

 

Un reto particular para los científicos de SNO+ es comprender los neutrinos procedentes del entorno del detector, incluida una cuenca formada hace 1.800 millones de años por un gran cuerpo impactor. «Hay muchas incógnitas en esta zona geológica», explica Virginia Strati, investigadora de la Universidad de Ferrara (Italia) que ayudó a desarrollar un modelo local de radiactividad para Snolab.

 

El detector JUNO, de 20 kilotones, comenzó a operar en agosto de 2025. Además de detectar geoneutrinos, estudia las partículas que emanan de las centrales nucleares de Taishan y Yangjiang. Fuente: JUNO Collaboration

 

La incertidumbre también proviene de las estimaciones de la cantidad total de material radiactivo que calienta el manto. El flujo de geoneutrinos sugiere que estos elementos podrían contribuir desde un pequeño porcentaje del calor del manto hasta la mitad de este, una discrepancia equivalente a la producción de decenas de miles de centrales nucleares.

 

Ambas fuentes de incertidumbre dificultan aún más detectar cualquier diferencia en la composición química de secciones concretas del manto. La diferencia en el flujo de geoneutrinos esperado a partir de distintas distribuciones de elementos radiactivos «es muy pequeña y queda oculta en estas incertidumbres», afirma Strati.

 

Flujos futuros

 

La detección en SNO+ llega en un momento emocionante para la investigación de geoneutrinos: JUNO, otro enorme experimento de neutrinos que está recogiendo datos en China, se espera que comunique su primer flujo de geoneutrinos a finales de este año, añadiendo una cuarta perspectiva, notablemente más rica. Con más de 20.000 toneladas de centelleador, el experimento, enterrado bajo una montaña a las afueras de la ciudad de Guangzhou, es tan grande que se espera que detecte más geoneutrinos en su primer año que la producción combinada de KamLAND, Borexino y SNO+ a lo largo de décadas.

 

Estimaciones más claras del flujo de geoneutrinos en cada experimento podrían provenir de datos geológicos más detallados, así como de nuevos recuentos de geoneutrinos en cada emplazamiento. Sin embargo, McDonough afirma que lo mejor sería construir un detector de neutrinos en el fondo del océano. Es una idea que McDonough ha defendido durante décadas.

 

Tal detector estaría lejos de las rocas continentales, ricas en elementos radiactivos; la corteza oceánica es también más delgada y uniforme. Las incertidumbres relacionadas con la corteza disminuyen tanto que «se está en territorio solo de manto», dice.

 

La idea de un detector en el fondo oceánico, cuyo coste se estima en cientos de millones de dólares, ha tenido poca acogida hasta la fecha por parte de los financiadores gubernamentales. Pero McDonough espera poder lograr algo en China, que ha dado luz verde a otros grandes proyectos de geociencias. «Es muy posible», afirma. Hasta entonces, los físicos seguirán remando en busca de respuestas en las profundidades subterráneas.

 


El artículo original, Neutrinos From Deep Inside Earth Provide a New Picture of the Mantle, se publicó el 7 de agosto de 2026 en Quanta Magazine. Cuaderno de Cultura Científica tiene un acuerdo de distribución en castellano con Quanta Magazine.

Traducido por César Tomé López

El artículo Los neutrinos procedentes de las profundidades de la Tierra proporcionan una nueva imagen del manto se ha escrito en Cuaderno de Cultura Científica.

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